Por Norma Esqueda / Fotos: Rodrigo González

Es toda una experiencia descubrir la riqueza natural y cultural de Tamaulipas a través de sus calles empedradas, pueblos mágicos, aguas cristalinas, zonas arqueológicas, museos y deportes de aventura, enriquecidos con su gastronomía, artesanías, tradiciones y festividades.

Ciudad Victoria
Capital de las aves
Aunque Tamaulipas es un destino que poco se escucha en el ámbito turístico, posee un sinfín de atractivos, al igual que su capital, Ciudad Victoria. Estar aquí es descubrir bellos lugares, algunos llenos de naturaleza para hacer ecoturismo o turismo de aventura, o simplemente recorrer el centro para admirar su variada arquitectura con imponentes monumentos, reflejo de la cultura, historia y tradición de los tamaulipecos.
Iniciamos muy temprano. El termómetro indicaba 25oC y alcanzaríamos 38oC, una locura para quienes venimos de la CDMX.

Zoológico Tamatán
Vida animal
Deseábamos aprovechar el día conociendo un renovado, educativo y bien cuidado sitio turístico: el Zoológico Tamatán. Para develar cada rincón de este natural lugar, Germán González, Médico Veterinario Zootecnista, subdirector operativo, nos acompañó en el tour.
Es un gran espacio para el esparcimiento, educación e investigación, además del fortalecimiento de una cultura a favor de la conservación de nuestro medio ambiente.
Las modernas instalaciones están divididas en cuatro regiones: asiática, americana, africana y australiana; un aviario y una estancia de “Animales Azoombrosos”, como una pitón albina, peces y reptiles, y el Zoológico infantil, un espacio para que los pequeños puedan interactuar con animales de granja, como conejos, gallinas y cacatúas.
El zoológico es el hogar de 450 ejemplares y 120 especies, como osos, jaguares, pumas, tigres, lobos, jirafas, avestruces, antílopes y la recién integrada familia de siete lémures de Madagascar (las cinco crías nacieron en cautiverio en el zoológico).
Para mitigar el calor, hay un atractivo zoobús, un transporte eléctrico que recorre las instalaciones con personal capacitado que nos introdujo en la aventura, es como hacer un pequeño safari en medio de la ciudad.

Museo de Historia Natural de Tamaulipas (TAMUX)
Lugar de encuentro
Algunas personas suelen pensar que visitar un museo en vacaciones es aburrido, que es mejor aprovechar el tiempo realizando otra actividad, nada más alejado de la realidad: el TAMUX es un espacio que promueve la educación, la investigación y la convivencia social a través de la historia de la naturaleza.
Desde el TAMUX se dominan vistas panorámicas. Antes de entrar, un imponente mamut y un feroz tiranosaurio rex colocados en los jardines del museo nos dieron la bienvenida. Una pequeña muestra de la aventura que nos esperaba dentro del museo.
El recinto posee cinco salas permanentes dedicadas al universo, la vida, la evolución y paleontología, la biodiversidad tamaulipeca y el hombre y la naturaleza, en los que se puede aprender a través de materiales interactivos, modelos tridimensionales y elementos gráficos, así como audios, videos, teatro virtual, espacios interactivos manuales y por computadora, además de un espacio lúdico para niños.
En esta ocasión los más divertidos y maravillados fueron los niños, al observar una exposición temporal de criaturas extraterrestres, así como de dinosaurios, en la sala “Pequeños Grandes Dinosaurios”, que exhibe alrededor de 10 ejemplares perfectamente detallados con un gran realismo, hasta parece que tienen vida. Esta magnífica muestra es obra del artista plástico Carlos Anzures, quien con mucho tiempo de dedicación, logró un espacio ideal para el conocimiento, cultura y asombro de pequeños y grandes visitantes.
Otro espacio, que sin importar la edad, quedas maravillado, es el Planetario; es uno de los 22 que existen en el país. Cuenta con un proyector de tecnología japonesa que permite reproducir el sistema solar, constelaciones y fenómenos astronómicos, tales como eclipses y lluvias de estrellas.
Un área cultural que nos adentró en un viaje hacia el pasado, desde la era de los dinosaurios con impresionantes fósiles y el esqueleto de un mamut, hasta la actualidad, donde la interacción y el aprendizaje van de la mano.

