Por Norma Esqueda / Fotos: José Antonio Soriano

Esta entidad es garantía de historia, alegría, naturaleza y el buen sabor de su cocina tradicional.

Esencia de la historia y cultura
En cada viaje espero que la realidad supere mis expectativas. Por fortuna en la mayoría de los casos así ha sido, y en este viaje por el estado de Veracruz, espero que así sea.

Desde temprano agarramos camino hacia la ciudad de Veracruz en un taxi que nos recogió en el hotel en Boca del Río (el costo de ida y vuelta es de $300 pesos, aproximadamente) para llegar a nuestro destino: San Juan de Ulúa, ubicado en lo que antes era una pequeña isla frente al Puerto de Veracruz. Hace algunos años sólo se podía llegar en lancha, pero actualmente existe una carretera hasta el Fuerte.

Esta fortaleza es como un libro abierto, donde cada rincón, muro y húmedas paredes construidas de coral nos van contando una historia o una leyenda. Para conocer detalles de esta imponente construcción, nos recomendaron contratar un guía para no dejar pasar ni un dato sobre este enigmático lugar.

Ante esta recomendación, nos dirigimos, ya en San Juan de Ulúa, con don Andrés Huesca, guía certificado por Sectur (Guías de Veracruz ALM. Tel. (229) 111-3349. Facebook: Guías de Veracruz ALM.), como lo conocen en la ciudad, y quien caracteriza a Chucho “El Roto”, un personaje que cobró mucha importancia en esta fortaleza.

Esta edificación militar protegió al puerto de Veracruz en diferentes sucesos de la historia. Contaba con una torre, murallas, además de un hospital, una iglesia y chozas para los esclavos del siglo XVI. Ahora este monumento histórico es un museo y se encuentra en la zona norte de la antigua ciudad.

Una vez que pagamos el costo de la entrada ($60 pesos), empezó la historia de hace casi 500 años. Al recorrer los pasillos húmedos se puede sentir la presencia de un pasado agitado que se niega a desaparecer y de un presente que atesora la llegada del siguiente suceso.

Con una narrativa que nos envuelve con cada palabra, don Andrés nos explica que este espacio construido hace más de 480 años debe sus innumerables historias a que ha fungido como presidio, casa presidencial, arsenal y museo.

Personajes históricos como Benito Juárez, Porfirio Díaz, Venustiano Carranza, Antonio López de Santa Anna y el popular Chucho “El Roto” son algunas de las figuras que han formado parte de las anécdotas que encierra este espacio.

Existen dos leyendas famosas: precisamente la de Chucho “El Roto”, también conocido como el “Bandido Generoso”, porque robaba a los ricos para ayudar a los pobres. Fue de los pocos que logró escapar de la prisión, pero que volvió a ser arrestado y murió ahí. La segunda leyenda habla sobre “La Mulata de Córdoba”, lo increíble de su historia fue la manera en que desapareció frente a su carcelero: se dice que la mujer había pintado un barco en la pared con un pedazo de carbón, luego se subió a él y desapareció por la esquina dejando completamente vacía su celda.

Otro de los lugares que nos hizo vibrar fue el puente del último suspiro: su tétrico nombre se debe a que conducía a los calabozos de los que no saldrían vivos los prisioneros. Nos paramos sobre él, pensando en la cantidad de personas que lo atravesaron muchos años atrás y las historias que cada muro de coral encierra tras la oscuridad.

Después de este impresionante recorrido, nos dirigimos al Museo de la Ciudad de Veracruz “Coronel Manuel Gutiérrez Zamora” (Av. Ignacio Zaragoza 397, Centro. Tel. (229) 200-2236). El edificio es de estilo neoclásico de finales del siglo XIX. Se construyó con el propósito de albergar un hospicio que no pudo funcionar sino hasta después de las intervenciones inglesa y francesa que lo usaron como hospital. El hospicio se instaló aquí durante 100 años hasta que se inauguró el museo en el 450 aniversario de la fundación de la ciudad. Alberga colecciones de interés histórico, artístico y cultural.

