El recorrido por la Ruta del Tequila conjuga una riqueza patrimonial, cultural y natural llena de tradiciones mexicanas ligadas al desarrollo histórico de esta bebida emblemática de nuestro país y reconocida a nivel mundial.

Por Norma Esqueda / Fotos: Paulo Jiménez

Teuchitlán

Paisaje agavero y arqueológico

La Ruta del Tequila comprende un circuito por los municipios que rodean el Volcán de Tequila, donde pudimos disfrutar en plenitud de sus tradiciones, atractivos turísticos, culturales y degustaciones.

En esta ocasión, sólo visitamos Teuchitlán, Ahualulco de Mercado, Magdalena, Amatitán, El Arenal y Tequila.

Nuestra primera parada fue Teuchitlán, un encantador pueblo que está enclavado en la zona del Valle de Tequila con su típico toque de provincia. Para refrescarnos, decidimos tener un acercamiento con el paisaje agavero y degustar un “caballito” de tequila, que los lugareños con mucho orgullo nos invitaron a la sombra de un gran árbol mientras veíamos el andar de la gente, que nos saludó con tanta alegría, que pareciese que no existieran preocupaciones en Teuchitlán.

Dentro de sus atractivos nos dirigirnos al río, que lleva por nombre el mismo del municipio, para disfrutar de un agradable día de campo. Para conocer parte de sus bellezas, rentamos una lancha para recorrerlo lentamente mientrasel cielo azulado y la brisa del aire nos dejaba percibir algunas notas aromáticas de los platillos típicos que las mujeres cocinaban con tanta entrega en los restaurantes para deleite de los turistas. Al final del tour nos vimos recompensados al comer una deliciosa carne asada acompañada de algunas probaditas de sus imperdibles guisos ancestrales.

Parte de la magia de este pueblo la descubrimos al platicar con la gente local, que está llena de cultura y pasión por su pueblo; entre risas, leyendas y misterio nos regalaron un poco del encanto de sus tierras.

El municipio ofrece tantas actividades, que es imposible aburrirse. Para el disfrute con la familia o pareja existen múltiples balnearios ubicados sobre la carretera a Etzatlán. Otra opción es la Presa De la Vega, alrededor de la cual hay restaurantes donde se come muy bien, sobre todo las delicias que se pescan en el embalse. Los niños ahí pueden pescar y pasarse un día especial jugando en las zonas arboladas, que se prestan muy bien para un picnic.

Teuchitlán nos siguió sorprendiendo. Fue momento de conocer un lugar mágico: Los Guachimontones. Este centro ceremonial incluye varias construcciones con un estilo arquitectónico peculiar, entre ellas varios túmulos cónicos escalonados o pirámides rodeadas de patios circulares, un juego de pelota, un anfiteatro y algunas terrazas y edificios.

Se cree que tales estructuras eran utilizadas para ceremonias en honor al dios del viento Ehécatl, y que incluían un análogo del juego del volador, donde un sacerdote subía a un poste elevado para rendir honores a la divinidad, mismo que se colocaba en la cima de los túmulos.

Para conocer más sobre esta cultura nos dirigimos al Museo Municipal Los Guachimontones, donde observamos figurillas humanas, vasijas, animales, herramientas de piedra y obsidiana, así como maquetas representativas de las tumbas de tiro, una ceremonia del Dios Ehécatl y fotografías del conjunto arqueológico del antes y después de su restauración. Este sitio nos mostró su mitología, costumbres, agricultura, ciencia y mucho misterio sobre la cultura.

El sol se empezó a ocultar, el frío avanzó a medida que se oscureció el camino y los mosquitos se acercaron ávidamente para saludarnos sin piedad. Estas señales nos indicaron que era momento de ir a descansar.

La Ex Hacienda Labor de Rivera (Km. 55 Carr. Guadalajara Tala Etzatlán, 46796, Teuchitlán, Jalisco México. Tel. 01 (384) 1060- 588. www.haciendalalabor.com) nos guió por sus caminos empedrados; a los lados se alzaban árboles que guardan una gran historia al pasar de los años entre sus raíces. Las paredes de esa antigua construcción, que data del siglo XVII, aún mantienen su encanto y leyendas que se escuchan entre los pasillos de sus instalaciones.

