Es momento de dejarte llevar y de consentir tus sentidos en medio de un escenario de extensa vegetación, donde con el soplar del viento se percibe un ligero aroma a cacao, que poco a poco se transforma en una deliciosa tableta de chocolate que se deshace lentamente en la boca.

Tabasco te recibe con una rica dosis de sabor a chocolate, lleno de costumbres y tradiciones que conservan sus orígenes ancestrales en el cultivo del cacao, que se mantiene gracias al trabajo, empeño y dedicación de las haciendas cacaoteras, que son testigo de la elaboración del chocolate casero tradicional e industrial.

Bajo un atenuante sol y una refrescante brisa, es aquí donde inicia la aventura para descubrir la ruta del cacao al chocolate hasta llegar a la cristalina agua del río González, que nos recibe con una exuberante vegetación y fauna terrestre y marítima.

Hacienda Jesús María: Aroma y sabor de la naturaleza

Esta hacienda cacaotera, que se asienta rodeada de árboles y que ofrece una experiencia única para los sentidos, es testigo de la elaboración de productos de excelente calidad hechos con cacao, donde el aire se encuentra impregnado de un rico aroma a chocolate. Un lugar mágico donde es posible ver, oler y probar el cacao en sus distintas etapas de producción.

Desde que entras a la hacienda se puede percibir el intenso aroma a cacao entremezclado con chocolate. Si haces una respiración profunda podrás sentir cómo tus papilas gustativas se empiezan a acelerar mientras tu olfato no te engaña y te lleva hasta el punto clave, la planta de cacao criollo almendra blanca, que es la responsable de que el chocolate que se fabrica en México sea considerado el mejor del mundo gracias a su alto contenido de grasa, delicioso sabor y excelente aroma.

A cada paso que das y con cada muro que tocas puedes sentir su respiración. Es una hacienda viva, llena de historia y sabor. Aún mantiene su arquitectura tradicional desde 1917, año en que fue adquirida. Sus bodegas, corredores de mosaico rojo y vigas de madera forman parte de la experiencia. Ver fotos, muebles, carteles y hasta bordados de hace más de 100 años es realizar un viaje en el tiempo, donde la producción del cacao se hacía con una técnica y maquinaria diferente. Un proceso difícil, pero con un agradable resultado al paladar.

De la mano de don Florencio Sánchez, coordinador de agroturismo, puedes conocer el proceso artesanal de la preparación del chocolate, tal como lo hacían nuestros antepasados mayas. La singular esencia del cacao que se tuesta en un comal de barro con leña es una abierta invitación para conocer la historia y el origen de esta hacienda fundada por la familia Cacep. El recorrido continúa con un tour por la selva, donde la vista se ve inundada por los enormes árboles, como ceibas, cedros, plátanos e incluso otros más de pimienta o hule.

Aquí don Florencio muestra cómo hacen el injerto de la semilla del cacao para acelerar su crecimiento pero de una manera natural, sin usar ningún tipo de químico o producto que dañe la planta o traiga consecuencias a la vida humana.

Realizar el recorrido por la antigua casona, la típica cocina chontal, observar las vestimentas antiguas de la gente que trabajaba en la hacienda, los cultivos de cacao y la elaboración de chocolate en la fábrica, es todo un ritual. Estar aquí te muestra parte de nuestras raíces sobre cómo realizar el proceso artesanal de obtención del fruto del cacao y participar en la elaboración más industrial del chocolate de mesa, pasta, manteca y cocoa en polvo.

Al final del recorrido, y después de tanto caminar, viene un agradable encuentro: una pequeña degustación de los diferentes chocolates que se producen en la hacienda.

Una experiencia que se percibe con todos los sentidos: texturas, aromas, sabores y colores, que te sumerge en la historia prehispánica del cacao y cómo su producción ha evolucionado con el pasar de los años, pero sin dejar de lado la calidad y exquisitez de saborear un chocolate de gran calidad.

Hacienda Jesús María

Ranchería Sur 5ta. Sección

Camino Vecinal a Tulipán-Comalcalco

Comalcalco, Tabasco

Tel. fábrica: 01 (933) 334-1820

Cel. Hacienda: 01 (933) 119-8371

www.haciendacacaoterajesusmaria.com

Finca Cholula: Magia artesanal

Cada finca tiene su toque y aromar especial, y Cholula no es la excepción. El recorrido inicia con una gran diversidad de plantas exóticas en diferentes tonalidades, muchas de ellas curativas y bastante escasas de encontrar en la región. En este punto te puedes dar cuenta de las bondades de la naturaleza, que a cada paso te muestra su magia y poder en medio de la exuberante vegetación que por momentos los frondosos árboles cubren por completo la vista al cielo.

Conforme vas avanzando, te introduces en los plantíos de cacao, donde Manuel Antonio, el cuarto de la generación Riveroll, te muestra el proceso de desarrollo del árbol del cacao y las condiciones que requiere para crecer. Se trata de una planta que necesita abundante sombra, por lo que en la plantación se pueden encontrar cedros, ceibas y otros árboles que ofrecen sombra alta.

También te explica el desarrollo del fruto del cacao, que crece a lo largo de todo el tronco y las ramas del cacaotero. El fruto sigue el proceso de botón, flor, chilillo y mazorca.

Las plantaciones en la finca también sirven como refugio a una familia de 27 monos saraguatos que se balancean entre las ramas y el follaje del samán. Su sola presencia te hacen vivir una experiencia diferente en medio de la selva, donde la naturaleza cobra vida y te muestra todo su esplendor para que la respetes.

