Un destino que desnuda sus secretos para los amantes de la aventura al aire libre, que regala experiencias en sus tesoros de cultura, tradición, gastronomía y descanso. Un escenario enclavado entre edificios, montañas, cascadas, ríos y desierto, donde la adrenalina y la historia no tienen fin al susurro de su magia.

Por: Norma Esqueda / Fotos: Rodrigo González, Édgar Xólotl, Lorenzo Armendáriz y David Álvarez

Desafío a la aventura: Por naturaleza

Para conocer las maravillas que ofrece San Luis Potosí, en esta ocasión nos dimos a la tarea de recorrer este bello estado de manera diferente. Nuestra primera parada fueron las actividades de aventura y ecoturismo.

Una decisión que nos hizo conocer y disfrutar de la naturaleza de forma sorprendente, donde la excitación y adrenalina fueron nuestras compañeras inseparables, que nos encaminaron a explorar los rincones más asombrosos y llevarnos al límite de nuestras emociones.

Una vez en la capital nos dirigimos a Ciudad Valles, localizada a 265 km hacia el Este, la puerta de entrada a la aventura: la Huasteca Potosina, un universo de sensaciones extremas que nos encaminaron a descubrir sus secretos naturales. Estas serranías de origen sedimentario y calizo son un verdadero queso gruyere, cuya abrupta geografía está conformada por inmensos sótanos, cavernas, ríos subterráneos, arroyos, cascadas y espectaculares ríos de color azul turquesa que corren por profundos cañones. El territorio perfecto para la práctica de rappel, rafting, espeleología y recorridos a pie o en bicicleta de montaña.

Entre tantas actividades, vimos menos desafiante iniciar con rappel. A penas nos colocaron el equipo y el guía nos dio las indicaciones de lo que íbamos a experimentar, cuando el sudor frío empezó a recorrer nuestro cuerpo, el rostro fue el primero en poner al descubierto nuestro nerviosismo, el corazón palpitaba cada vez más rápido y las piernas nos temblaban ligeramente. Entre miedo y emoción, la adrenalina se apoderó de nosotros y nos dio el valor para hacer un descenso por una cascada de 100 metros de altura.

Al concluir todo el recorrido, fuimos premiados con la entrada abrupta a las cristalinas y frescas aguas del río Santa María. Un cobijo que inundó de paz, emoción y gran satisfacción haber completado una actividad que veíamos interminable, pero que finalizó llena de alegría.

Una vez superada esta emocionante actividad, decidimos continuar con el descenso en río, que llega hasta el poblado de Tanchachin. El paisaje verde se ve salpicado de una gama de colores que las compañías de rafting instalan para armar sus campamentos bajo la política de total respeto a la naturaleza.

Con esa imagen de respeto e integración a la vida natural, nuestra embarcación poco a poco inició el recorrido corriente abajo. A lo lejos pudimos observar la majestuosidad verde que, imperante como un guardián esperándonos, vigila de frente la blanca pared de agua que cae desde los 105 metros y abarca casi 300 metros de ancho. Esta panorámica nos indicó que habíamos llegado a una de las más espectaculares caídas del mundo: la cascada de Tamul, justo donde hicimos el descenso en rappel. El río Gallinas irrumpe sobre el río Santa María. Este contacto forma el río Tampaón, un curso acuático que durante miles de años fue navegado por los habitantes huastecos que cerca de aquí dejaron los vestigios arqueológicos de Tamuín y Tamtoc.

La emoción de navegar por los rápidos del río Tampaón fue impresionante. Hay que resaltar que no son muy fuertes, pero sí muy técnicos, porque el cañón se estrecha.

Tuvimos que navegar entre grandes piedras, donde sólo con la experiencia del guía y el trabajo en equipo pudimos superar las feroces aguas blancas que sin piedad nos empaparon y nos hicieron saltar en más de una ocasión de nuestros asientos. Para darle más emoción al recorrido, nos permitieron realizan algunas paradas para saltar desde lo alto de grandes rocas y paredones del cañón. En cada caída, el sol nos mostró las bellezas que se observan desde lo alto, mientras sigiloso bronceó cada parte de nuestro cuerpo que quedaba al descubierto del traje de baño y del chaleco salvavidas.