En sus salas de exhibición se muestra el desarrollo histórico de Veracruz, basado en textos, imágenes, documentos y maquetas. Las salas siguen una secuencia cronológica de la historia de la ciudad: inicia en el siglo XVI con los vestigios prehispánicos encontrados en la Isla de Sacrificios hasta el siglo XIX. La sala II registra el periodo del siglo XX. Las temporales y los corredores muestran la obra de artistas y creadores, en tanto que en el patio central se presentan eventos culturales, como conciertos, teatro, presentación de libros, recitales y otros.

Otro recinto importante es el Museo Casa Salvador Díaz Mirón (Av. Ignacio Zaragoza 322, Zona Centro. Tel. (229) 200-2240). En esta casa vivió hasta su muerte en 1928 el periodista, escritor y poeta veracruzano.

Edificada en el siglo XVIII, es una construcción de coral y ladrillo. Su planta baja es un amplio espacio de recepción formado por arcos y techos envigados, donde se exhiben varios documentos, mobiliario y objetos personales del poeta. También se encuentra un amplio espacio utilizado para exposiciones temporales de artes plásticas; una vitrina que resguarda su vajilla de porcelana, información y fotografías, así como algunos poemas que decoran las paredes del inmueble. En la planta alta se hallan seis habitaciones, una Sala de Usos Múltiples, el despacho del poeta y su habitación.

A sólo media cuadra está otro espacio lleno de cultura, la Librería Mar Adentro (Esteban Morales 524 entre Av. Ignacio Zaragoza y Av. Landero y Coss. Tel. (229) 932-0367). Un tesoro literario resguardado por los restos de coral en sus paredes, que nos transportaron al Veracruz más antiguo: una casona con techo alto y ese olor característico de las construcciones de otro siglo; ambiente perfecto para lo que esta librería ofrece.

La construcción nos llevó a otra dimensión, no solo pudimos adquirir un libro, sino también tomarlo y poder leerlo en alguno de sus singulares sillones mientras nos sumergimos en una época diferente, llena de historia que nos atrapó con gran fascinación.

Para acompañar nuestra buena lectura, tiene una pequeña cafetería que privilegia la gastronomía veracruzana con tamales y café, pero también hay otras opciones, como chocolate oaxaqueño o de tabasco, así como pastelitos.

Para seguir con nuestra ruta cultural, caminamos una calle hasta llegar al Instituto Veracruzano de la Cultura (IVER) (Mario Molina 315 entre 5 de Mayo e Independencia, Centro Histórico. Tels. (229) 932-6931). Su objetivo es promover y difundir obras artísticas contemporáneas de creadores locales, nacionales e internacionales y facilitar el acercamiento entre ellos y los diversos públicos.

Decidimos regresar al Centro Histórico, justo en la Plaza de la Constitución, llamada Plaza de Armas y Zócalo. Nos volvimos a encontrar con los guías certificados ALM de Veracruz, en esta ocasión caracterizados con tres personajes: Marce, una pirata de 1680; Lolis, Margarita Maza de Juárez, y Ara, “La Jarocha”.

El recorrido nos transportó a la época de los piratas, a la del temible Lorencillo, quien deseaba saquear las riquezas con las que contaba el puerto de Veracruz de aquel entonces.

En la segunda parte del tour, con pasión y amor por la cultura e historia, doña Margarita Maza de Juárez nos fue describiendo cómo era la ciudad, el personaje de la que fue y sigue siendo partícipe Veracruz.

En la Plaza de la República se pueden ver las construcciones de diseño afrancesado que impulsó Porfirio Díaz: correos, telégrafos y ferrocarriles, de lo que antes fuera la estación del tren; un punto importante para la gente de hace más de 100 años. Un excelente recorrido que nos transportó por el tiempo y nos hizo viajar al Veracruz de antes y nos aterrizó en un renovado y bello malecón.

