• La madre naturaleza eligió a la costa oaxaqueña como uno de sus lugares favoritos en el mundo

Entre hermosas playas, paisajes, amor por la naturaleza y un ambiente cálido, bohemio y cosmopolita, la costa oaxaqueña se perfila como uno de los mejores destinos en México y del mundo.

Huatulco

Entre nueve bahías que guardan un encanto muy especial, Huatulco me recibió con los brazos abiertos para dar inicio a mi aventura en la costa oaxaqueña, una que jamás imaginé me dejaría tantos recuerdos y sonrisas que aún tengo en la cara.

Sus hoteles de lujo, campos de golf de primer mundo y alta oferta gastronómica hacen que cada minuto realmente cuente.

Los bellos escenarios naturales no dejan de desfilar uno detrás de otro; cada paisaje quita el aliento y es digno de la fotografía del recuerdo. Sin duda, la madre naturaleza eligió a Huatulco como uno de sus lugares favoritos en el mundo.

Hay muchas formas de explorar los encantos de estas tierras, pues las actividades de turismo alternativo y ecoturismo son ilimitadas, y todas me permitieron vivir grandes experiencias: caminatas por las montañas, observación de fauna endémica en su gran Parque Nacional, paseos a caballo y hasta conocer parte de su pasado prehispánico en una zona ecoarqueológica. Aunque mi actividad favorita fue disfrutar de las aguas cristalinas que bañan sus playas.

El pueblo de La Crucecita es el corazón de este destino y donde se respiran las tradiciones y raíces de sus habitantes. Sus calles me regalaron hermosas veladas que me hicieron regresar noche con noche.

Puerto Ángel

Este pequeño puerto pesquero me enseñó el verdadero lado trabajador del pueblo oaxaqueño, de la gente que se esfuerza día a día por su familia, por su comunidad y por su tierra. Me enamoré de las historias de vida que me platicaron con mucho orgullo y una gran sonrisa.

Sus playas tranquilas son perfectas para relajarse pero también para practicar buceo y ver la belleza submarina de la zona. Una parada en Puerto Ángel me ayudó a descubrir la otra cara de la costa oaxaqueña.

Zipolite

Este lugar es una de las pocas playas nudistas en México. Al estar ahí, me di cuenta que hay más motivos para visitarla. Su cálida arena dorada me invitó a pasar unos días rodeada de naturaleza, donde la mano del hombre casi no ha hecho de las suyas, lo que permite que se respire un ambiente diferente, cálido, relajado y muy natural. Su encanto hippie es incuestionable. Parece que el tiempo se detuvo en una época en la que el amor y la paz eran los dos únicos elementos que se necesitaban para ser feliz.

Las noches estrelladas reúnen a todos los trotamundos alrededor de fogatas, quienes tienen como fondo musical el sonido de tambores, bongós, guitarras y las olas del mar. Un convite sensacional que permitió darme cuenta que no era la única enamorada de ese lugar.

Mazunte

También de ambiente relajado y bohemio, Mazunte me regaló los atardeceres más bonitos que he visto en mi vida. Simplemente no podía creer los colores que mis ojos estaban observando.

Su pueblito es muy pintoresco y tiene un encanto muy especial: susencilla arquitectura está hecha con recursos y materiales naturales de la región. Su población es cosmopolita, pues este paraíso ha sido elegido por una gran comunidad extranjera como su hogar, y la verdad se antoja seguirles el paso. Pero los humanos no son los únicos en percibir la magnificencia de estas tierras, también los animales han elegido a Mazunte como su casa. Tal es el caso de las tortugas marinas, que año con año llegan a esta playa a desovar.

Puerto Escondido

Llegué a este puerto pensando que lo había visto todo, pues los destinos anteriores de la costa oaxaqueña me habían maravillado hasta el punto de creer que no podía haber algo más. Sorprendida, me di cuenta que me faltaba mucho por conocer, y Puerto, como se le llama de cariño a este destino, es un lugar que no le pide nada a ningún otro.

No es un destino más de playa en México, es un pueblito con playa, y así es el ambiente que se respira: tranquilo y bohemio, con una hospitalidad y calidez insuperable. Además de una oferta turística muy amplia: playas, actividades ecoturísticas, gastronomía exquisita, mercados, venta de artesanías y vida nocturna.

Zicatela

Mis días en este destino estuvieron llenos de emociones y experiencias: es el paraíso del surf en Oaxaca. Esto se vive en sus tiendas, escuelas y hasta menús especiales en los restaurantes para los surfistas que vienen de todo el mundo.

Al amanecer, es el momento ideal para montar las olas, el ambiente es fresco y el sol apenas comienza a calentar. La energía es mucha, todos los surfistas están listos para hacer lo que más les apasiona en este mundo. Uno de inmediato se contagia de este sentimiento de felicidad y amor por el mar.

Todo este ambiente es acompañado de una gran oferta turística con establecimientos para comer, beber, comprar, dormir y disfrutar de la vida como se debe.

Lagunas de Chacahua

Llegué al final de la ruta con el corazón lleno de alegría y recuerdos que jamás voy a olvidar. No imaginaba que Chacahua cerraría con broche de oro este viaje que ha sido espectacular.

El Parque Nacional me regaló unos paisajes que no había visto en la costa oaxaqueña: hermosos escenarios conformados por lagunas, manglares, montañas y mar.

Pude hacer recorridos por las lagunas, visitar el cocodrilario, liberar tortugas golfinas y ver el hermoso atardecer desde lo alto de un faro. También hay una hermosa playa donde es posible acampar o rentar cabañas para pasar unos días relajados en un entorno natural.

Mi paladar fue uno de los más consentidos, porque las aguas de esta zona son muy fecundas, por lo que su gente se da el gusto de deleitar a los visitantes con platillos frescos.

De esta manera terminé un recorrido por el paraíso, ese que se encuentra en las costas de Oaxaca y que con seguridad regresaré a visitar.

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