A menos de una hora de Ciudad Valles, hacia el municipio de Aquismón, se encuentra uno de los abismos más profundos del planeta donde cada mañana tiene lugar un espectáculo único en el mundo: la salida masiva de las golondrinas, aves que dan nombre a esta gigantesca cavidad como el Sótano de las Golondrinas. Nos sorprendió ver que el lugar es muy visitado por espeleólogos, quienes descienden a rappel hasta el fondo del abismo para después ascender jumareando. Es importante recalcar que este recorrido nos llevó un día completo, porque implica preparación previa en manejo de cuerdas, paso de nudos, rappel y jumar.

Nuestra siguiente parada fueron las tierras planas que rodean Ciudad Valles, cubiertas de cañaverales que envuelven el río El Salto, que se abre paso por la sierra La Colmena. Este capricho de la naturaleza crea un incomparable conjunto de pozas y cascadas llamadas Micos (por la gran cantidad de monos araña que habitaron el lugar); son siete caídas de cinco o más metros de altura. Contemplar estas maravillosas pozas que semejen albercas de un azul intenso y cristalinos, nos incitaron a pensar en nuestras siguientes aventuras: natación, kayak y navegación en pangas.

Decidimos quedarnos para realizar cada una de las actividades. Las impresionantes cascadas, ríos, cavernas y paisajes espectaculares que visitamos en tan pocos días, son una invitación a volver para recorrer la zona, porque aún nos faltaron muchas maravillas naturales por conocer. Un paraíso que nos orilló a olvidarnos del estrés y dilató nuestras pupilas cargadas de emoción y adrenalina.

Manantial de la Media Luna

Este paradisiaco lugar se localiza en el municipio de Río Verde, en el ejido El Jabalí, a una hora de la capital. Realmente nuestro recorrido fue bastante corto, aunque por la emoción, ya deseábamos llegar a nuestra siguiente aventura.

Estar parados ante tanta belleza, nos dejó claro que íbamos a vivir una experiencia mágica e inolvidable. Estábamos dispuestos a explorar el mundo subacuático. De las profundidades del subsuelo brotan torrentes de aguas termales, azules como zafiros, que alimentan el caudal de la laguna más importante de San Luis Potosí: La Laguna de la Media Luna, considerado el mejor lugar para bucear y practicar esnórquel en todo el estado. Por ser una reserva natural protegida, también se pueden realizar otras actividades, como acampar, hacer bicicleta de montaña y observar la flora y fauna del lugar.

Dicen que bucear es adentrarse a otro mundo, así que decidimos vivir esta experiencia. Una vez colocado el equipo y bajo las indicaciones del guía, nos sumergimos en las cristalinas aguas para descubrir un paisaje indescriptible, dominado por árboles petrificados. Sus formaciones son tan extrañas, que están inclinadas hacia el precipicio, parecen gigantes dormidos, vigilantes de cada uno de nuestros movimientos. Durante el recorrido fuimos acompañados de especies acuáticas endémicas. Corrimos con suerte y pudimos observar una tortuga de agua dulce y un curioso pato buzo. En el fondo del manantial existe la planta nenúfar, importante para la conservación del ecosistema.

La Media Luna es también un lugar lleno de historia. En sus profundidades se han encontrado piezas arqueológicas de gran importancia, como la cabeza fosilizada de un mamut. También se han hallado numerosas piezas prehispánicas que fueron arrojadas por los antiguos habitantes de la zona como una ofrenda para sus dioses. De hecho, también es conocida como “laguna prehistórica”.

Donde la magia se captura: Safari fotográfico

Emprendimos una excursión partiendo desde Matehuala. La luna nos acompañó en nuestro recorrido. La noche era fresca y con las ventanillas abajo, disfrutamos del olor a tierra húmeda y del frío que el desierto evoca en las noches. Por fin llegamos a Estación Catorce, donde se encuentra la casa de nuestro anfitrión y guía, quien nos mostrará los misterios de la Sierra de Catorce, un recorrido digno de un safari fotográfico.