El siguiente punto es la fábrica, donde Manuel muestra el proceso de elaboración, que es completamente artesanal y donde se excluye el uso de conservadores, saborizantes y colorantes artificiales. Por eso los chocolates El Chontal se reconocen por su calidad, sabor, textura y aroma. Gracias a las cualidades antioxidantes de la manteca de cacao, el chocolate se mantiene en perfecto estado por más de un año y de forma natural.

Como es una finca sustentable, es momento de visitar los viveros del cacao, un proyecto para conservar los recursos naturales del ecosistema cacaotal. También se muestran las enfermedades que puede sufrir el cacao, como la mancha café, el chilillo negro y moniliasis.

El recorrido culmina con una gran experiencia, Manuel realiza, de manera artesal, la bebida de los dioses, el xocolatl. En el metate muele el cacao y la pimienta gorda con total destreza. Después disuelve en agua achiote, agrega miel y amashito (chile piquín). Todo lo integra en una olla de barro, mientras que con ayuda del molinillo lo empieza a agitar hasta que la espuma casi rebasa los bordes. Es así como logra darle vida a tan refrescante y exótica bebida, que se agradece después de un recorrido extenuante y caluroso.

Finca Cholula

R/A Norte 1ra. Sección

Carretera Federal Comalcalco-Paraíso

CP 86650, Comalcalco, Tabasco

Tel. 01 (933) 334-3815

www.fincacholula.com.mx

Ruta acuática: Entre ríos y manglares

Es momento de iniciar una nueva aventura. Para aprovechar todo el día, es importante salir muy temprano con dirección a la comunidad El Espino, donde Francisco Marroquín Zavala y Daniel Ascencio, guías y conductores del programa televisivo local Vámonos de pesca con Paco Marroquín, te esperan para abordar una lancha rápida y emprender el recorrido.

Se escucha el encendido de los motores, que poco a poco van saliendo del muelle para adentrarse por el Río González hasta el Puente de Jalapita, cerca de Chiltepec. Una vez que aumenta la velocidad, es posible apreciar la gastronomía marítima que ofrece el lugar y la práctica de pesca.

El paisaje es apremiante por su exuberante naturaleza que hipnotiza con su cuerpo tapizado en verde. El aire fresco azota tu rostro y revolotea tu cabello, al paso que se observan los manglares y lirios acuáticos. Mientras más avanzas, es apremiante ver en escena garzas, cigüeñas americanas, patos reales, monos aulladores, tortugas blancas y otras especies que acompañan tu experiencia.

Pese a que la humedad del ambiente recorre tu cuerpo y el calor empieza a ser más intenso, la brisa refresca centímetro a centímetro todo tu ser, lo que no impide apreciar tan bello espectáculo.

El paseo continúa. Ahora tienes la libertad de adentrarte a aquel hermoso y exuberante paisaje que escaneaste a lo lejos: los pantanos de Centla. El área cuenta con puentes de madera que te conducen entre espadaños, árboles de mangle, sauces y macuilis.

Como todo es verde, el andar se vuelve un poco más despacio. Tu curiosidad se despierta, quieres ver, oír, tocar y oler todo el mundo que te rodea mientras una mariposa azul acompaña tus pasos desde hace un rato. Te detienes y ella se postra sobre las hojas de los manglares.

Se hace una parada en las entrañas de los manglares rojos. Un camino estrecho se abre entre ellos. Sus raíces salen del agua (les llaman aéreas), son tan altas y fuertes, que está permitido trepar por ellas para obtener un mejor ángulo y tomar una buena fotografía.

Un espectáculo que no puede ser plasmado por ningún lente, sólo en la memoria que recorre estas maravillas de la naturaleza.

Tanta aventura abre el apetito, es momento de tomar hacia La Laguna de Mecoacán, uno de los puntos indicados para que descubras el arte culinario de los tabasqueños. Se encuentra en el municipio de El Paraíso.

Su belleza es proporcionada por los árboles de mangle: rojos, blancos y negros. Como parte de la aventura, la velocidad aumenta para dirigirte hasta la barra, el lugar donde se une la laguna con el mar del Golfo de México.

Para hacer más corta la espera de la comida, los lugareños se acercan para contar sus vivencias, quienes se dedican a la pesca del banco de ostiones y de algunos peces, como róbalo, mojarra y sábalo.

Por fin llega un manjar: tortillas rellenas de queso y camarón, pulpa de jaiba, camarones grandes para pelar, manitas de cangrejo al chiltepín, calamares en su jugo y filete empanizado. Para aderezar, unas cucharadas de salsa de chile amashito, una delicia.

El sol rojizo que brilla en el horizonte invita a continuar por las cristalinas aguas del río e internarnos en una nueva aventura: la pesca.

Después de 30 minutos, la meditación es interrumpida al sentir cómo la línea empieza a sonar, ha picado un pez, por la fuerza que transmite, no es muy grande, pero sí muy fuerte. La lucha empieza, pero después de unos minutos, es vencido para dejar ver su cuerpo brillante, es un sábalo de tres kilos, aproximadamente. Como la pesca sólo era recreativa y no deportiva, después de unos minutos se deja en libertad para que siga su proceso natural dentro de los ríos y lagunas que ofrece Tabasco.

Bajo un cielo azul, un sol con tonalidades anaranjadas y sus aguas cristalinas, es momento de iniciar el regreso hacia El Espino, no sin antes sumergirte en la tranquilidad que te da la madre naturaleza: te dice hasta pronto con su manto verde y la brisa que te acaricia en cada movimiento que se desprende de la lancha.

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