De regreso a la Plaza de la Constitución, rodeada por bellos edificios y sus famosos portales y su teatro al aire libre, es escenario de diversas actividades culturales, entre ellas su característico baile de danzón a ritmo de marimba que se puede apreciar por las tardes.

Esta es una tradición que no se ha perdido con los años. Un espacio donde hombres y mujeres se encargan de brindar la magia en el baile acompañados de músicos que tocan en vivo. Algunos expertos jarochos dejan sentir el latido de su corazón, ritmo y pasión por este singular baile. Una noche donde las personas se remontan a los pasajes que en las rimas de las canciones dan cuenta de lo que fue su niñez o juventud envueltas en música, danzón y mucha alegría.

Deseábamos terminar la noche observando un recinto de gran belleza e historia: el ex Convento de Santo Domingo de Veracruz (Aquiles Serdán 566, Centro. Tel. (229) 931-0467), que data del siglo XVIII y fue sede de órdenes religiosas como los Franciscanos, Jesuitas, Agustinos, Belemnitas y Dominicos; hoy es sede de una cadena de restaurantes de comida mexicana, Toks.

El proyecto consiste en un restaurante y todas las áreas de servicios distribuidas en dos niveles principales. En planta baja se encuentra el piso de ventas que incluye el acceso y vestíbulo, así como las zonas que ocupan las mesas, sillas, gabinetes y estaciones de servicio. Dentro de la restauración, es posible observar en el baño de mujeres una bóveda con frescos que aún se conservan en perfectas condiciones.

Después de este contraste entre lo antiguo y lo moderno, emprendimos camino hacia El Gran Café del Portal para degustar un tradicional café lechero (Independencia 1187 Esq. Zamora, Centro. Tel. (229) 931-2759). Personajes de la política, intelectuales, religiosos y artistas han acudido a este café, que ya es toda una tradición en el puerto.

A don Pepe se le debe la invención del café lechero, el tintineo de la cucharita, la cuidadosa selección de alimentos, pastelitos y la fórmula secreta del aromático café, así como el prestigio y la fama internacional obtenida a través de los años. Hoy, orgullosamente, una tercera generación cuida esta tradición de su abuelo, dando honor, a quien con su ejemplo, perseverancia, amor y trabajo por Veracruz, construyó una gran empresa.

Con este agradable sabor de boca y con el ambiente de alegría, baile y café que se respira en cada una de sus calles, dejamos el centro de Veracruz para regresar al hotel.

Recorrido con estilo vanguardista
Para desayunar, queríamos un lugar donde pudiéramos degustar el verdadero sabor jarocho, pero sin la ostentosidad de los grandes restaurantes, pues la comida es uno de los principales encantos de Veracruz.

La recomendación fue Antojitos Veracruzanos Lolita (16 de Septiembre 837, Col. Ricardo Flores Magón. Tel. (229) 932-0760. Facebook: antojitos veracruzanos lolita), de decoración modesta, amplia cocina y exquisito menú. Tiene un agradable ambiente, con músicos que amenizan la estancia de los comensales y altos techos para mitigar el calor.

Para la selección de platillos, doña Lolita (propietaria) nos recomendó enchiladas de mole poblano, entomatadas rellenas de pollo y picadillo, gorditas infladas de maíz blanco, negro o de dulce con un poco de queso panela; huevos motuleños o a la veracruzana, picaditas normales o picaditas del Rey de pibil; una verdadera exquisitez.

Después de degustar tan deliciosos platillos, nos dirigimos hacia el malecón, recientemente remodelado: desde la zona del antiguo Acuario, los monumentos al magisterio, de Villa del Mar y Asta Bandera hasta la unión con el municipio de Boca del Río.