El trayecto fue agotador, así que decidimos apagar la luz y descansar para levantarnos muy temprano y emprender un viaje donde los sabores del desierto de San Luis Potosí nos dejarían al descubierto sus sinuosos caminos.

Aún parecía de noche y el cielo mostraba las últimas estrellas antes del amanecer. Abordamos el legendario transporte que ha domado los caminos de la sierra: la willys. Tomamos la desviación en Estación Wadley e ingresamos en la reserva protegida de la biosfera conocida como la Ruta Sagrada de Wirikuta. Aquí pudimos conocer las biznagas (cabuchera y barril) y el peyote, cacto sagrado de los huicholes.

Cuando llegamos a José de Coronados subimos al mirador para contemplar el pueblo que se yergue como un punto perdido e la inmensidad del desierto. Una parada que inquieta las lentes de nuestras cámaras, ansiosas de plasmar cada uno de los detalles del paisaje.

Durante el recorrido, pareció como si cambiáramos de escenario, porque a medida que fuimos subiendo la sierra, la vegetación se fue transformando. Nos recibió un mágico bosque de pinos, un paisaje que dista mucho del que muestra el Altiplano Potosino. Estábamos en nuestra siguiente escala: La Tolva. A partir de aquí, el camino se hizo más estrecho y escarpado. Pudimos descubrir la diferencia (además de la pericia del chofer) entre las willys y las camionetas comunes de doble tracción. Caminos que parecen intransitables son domados por las willys, no en vano son las dueñas de estos caminos desérticos.

Estábamos en Tierras Negras. A manera que fuimos avanzando por la pendiente, encontramos pueblos fantasmas, que sólo dejan el recuerdo de lo que antes tuvo vida, donde se escuchaban las risas de los niños mientras recorrían cada rincón de las calles y se escondían tras las paredes de sus moradas.

Desde la cima del Cerro de la Corona tuvimos una vista extraordinaria. Pudimos dominar los 2,845 metros de altura, toda la plenitud del desierto. El aire viene y va con mayor y menor fuerza. Con un movimientorápido aprovechó para regalarnos en secreto un suspiro de nostalgia.

Durante el descenso hicimos un par de parada para tomar las mejores fotografías en lugares estratégicos que el guía nos fue sugiriendo. Al caer la tarde, la panorámica de la Mina de Santa Ana y del pueblo La Luz se asomó al fondo de una barranca, como si nos estuvieran esperando cautelosamente. Cruzamos por el pueblo para llegar al socavón del Refugio, antes de internarnos en el Túnel Ogarrio. Al final del túnel de 2.3 km de longitud, paciente y con todo el tiempo del mundo, nos aguardó la magia de Real de Catorce, también nombrado “pueblo fantasma” aunque muestra tanta vida, que ya sólo es un adjetivo más para denominarlo.

Hemos visitado tantos lugares, que estábamos ansiosos por llegar a nuestra siguiente parada: El Socavón de Purísima. Tuvimos que recorrer un camino entre riscos al que le llaman “el camino de los arrepentidos”. Desde lo lejos reconocimos el lugar por su enorme chimenea, vestigio del esplendor de la época. Sentimos un poco de escalofrío, como si alguien nos observaba, pero entre foto y foto, esa sensación desapareció.

Logramos inmortalizar un par de escenarios camino a Carretas. El sol comenzaba a ocultarse en el horizonte. El aire soplaba frío. Ya sobre la planicie, disfrutamos de una puesta de sol que enrojeció las nubes. Una vez más, nuestra cámara logró inmortalizar el paisaje, antes de llegar a Estación Catorce, donde nos esperaba una deliciosa cena, un par de leyendas y una acogedora cama que nos envolvería en toda la magia que sólo se produce en el desierto. Un recorrido en medio del Altiplano Potosino, donde sus pueblos están llenos de leyenda y en cada respirar se siente su encanto.