Parque Ecológico Los Troncones
Magia de la naturaleza
A sólo 30 minutos de la ciudad se encuentra un paraíso natural en las faldas de la Sierra Madre Oriental. Comprobamos que su fama se deriva de sus cristalinas aguas que nacen de las montañas, su exuberante vegetación y de un silencio que sólo se ve interrumpido por el cantar de los pájaros.
Es el lugar perfecto para ir con la familia, amigos, pareja y convivir en medio de la naturaleza. Para hacer más interesante este paraíso, cuenta con cabañas, asadores, juegos infantiles, sanitarios, actividades recreativas y zonas de acampar con los servicios necesarios para disfrutar de divertidas noches acompañados de la familia o de los amigos.
Por su terreno tan irregular, es el sitio idóneo para aumentar la adrenalina con los paseos en vehículos motorizados, como cuatrimotos, motocross, motos doble propósito y “buggies”, sólo hay que apretar el acelerador para sentir cómo corre la emoción, al tiempo que disfrutas de la vegetación.
Los Troncones es el sitio ideal para arrancar la aventura cruzando ríos y senderos, pero también para disfrutar de la tranquilidad de la naturaleza y actividades deportivas al aire libre. Un paraíso en Ciudad Victoria.

Gómez Farías
Río Frío y Poza Azul
Un rincón en el paraíso
Deseábamos conocer un lugar de belleza incomparable, un espacio en el que pudiéramos flotar, cerrar los ojos y sentir nuestro planeta; una mirada profunda al Patrimonio Natural de la Humanidad.
En el municipio de Gómez Farías, que pertenece a la Reserva Ecológica de la Biosfera de El Cielo, al pie de la Sierra Madre Oriental, pasando por el ejido El Nacimiento, agarramos un camino de tierra hasta llegar al paraje de la Bocatoma.
Una vez aquí, decidimos tomar nuestra primera experiencia en Río Frío para alejarnos de la rutina de la ciudad y vivir un momento en contacto con la naturaleza atravesando sus aguas cristalinas, en una lancha conducida por don Jorge, quien tiene 17 años realizando esta travesía en medio de la selva subtropical.
Nuestro recorrido, de aproximadamente 30 minutos, estuvo acompañado por un centenar de tortugas que disfrutaban del sol arriba de los troncos caídos sobre el río. El espectáculo se incrementó al observar la garza tigre, las calandrias y sus nidos, pelícanos, pájaros mot mot o reloj y coas, que embellecieron los aires mientras surcábamos las aguas de este edén natural.
En sus claras aguas, que son un balneario natural, observamos robalos, pintontles, anguilas, tilapia, bagre, langostinos, lobina negra, carpa y catán (pejelagarto). A las orillas y al inicio del río, la gente se divierte nadando y echándose un refrescante chapuzón, ya que las temperaturas se llegan a incrementar hasta 38oC; una temperatura bastante alta para quienes estamos acostumbrados a un clima más templado.
Una vez terminado el recorrido, cruzamos el puente colgante sobre el río para admirar la flora y fauna. Al principio nos dio un poco de miedo el balanceo del puente, pero una vez en confianza, con la vista fija al otro extremo, el vértigo quedó atrás. Llegamos a un terreno lleno de árboles, cuyo silencio se interrumpió con el canto de los pájaros y con nuestras expresiones de admiración al ver pasar algunos tipos de mariposa, como la malaquita, queen, karwinsky’s beauty, montane crescent, paula clearwing y la famosa mariposa 88. La morpho azul, sin duda, es una de las favoritas de turistas y observadores, se esconde entre los árboles con las alas cerradas, que parece formar parte de la corteza, pero una vez abiertas, su color azul eléctrico nos regaló un reflejo encantador.