Además de darle continuidad y homogeneizar el boulevard, de la avenida Ruiz Cortines hasta el malecón, se observa un piso en tono color claro, banquetas, instalaciones de jardinería renovada y amplia; alumbrado, cámaras de seguridad, esculturas, bancas y bicicletas ancladas… reflejo de dos ciudades que se están modernizando y que con el tiempo se van a unir. Un espacio para que tanto lugareños como turistas salgan a correr, caminar, andar en bicicleta, patines, pasear con las mascotas, convivir con la familia, pescar a orillas del malecón y disfrutar de la vista del mar.

Una vez en Boca del Río, constatamos que además de ser el asiento de la moderna hotelería y centros comerciales, es también un recorrido por la historia gracias a sus antiguos edificios coloniales, en donde se puede vislumbrar el pasado de nuestro país. A su vez, la gastronomía típica se caracteriza por platillos preparados con las delicias del mar, como la minilla, el ceviche, los cocteles, el chilpachole de jaiba y el filete de pescado relleno de mariscos, el cual ostenta el Récord Guinness como el más grande del mundo.

Por la noche, nos dirigimos al Foro Boca (Blvd. Vicente Fox Quesada, Col. Pescadores, Boca del Río. Tel. (229) 280-7705). El nuevo recinto de espectáculos está al inicio de la escollera, justo donde se divide el río del mar. Cuenta con sala de conciertos y espectáculos para 966 espectadores, además de una sala de ensayos que permite la presentación al público de conciertos de cámara, funciones de teatro, cine y danza contemporánea con capacidad para 150 espectadores.

El espacio está preparado con toda la infraestructura para talleres, festivales, ferias de libros y el último piso es una terraza con vista al mar y al río. El foro genera un espacio público en su exterior que permite extender la plaza de acceso por toda la escollera y crear puntos de entretenimiento, o bien, espacios lúdicos que fortalezcan el esparcimiento familiar.

En esta ocasión fuimos muy afortunados, ya que asistimos a la presentación de la Orquesta Sinfónica de Boca del Río a cargo del Director Jorge Mester. Instancia que ha atraído diversas expresiones artísticas con músicos locales y de todo el mundo, y que se ha convertido en el corazón de la vida cultural de la ciudad. Con gran emotividad se ovacionó con aplausos al destacado maestro mexicano.

La parte exterior del recinto cuenta con innovador sistema de proyección y audio (video mapping) que permite proyectar los conciertos del interior sobre algunas fachadas, con la intención de consolidar un espacio social y de encuentro.

Una vez terminado el concierto, caminamos por el renovado malecón, mientras disfrutábamos de la increíble vista, la suave brisa del mar que acariciaba nuestro rostro y apreciamos la convivencia que este tranquilo espacio ofrece a locales y visitantes. No cabe duda que Boca del Río es sinónimo de fiesta, cultura, naturaleza y diversión.

Encanto de la vida marina
Además de historia, cultura, gastronomía, infraestructura hotelera, de turismo, de aventura y diversas actividades acuáticas y deportivas, en Boca del Río se puede disfrutar del ecoturismo.

En nuestro último día en Veracruz fuimos a la Isla de Sacrificios. Desde las hermosas playas de Veracruz se alcanza a apreciar la espectacular isla y su emblemático faro guiando a los barcos hacia el puerto. El acceso a ésta es restringido, a veces se tiene la suerte de poder visitarla durante un momento pero en otras, no es posible, ya es propiedad de la Marina.

Nuestra travesía inició a las 8:00 de la mañana, justo atrás del hotel Punta Azul en Boca del Río, donde nos esperaba Iván Miranda de Monkey Fish (Fracc. Costa de Oro, Boca del Río, Tel. (229) 228-0827. Facebook: Monkey Fish Veracruz). La vista desde la orilla de la playa fue espectacular, algo digno de admirar.

Después de un breve calentamiento a cargo del guía Roberto para relajar y estirar los músculos y evitar sufrir alguna lesión al remar, Iván nos explicó de las medidas de seguridad que debemos seguir antes y durante nuestra travesía en el mar. Por fin nos ajustamos los chalecos salvavidas y cada quien tomó su kayak, individual o doble, según lo habían solicitado.