Deleite al paladar

Por sabor

San Luis Potosí, al igual que la mayoría de los estados del país, tiene gran influencia de la cocina española, aunque regionalmente encontramos marcadas variaciones entre los platillos del Altiplano, de la Zona Media y de la Huasteca, en gran parte debido a las diferencias de clima y de vegetación.

Para comprobarlo, nos dimos a la tarea de degustar cada uno de los platillos característicos de la región. En el Centro, los cabuches fueron los primeros en galanar la mesa, un aperitivo hecho de flores de cactos; y así se fueron sumando el asado de boda, carne de cerdo sazonada con chile ancho; zacahuil, un gran tamal relleno con carne de cerdo; tacos potosinos hechos con queso o pollo y servidos con zanahorias, ejotes, papas y espolvoreados con queso; fiambre potosino, carne y vegetales cocinados en una salsa regional; gorditas de revoltijo, maíz relleno y frito; y migadas, lo mismo que las gorditas, pero más grandes.

En la Zona Media (Río Verde), saciamos nuestro apetito con las enchiladas rioverdenses, servidas con una pieza de pollo de carne oscura y bañada con una sabrosa salsa de jitomate. En esta región los dulces cambian, y encontramos los batidos de cacahuate, que son unos piloncillitos mezclados con ajonjolí y las chancaquillas, tortitas hechas a base de piloncillo y calabaza de pepita tostada.

En la Huasteca comprobamos que los platillos a base de pescados y mariscos son inigualables, como la negrilla, un pescado de la región; las acamayas, especie de langostino de agua dulce; las regias ensaladas de palmito; los quesos de bola rellenos de crema. No podemos olvidar las enchiladas huastecas, tortillas empapadas en salsa. Los platillos hechos con tuna, nopal y limón, también son típicos de esta región.

En el Altiplano hay recetas tan originales, como la de los cabuches, que son las flores de la biznaga; el cabrito es punto y aparte, pues Matehuala es la cuna de este delicioso platillo. No se quedan atrás los quesos a base de leche de vaca y de cabra, o los dulces de leche, como las exquisitas sevillanas, las glorias, la cajeta y los famosísimos chocolates Costanzo.

Mezcal

Al caer la noche y después de un día de mucho ajetreo, la romántica iluminación nos invitó a dar un paseo por las calles de aceras estrechas y fachadas de edificios barrocos en San Luis Potosí. Nos saltó el antojo por saborea un buen mezcal potosino.

En las cercanías del centro se encuentran muchos bares donde ofertan diferentes marcas y calidad de esta bebida. A diferencia del tequila, que a veces se toma de “fondo”, el mezcal se degusta y saborea. Nos recomendaron que para evitar ese sabor de ardor que nos hace cerrar los ojos y agitar la cabeza, hay que degustar el trago y dejar qu se deslice por debajo de la lengua y se mezcle con la saliva, así el alcohol se descompone molecularmente y pasa a nuestro estómago sin mayor parte de su efecto. Con estas medidas, pudimos saborear el mezcal y los curados sin temor a perder la compostura.

Misticismo y festividad

Por tradición

El estado de San Luis Potosí contiene una gran riqueza natural, pero también de costumbres. Se asientan poblados que preservan tradiciones centenarias, rituales mágicos, vestimenta única y música de ensueño.

Las festividades que se celebran tanto en sus pueblos como en la capital obsequian coloridos mosaicos de sincretismo cultural. Por ejemplo, Xantolo es uno de los destinos más representativos y enigmáticos para celebrar el Día de Muertos. Pudimos apreciar un conjunto de tradiciones de origen teenek y náhuatl que está asociado con la bienvenida de los Fieles Difuntos, que regresan cada 2 de noviembre a convivir con sus familiares.

Semana Santa fue, sin duda, una experiencia cargada de misticismo y tradición, sobre todo en la noche del Viernes Santo, cuando inició la Procesión del Silencio. El punto de partida fue el Templo del Carmen, desde donde se agruparon las cofradías e iban avanzando a paso lento; portaban cruces, emblemas religiosos y cirios. Algunas cofradías se engalanaron con trajes de charro y Adelita, y otras por grupos indígenas. El silencio y el luto reinaron en las armoniosas calles de la ciudad. Sobre los hombros de 40 hombres iba en lo alto la majestuosa imagen de la Virgen de la Soledad, protagonista de la procesión.

