El Maviri, una extensa franja de tierra entre la Bahía de Topolobampo y el Mar de Cortés, te invita a descubrir su playa de arena fina y aguas cristalinas; el principal balneario de los habitantes de Los Mochis
Texto: Norma Esqueda / Fotos: Saúl Burgos
Los Mochis es un tesoro cultural que destaca por ser una ciudad moderna, pero al mismo tiempo llena de vida y color, rodeada de manglares y especies con plumas y escamas, donde el personaje principal es la naturaleza.
Desde las alturas logro ver una ciudad rodeada de pequeños cerros que surgió a partir de un ingenio azucarero que aún está en funcionamiento. Es moderna y llena de historia, una fusión de las culturas norteamericana e indígena de la etnia Mayo-Yoreme del norte de Sinaloa. Un verdadero abanico de tradiciones que espera a que las escuche y sienta en cada una de sus calles que resguardan esta joven ciudad sinaloense.
Se siente la magia que mantiene un equilibrio entre historia, pasado, tradiciones y progreso. Los Mochis ha sabido adaptarse a los tiempos que corren, pero sin perder de vista lo más profundo de sus raíces ancestrales, y esto es precisamente lo que la vuelve un destino repleto de encanto, ideal para disfrutar durante las vacaciones o en un fin de semana.
Piso tierra firme. No podía perderme la oportunidad de disfrutar de este amanecer, de sentir la suave brisa que revolotea mis cabellos, de respirar el aire fresco de estar en otra ciudad. A simple vista se observa que cada día crece más y la tecnología empieza a invadirla. A veces se nos olvida disfrutar y empezar a vivir. En este viaje, mi cámara y mi imaginación serán mis fieles compañeras.
Jardín privado
Mi primera parada es el jardín Botánico Benjamín Francis Johnston ubicado dentro del Parque Sinaloa. Una de las maravillas de este lugar radica en sus 16 áreas verdes dignas para disfrutar de un verdadero día de campo o recorrer sus andadores, pasar por el jardín de las rosas, los restos de la Casa Grande y el Jardín Xerofito, entre otros sitios de interés.
Llegar a este pulmón de la ciudad, es disfrutar de las bellezas naturales al aire libre, conocer la gran variedad de especies de aves y plantas exóticas provenientes de distintas partes del mundo. Entre los ejemplares más asombrosos que pude conocer durante mi recorrido, se distingue el Banyán, un frondoso árbol originario de la India, que es considerado como el árbol sagrado del Dios Krishna para los hindúes.
Este mágico lugar me invita a disfrutar de aquellas actividades que no puedo hacer por falta de tiempo: caminar tranquila y apreciar cada rincón, sentarme en un tronco y admirar la naturaleza que me grita en cada movimiento, que está viva, mientras mi lente capta su majestuosidad, donde el tiempo no existe y me permite encontrar la paz y armonía que en las grandes ciudades son difíciles de mantener.
Un espacio donde las especies vegetales tradicionales y domésticas se ven superadas por jardines colgantes, por variedades exóticas, por colores brillantes y por un sinfín de alternativas que me muestran que el mundo verde no tiene límites.
Entre cultura y tradición
Ahora es momento de visitar el Museo Regional De Valle del Fuerte, en la Casa Chapman o Casa de los Cipreses, asentado sobre lo que era una antigua casa habitacional, este cultural lugar narra a través de sus colecciones el choque entre los indígenas y los diferentes extranjeros que llegaron a la región y trajeron consigo el mestizaje. Sus salas son un paso por la historia de la región del Valle de El Fuerte desde la época prehispánica hasta la historia contemporánea. Parte importante del museo es el mapa de petroglifos y pinturas rupestres en el que se describen todos los sitios de importancia histórica y arqueológica de este bello estado de Sinaloa.
La suave brisa comienza a juguetear con las hojas de los árboles y las luces de la Plazuela 27 de septiembre hacen su aparición lentamente para dejar al descubierto por qué es un lugar emblemático para visitar desde 1922. Sus fuentes de agua cristalina, senderos empedrados, árboles verdes, arbustos de flores coloridas y su tradicional quiosco conforman el escenario ideal para pasear en familia, con amigos o en pareja en una tarde apacible y cálida bajo el sol.
El ambiente y quietud del lugar invitan a alquilar bicicletas para dar un paseo, contemplar la flora autóctona de la región en su estado natural, degustar exquisitas golosinas artesanales o hacer un pequeño picnic sobre la alfombra verde de sus caminos. Éstas son sólo algunas de las opciones que ofrece este sitio de encuentro en el que, además, tuve el privilegio de contactar a algunos lugareños e iniciarme en los laberintos de su cultura, tradiciones y cosmovisiones más arraigadas de esta singular ciudad.
Una noche estrellada con un viento fresco me encamina a uno de sus restaurantes para degustar un rico café artesanal, acompañado de un pan elaborado en casa. Desde la parte interior logro percibir cómo una ciudad moderna se mueve a gran velocidad con el transcurrir de los autos y de su gente, mientras mis ojos dan un recorrido por cada una de sus esquinas y mi lente sólo captura barridos de luz en el tiempo.
Una bahía que lo tiene todo
La mañana inicia con mucha actividad hacia mi siguiente recorrido. A sólo 20 km de Los Mochis se encuentra Topolobampo, puerto de altura a través del cual se exportan productos agrícolas, marinos, industriales y ganaderos, además de ser entrada y salida de barcos nacionales y extranjeros, principalmente de carga, y en donde se toma el Ferry con destino al puerto de La Paz, Baja California Sur.
Una vez en la bahía de Topolobampo, empieza un recorrido de 6 km hacia Playa El Maviri, un lugar de aguas calmadas y fina arena, perfecta para nadar y practicar cualquier tipo de deporte de playa. Una belleza natural que penetra con mucha vida sobre mis pupilas para no ser olvidada.
Desde temprana hora, en sus palapas a orilla de la playa se puede disfrutar de pescados y mariscos frescos preparados con un estilo propio, como su extraordinario pescado zarandeado, los camarones ahogados y los cocteles de ostiones de mangle.
Sus cálidas aguas me invitan a tomar el sol, nadar y practicar cualquiera actividad de playa. Los deportes de aventura no pueden faltar, los más comunes son el buceo, kayak, vela, motos acuáticas, pesca deportiva y paseos de observación de la flora y fauna, sin olvidar el senderismo, campismo y sandboarding. El ascenso al cerro de arena en cuatrimotos o vehículos todo terreno son un auténtico reto.
Para seguir con la aventura, camino por la orilla de la playa hasta que me encuentro con don Carlos, quien lleva años realizando paseos en catamarán o en lancha por el litoral de la isla, la Bahía de Topolobampo y la Bahía de Ohuira. Decido tomar uno para internarme en los bellos paisajes marinos.
Mi primer encuentro es con un avistamiento de aves, es un verdadero espectáculo observarlas, ver su vuelo y escuchar su canto, es como crear una orquesta improvisada pero bien afinada. A mi paso también tengo la fortuna de ver una familia de delfines que habitan la bahía y sus lagunas. Es como si al atardecer decidieran guiar mi navegación y darme una despedida con su glorioso sonido tan característico.
Es increíble encontrar en una misma bahía un santuario de delfines, de aves, dunas, manglares, esteros, montañas, vegetación semidesértica, un santuario de lobos marinos. Todo en un mismo lugar.
Faros de colores, que guían las unidades acuáticas durante la noche, marcan el rumbo de regreso hacia la ciudad, dejando atrás un mágico camino de mangle y especies marinas que adornaron mi cámara con inmemorables paisajes.

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