Con los chalecos salvavidas ajustados y arriba de nuestro kayak, fue momento de tomar el remo y adentrarnos en el mar. La alegría y el entusiasmo se apoderaron de cada uno de mis movimientos, aunque es una actividad fácil y no tan arriesgada, hay que tener cuidado con las olas, nos podemos volcar; aunque vamos asegurados, es mejor tomar precauciones.

La actitud y buena vibra se sentía en cada remada. Algunos compañeros del grupo iban a la punta, otros más atrás, pero siempre unidos y pendientes unos de otros. Nuestra aventura dio un giro de 180 grados, porque entre el brillo del sol que se reflejaba en las tímidas olas del mar, salieron tres hermosos delfines, que iban a la punta guiando nuestra trayectoria. Un espectáculo que duró varios minutos y que nos impulsó a seguir remando. Un avistamiento poco común, de acuerdo con los guías Iván, Pablo y Roberto, quienes surcan estas playas todos los días.

Por cerca de 25 minutos remamos hasta llegar a un punto cercano a la isla, donde nos anclamos para poder realizar esnórquel. Al principio sólo deseaba admirar el paisaje y sentir la refrescante brisa del mar, ya que el sol estaba en todo su apogeo y quemaba sin piedad.

Después de tanto ver a los demás integrantes realizando la actividad, por fin me armé de valor y me lancé del kayak para descubrir lo que el mar resguardaba. Al principio sentí miedo, emoción y muchísima adrenalina, fue increíble. En pocos minutos ya me había acostumbrado a respirar por la boca con el esnórquel, sin tener la sensación de asfixia.

La vida marina en esa zona es espectacular y puedes ver distintos tipos de especies de peces que crean un arcoiris marino, diferentes tipos de corales, en colores blancos, morados, cafés y beige. Hay que ser muy cuidadosos y respetuosos para no dañar los corales con las aletas, remos ni tomar el clásico “recuerdito” del fondo del mar.

Nada se compara con la sensación de paz y relajación que se sentía al estar inmersa en el mar mientras observaba la vida marina que habita en esta zona. Por cerca de hora y media me relajé y olvidé del estrés de la ciudad. Deseaba que los minutos no avanzaran para permanecer más tiempo en este mágico lugar.

Mi perspectiva cambió al ver la grandeza del mundo marino. En automático genera una conciencia de lo maravilloso y frágil que es el sistema de arrecife, porque de nosotros depende su cuidado y supervivencia. Llegó un momento en que tanta paz me causó un poco de temor, porque sólo hay agua, color y vida. Peces pequeños me dieron la bienvenida a su hábitat, donde ellos son lo más importante y uno, solo un visitante más. Un escenario increíble que vale la pena vivir aunque sea una vez.

Después de esta bella apreciación del mundo marino, fue momento de vencer otro gran reto, subirme al kayak sin voltearme. Parece una actividad fácil, pero tiene su grado de dificultad. Por fin lo logré, me costó trabajo, pero no me volteé. Una vez sin el equipo de esnórquel y las aletas, Pablo nos compartió un par de botellas de agua y unas barritas de granola para hidratarnos y recuperar energía.

Una vez terminado con este entremés, Pablo se encargó de recolectar toda la basura para no dejar rastro de nuestra presencia y seguir manteniendo los arrecifes coralinos en perfecto estado y sin la huella del hombre.

Iniciamos el regreso a la playa con mucho entusiasmo. Dejamos atrás la aventura de nadar, esnorquelear y disfrutar de los peces de colores, corales y vida marina que nos ofrece la cercanía a la Isla de Sacrificios. Hice un recuento de todas las bellezas que me encontré, y la que más me impactó, fue la imagen de los delfines guiando nuestro recorrido sobre las tranquilas olas quienes, después de un rato, se perdieron entre la cristalina agua del mar.

Una vez más, mis expectativas fueron superadas en este viaje a Veracruz.

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