Otras celebraciones que se pueden apreciar en el estado, pero que no fuimos partícipes, son el Día de San Sebastián, en enero, con danzas regionales, procesiones, música y juegos pirotécnicos; las Fiestas de la Virgen del Carmen y de Santiago Apóstol, en julio, durante las cuales se organizan ferias con eventos típicos, como las danzas de Matachines y procesiones; el Día de San Luis Rey de Francia, en agosto, que abarca también la presentación de danzas, procesiones y juegos pirotécnicos, y las fiestas de la Virgen de los Remedios y de San Miguel Arcángel, en septiembre, con similar conjunto de expresiones de fervor y alegría popular.

En la región Media se mantiene la tradición de cantar y bailar durante las festividades llamadas “Décimas y Balonas”, donde se declaman versos satíricos acompañados de violín, guitarra y jarana, alternando con la costumbre de bailar hasta que el cuerpo aguante.

En la Región Huasteca aún existen grupos indígenas de considerable importancia y pueblos mestizos, donde se conservan más costumbres. Las danzas autóctonas, rituales bailados desde antes de la Conquista, se ejecutan principalmente en festividades religiosas. Entre las más importantes se encuentran Las Varitas, acompañadas de violín y flauta de carrizo, interpretada en la fiesta de San Miguel en Tancanhuitz; EI Zacamzón acompañada con arpa, guitarra y rebelito (violín pequeño); La Danza Grande o Politzón en el municipio de Aquismón; y la Danza del Gavilán interpretada por los Voladores de Tamaletón.

Estas tradiciones están llenas de religiosidad y misticismo, relacionadas con fenómenos naturales y ciclos de fertilidad. Una mezcla de melancolía y alegría que no nos podemos perder, ya que hay festividades en cualquier época del año.

Tesoro de historia

Por cultura

Aprovechamos nuestra estancia en esta emblemática ciudad para conocer el arte que se manifiesta en cada rincón a través de sus diferentes museos. Una ciudad donde el tiempo ha quedado plasmado en los distintos estilos arquitectónicos que van del neoclásico hasta el barroco y el churrigueresco en las construcciones y monumentos de su Centro Histórico.

El trazo de sus calles nos permitió camina por sus cuidadas plazas y jardines. Por la noche cobran vida varios edificios, monumentos y plazas en el Centro Histórico con una tenue iluminación.

Los sitios que han recibido esta decoración lumínica están La Plaza del Carmen, El Jardín de San Francisco con su templo, Plaza Fundadores, la Plaza de Armas y la Catedral, entre otros.

Caminar y admirar sus construcciones nos hizo respirar historia y cultura. Una ciudad que tiene mucho que contar. Sus museos, alojados en mansiones nos permitieron disfrutar de exposiciones de arte, conciertos y obras de teatro. Entre sus principales recintos se encuentra el Museo Federico Silva, Escultura Contemporánea, dedicado exclusivamente a mostrar la obra de este destacado artista mexicano.

Otro recinto es el Museo Francisco Cossío Lagarde, anteriormente la Casa de Cultura ubicado en la calle de Carranza. Un edificio neoclásico de belleza exquisita, rodeado por abundantes y cuidados jardines.

Un imperdible es el Museo de la Máscara, que aloja las mejores colecciones de piezas hechas en distintas regiones de México. Más de 700 máscaras mexicanas se muestran junto con otras provenientes de Europa y Asia.

El Teatro de la Paz, cuyo estilo neoclásico remite a los últimos años del siglo XIX, mantiene una activa cartelera anual y una interesante galería de arte. El Museo Regional Potosino ocupa el espacio del antiguo convento franciscano más grande en el norte de México, que data de 1586.