Para los amantes de la observación de estas encantadoras crisálidas, así como de los pájaros, es recomendable llegar al municipio de Gómez Farías y preguntar por el Director de Ecología y Turismo Municipal, Ricardo Jiménez, quien te guiará por las mejores zonas para admirar estos bellos ejemplares, sin perderte en esta reserva natural.
Entre el cantar de los pájaros y el espectáculo de colores de las mariposas, por fin llegamos a la Poza Azul, donde brota el agua de una cavidad en la roca, en el cerro, en el que se forma la poza y escurre por un cauce encajonado. El río prácticamente nace de la roca.
El azul turquesa de sus aguas nos invitó, como imán, a echarnos un chapuzón. Además de nadar en sus pozas con diferentes profundidades y contemplar la diversidad de peces que habitan en ella, si eres un amante de los deportes extremos, podrás realizar actividades como rappel, esnórquel, kayak, senderismo, bicicleta de montaña y campismo, te asombrarás con la magia de su firmamento, donde podrás relajarte escuchando los maravillosos sonidos de la naturaleza.
Estar en esta parte de El cielo, es escuchar el canto de las aves, el sonido que produce el viento al agitar las ramas de los árboles y el de las caídas de agua por sus pequeñas cascadas. El olor a tierra mojada y hierba fresca nos invitaron a tomar bocanadas de aire puro y fresco, de esas que resultan imposibles en la gran ciudad. Un espacio que nos hizo experimentar nuevas sensaciones y estar en contacto con la naturaleza, un manantial de bellos paisajes naturales, con una inmensa variedad de flora y fauna.
La tarde empezó a caer, es momento de regresar a la Bocatoma, donde el olor de los langostinos al mojo de ajo y los mariscos recién preparados, nos llevaron directo a la mesa para disfrutar los suculentos platillos frescos que se obtienen  directamente de los criaderos que se encuentran en los alrededores.
Con todos los sentidos y el estómago satisfecho, le dijimos adiós a esta travesía, que sólo nos permitió conocer una parte de El Cielo, pero un excelente motivo para regresar y explorar las partes más altas de este oasis natural.

Centro Interpretativo Ecológico (CIE)
Educar para conservar
Una vez que visitamos Río Frío y Poza Azul nos dirigimos hacia el CIE, donde Mario Álvarez, intérprete de galerías, nos explicó, paso a paso, la importancia de la Reserva de la Biosfera, sus antecedentes históricos y la concientización sobre la conservación de la vida silvestre. Su gran conocimiento sobre el lugar, nos hizo recordar una biblioteca viviente; todo un experto en la materia.
Entrar al CIE fue darnos cuenta de la realidad, nuestro estilo de vida está haciendo que nuestro planeta se consuma a un ritmo muy rápido, y si no actuamos de inmediato, las nuevas generaciones no gozarán de la misma calidad de vida.
Es el primer complejo turístico sustentable en el país, integralmente planeado, concebido con total respeto a su entorno natural y equipado con los mejores sistemas de ecotecnia, con lo que se reduce el impacto sobre el medio ambiente.
Cuenta con tres galerías en las que se explica sobre el tipo de flora y fauna, y los ecosistemas que se encuentran en El Cielo. Un espacio donde se promueve la concientización y el respeto por la naturaleza a través de la difusión de la biodiversidad de la zona y la utilización de tecnologías verdes amigables con el planeta. Los espacios son únicos, además de obtener las mejores vistas a la reserva.

Tula
El despertar de un Pueblo Mágico
Cuatro coloridas letras que conforman la palabra Tula nos dieron la bienvenida. Observamos un pueblo que se está transformando y que los trabajos de rehabilitación han llegado a sus calles principales, así como las coloridas fachadas de casas y pequeños edificios, que siguen una línea de cuidado e imagen.
Al paso por sus calles se pueden apreciar balcones de hierro forjado, paredes de adobe, el callejón del Pozo Honrado y varios edificios históricos, como la Casa de Cultura, el Casino Tulteco, la Presidencia Municipal, la casa de la familia del general Alberto Carrera Torres y la casa donde nació la segunda esposa de Porfirio Díaz: María Fabiana Sebastiana Carmen Romero Rubio y Castelló.
La calle principal nos llevó hasta la Plaza de Armas, el punto de reunión de los tultecos, quienes aprovechan la refrescante tarde para contar historias y recordar hechos importantes en los casi 400 años que tiene el pueblo. Una vez sentados en una de sus bancas, observamos a la gente en su andar tranquilo, disfrutando de una nieve de cactus –una tradición degustar una deliciosa nieve elaborada con los cactus y frutas que crecen en la zona desértica que rodea la localidad–, el quiosco colonial con niños jugando y la emblemática iglesia de finales del siglo XVIII en honor a San Antonio de Padua.
La iglesia posee un techo de ladrillo, seis candelabros, paredes de piedra caliche y un San Antonio vestido con oro. La leyenda cuenta que la escultura del santo venía de paso, pero ya no quiso irse, pues se puso muy pesada y no la pudieron levantar. Decidió ser parte de la vida e historia de Tula.
Para mitigar el calor y saciar la sed, compramos una nieve elaborada de cactáceas. El lugar que conserva la receta secreta es la nevería Cactus Nieves en la Plaza de Armas. Aquí encontramos de nopal, mezquite, flor de bugambilia, garambullo, biznaga y cardón. También las hay de chirimoya, dátil, chocha, mora, zapotillo, zapote y tepolilla. Todas las frutas del semidesierto tamaulipeco son convertidas en nieves y helados 100% orgánicos, ganadores de reconocimientos en ferias y eventos gastronómicos a nivel regional, nacional e internacional.

Trabajo artesanal
Cuera tamaulipeca
Estar en Tula sin conocer el trabajo de sus artesanos es ignorar un atractivo que da identidad y orgullo a la localidad. Para conocer más sobre esta vestimenta, don Ramón Mendoza, quien lleva más de 40 años en este oficio, y su hijo, Ángel, con sólo 10 años en este arte, nos explicaron que la cuera tamaulipeca es la pieza más emblemática de Tula, aunque en realidad, es la cuera tulteca. Es un traje típico que lleva grecas de piel de diferentes tonos, así como flecos en el pecho, espalda y en las mangas. Además de las cueras, también se elaboran chamarras, faldas, blusas, chaparreras, botas y accesorios, como bolsas, carteras y llaveros.
La vestimenta que se usa en la región desde hace más de 100 años es la cuera, que en realidad es una chamarra de piel, con adornos diseñados también en piel, y que constituyen el atuendo típico del estado.
En el taller de don Ramón se siguen confeccionando de manera artesanal, lo que le lleva tres días terminar una. La cuera original es de piel de venado, aunque en la producción comercial se emplean otros tipos y calidad de cueros, como de cabra, res o borrego.
Su trabajo es de calidad reconocida, que grandes personalidades los han buscado para que confeccionen sus vestuarios, como en su momento Joan Sebastian, así como Itatí Cantoral, Cristal Silva –quien representó a Miss Tamaulipas en el certamen de belleza de Miss Universo y portaba un conjunto de cuera elaborado en el taller de don Ramón–, Ernesto Laguardia y Alan Tacher, por mencionar sólo algunos famosos de la farándula. También tienen pedidos de artistas extranjeros, quienes visitan a don Ramón y a su hijo para que les elaboren cueras hechas a la medida.
Es un oficio que se ha pasado de generación en generación. Actualmente sólo existen cinco familias en Tula que las confeccionan a mano; una tradición que se ha ido perdiendo con el paso de los años. Es un trabajo arduo y la mayoría de las personas no quieren pagar su verdadero valor. Lo consideran costoso, pero no se reconoce todo el trabajo que hay detrás de una chamarra de cuera.