El Museo Laberinto de las Ciencias y las Artes, ubicado en el Parque Tangamanga, es un espacio único, incluyente y participativo que presenta la ciencia, el arte y la tecnología en un universo conectado e interdependiente.

La importancia cultural de la ciudad se refleja en la celebración de numerosos eventos culturales durante todo el año. En marzo, el Festival de Música Vernácula y el Festival del Son; de abril a mayo, el Festival de San Luis; en mayo, el Festival Internacional de Letras de San Luis; en septiembre, la Muestra Internacional de Folklore y Artes Tradicionales, el Festival Internacional de Danza Contemporánea Lila López; en julio, el Encuentro Bianual de Decimistas y Versadotes de América Latina y el Caribe; en noviembre, el Festival de Música Antigua y Barroca, y en diciembre, la Muestra Anual del Folklor y el Festival de Danzas Étnicas de la Huasteca Potosina.

Un recorrido que nos dejó al descubierto la riqueza de tesoros coloniales con los que cuenta el estado. Una cultura que ha quedado plasmada a través de sus emblemáticos edificios.

Descanso y leyenda

Por placer

Real de Catorce es un pueblo mágico que cuenta con hospedaje para todas las necesidades, desde mesones, villas para estancias largas, hasta hoteles boutique para los más exigentes. La mayoría de las fincas son construcciones antiguas, algunas del siglo XVIII y XIX. Pese a que han tenido algunas remodelaciones, conservan su fachada original. Este toque denota parte de la historia que lo vio nacer y que nos invitó a descubrirlo.

Durante nuestro recorrido pudimos observar que los hoteles boutique mantienen una estructura acogedora, confortable y hasta cierto punto misteriosa. Muchos han sido remodelados, pero conservan los elementos arquitectónicos originales para no romper con los detalles naturales del Altiplano Potosino.

Por la antigüedad de las construcciones, en la mayoría de los hoteles abundan las leyendas, algunas de las cuales se atribuyen a hechos o personajes sobrenaturales. Pese a que podría parecer escalofriante, es uno de los grandes atractivos que encierran estas construcciones. Relatos que nos mantuvieron inmóviles por largas horas mientras disfrutábamos de un delicioso café caliente.

Otros, por su parte, nos mostraron que están inspirados en la filosofía oriental, donde la convivencia de estilos, doctrinas y culturas son el concepto básico del hotel. La remodelación conserva influencia virreinal, mexicana e indochina. Un espacio consagrado al cuidado del cuerpo y el espíritu para mantener el equilibrio. Aquí nos ofrecieron talleres de danza, meditación y yoga. Un espacio donde pudimos experimentar una gran sensación de paz, relajación, respeto y mucha energía.

Nos llamó la atención ver cómo otros han sido sometidos a asombrosas remodelaciones para mejorar la vista y hacer más agradable la estancia. Por ejemplo, cambiar los techos y paredes de ladrillo por vidrio, lo que permite que entre la luz del sol durante el día y caliente el ambiente. Agradecimos estos cambios, porque nos dejaron disfrutar de una vista espectacular en la noche. Pudimos contemplar el cielo totalmente estrellado, una bóveda que hipnotizó nuestros sentidos y nos dejó inmóviles para adentrarnos a las profundidades infinitas del universo.

En cambio, otros, nos hicieron sentir como si fuéramos estrellas de cine. Han aprovechado la fama de ciertas filmaciones realizadas en Real de Catorce para que desfilen artistas e intelectuales y deseen hospedarse en El rincón de los famosos, como muchos lo llaman. Además de tener una de las mejores vistas, mantiene la armonía entre lo original y algunos destellos afrancesados.

Pudimos comprobar que hay hoteles para todos los gustos y bolsillos, unos con más historia que otros, pero todos conservan el toque de misterio e integración al medio ambiente. Como es un lugar ideal para el descanso, no todos cuentan con televisión, teléfono ni Wi-Fi. La finalidad es vivir una experiencia única en medio de la sierra potosina, que nos transporta a un mundo mágico, de ensueño y hasta escalofriante por la cantidad de historias y leyendas que se cuentan entre sus calles.

 

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