Corredor Turístico “Arroyo Loco”
Entre artesanías y gastronomía
En un espacio de 440 m2, a través de sus corredores y andenes, es posible observar los servicios turísticos, culturales y comerciales que se ofertan en Tula en esta moderna construcción, que tiene canales que recuerdan los de Viena, sólo que aún no son llenados con agua; es un proyecto que aún no lo echan a andar.
Este corredor turístico crea espacios para la recreación, el comercio de artesanías, para el esparcimiento y venta de productos típicos de la región, como la cuera tamaulipeca.
Entre pasillos y escaleras, que pareciesen pasadizos, pudimos llegar de un extremo a otro, pasar de los locales de artesanías a los restaurantes, en los cuales disfrutamos de un delicioso platillo típico de la región, sus imperdibles gorditas de adobo y enchiladas tultecas con un delicioso café de olla, con la receta tradicional de las abuelitas: canela y piloncillo.
Tula es un Pueblo Mágico con contrastantes paisajes de desierto y bosque, además de conservar costumbres y tradiciones con más de un siglo, todo esto es posible observarlo desde cualquier punto de este corredor turístico. La vida diaria y relajada de Tula, es una invitación a permanecer más tiempo en este tranquilo municipio.
Entre un agradable olor a la madera tallada por los artesanos, la cuera, un refrescante atardecer y la cordialidad de su gente, nos despedimos de este edén de tradiciones.

Hotel Everest Ciudad Victoria
En el corazón de la ciudad
El hotel es un lugar céntrico para descansar, con una bella vista de Ciudad Victoria y con varios puntos turísticos cercanos para visitar, como la Plaza Hidalgo, antes Plaza de Armas.
Desde algunas de sus habitaciones, decoradas con estilo moderno, acogedor y con todos los elementos necesarios para tener una agradable estancia, se puede disfrutar, desde el balcón, una vista perfecta de la Plaza Hidalgo.
Justo enfrente del hotel Everest podrás admirar una antigua construcción de más de 100 años: la Basílica de Nuestra Señora del Refugio, así como algunos edificios con diseños modernos, que contrastan con lo antiguo.
Iniciar tu día haciendo un poco de ejercicio en el gimnasio o nadando en su piscina cubierta que, además de refrescarte, podrás reactivar cada parte de tu cuerpo.
Dentro de los servicios que se agradecen cuando se visita otra ciudad, es la cercanía con el aeropuerto de Ciudad Victoria, pues está a sólo 20 minutos. Además, ofrece servicio de traslado al aeropuerto sin cargo adicional. Un plus que pocos hoteles ofrecen.

Hotel Casa de Los Rombos
Un lugar para el descanso
Después de su remodelación, La Casa de Los Rombos, como comúnmente le llamaban, se convirtió en un agradable hotel boutique con siete amplias habitaciones. Enclavado en el corazón mágico de Tula, esta hermosa y colonial construcción del siglo XIX, diseñada como casa de descanso, ahora es un magnífico lugar que invita a la relajación, en medio de un silencio total.
Posee una decoración rústica, que contrasta en armonía con el aire acondicionado y una iluminación tenue. Todas sus habitaciones tienen balcón y algunas vista a la Plaza de Armas, desde donde se observa el quiosco, su gente platicando y tomando el fresco de la tarde, los artesanos ofertando sus productos, así como la iglesia de San Antonio de Padua.
El restaurante no es exclusivo para los huéspedes, está abierto al público en general. Se encuentra al aire libre, en un espacio agradable, armónico y muy relajado.
Un lugar para descansar, admirar la cultura, adquirir un recuerdo originario de la región y sentir el sigiloso andar de los lugareños en medio de la magia del hotel y de Tula.

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