Por la mañana pudimos realizar algunas actividades que se ofrecen dentro de la hacienda, como cabalgatas, kayaks, paseos en bicicleta, alimentar a los caballos y los típicos pajaretes, dinámicas que enamoran a los pequeños; picnic a la orilla del lago y senderismo, así como espectáculos privados de charrería.

Un espacio pensado en la relajación, convivencia con la familia o en pareja, sin ningún tipo de distractores. Sólo en la parte del lobby y restaurante hay wi-fi, no hay televisión ni teléfono. Pasillos que nos hicieron acercarnos y tener un encuentro con la historia, la naturaleza y las costumbres de Teuchitlán.

Ahualulco de Mercado

Un capricho natural

La mañana fresca nos despidió de la Hacienda Labor de Rivera. Tomamos carretera y a menos de 20 minutos nos encontramos con una panorámica del paisaje agavero que, en medio de sus planicies, nos dejó clara la imagen de la tradición tequilera.

La emoción nos invadió cuando iniciamos por un tramo de terracería donde, con ayuda de un vehículo 4×4, pudimos recorrer sus sinuosos caminos. Las Piedras Bola son un capricho de la naturaleza; en promedio miden entre uno y dos metros de diámetro, aunque algunas alcanzan los tres metros. Su magia radica en su perfecta redondez y en que algunas se encuentran casi suspendidas mientras la mayoría están semienterradas. De acuerdo con estudios, se cree que estas impresionantes esferas naturales fueron formadas hace más de 40 millones de años al cristalizarse ceniza volcánica.

Después de una larga caminata, se nos abrió el apetito. Nuestra siguiente parada fue Hacienda El Carmen (Ramón Díaz Ordaz No. 2-1, El Carmen, Ahualulco de Mercado), que se encuentra rodeada de cañaverales, plantíos de agave y una panorámica hacia los volcanes de Tequila y Ameca. Entre las actividades que pudimos realizar fue dar un paseo a caballo, un recorrido en bicicleta de montaña y andar en el lago en una de sus lanchas de pedaleo.

Ahualulco es un destino ideal para largas caminatas y gozar de la zona boscosa. En el parque se ofrecen diversos atractivos para el turismo de aventura, como puentes colgantes, senderos interpretativos y tirolesas.

Magdalena

Magia entre piedra y agua

Llegamos a un pueblo típico del estado de Jalisco. A nuestro paso fuimos observando su plaza, que invita al descanso, sus construcciones civiles y religiosas de gran belleza e historia, sus innumerables talleres artesanales y sus alrededores llenos de bellos escenarios verdes de gran valor y atractivo, todo pareció ser una razón suficiente para involucrarse en las costumbre de este lugar tradicional y con tanta cultura, que nos esperó con los brazos abiertos para sorprendernos con todo su esplendor.

Un transitar por el pueblo antes de llegar con don Javier López Mata, un reconocido artesano que trabaja el ópalo, quien tiene su taller y tienda llamada Ópalos de México, Ópalos de Magdalena en Independencia No. 115, Magdalena, Jalisco. Tel. 01 (386) 744-0447.

A bordo de su camioneta arreglada que parecía más bien un jeep, iniciamos nuestro recorrido hacia la Mina de ópalo. El camino era bastante empedrado, y pese a las maniobras de don Javier, nos movíamos de un lado a otro con sacudidas agitadas como resultado del camino irregular.

El brincoteo pasó a segundo plano al iniciar el ascenso en la mina, donde la primera parada fue en un gran árbol que don Javier trepa y se sienta sobre una de sus gruesas ramas para meditar y disfrutar de una vista inmejorable, un azul que deslumbra y deja ver a lo lejos los plantíos de agave. Volvimos a continuar con el recorrido y las sorpresas no pararon, los paisajes fueron cada vez más hermosos, al dejar al descubierto tonos cobrizos. Poco a poco los verdes ceden el paso a la tierra rojiza y a los montones de cantera que desechan los trabajadores de la mina.

Después de un trayecto de cerca de 20 minutos, en plena Sierra Madre, por fin llegamos a la mina La Lupita. Entre montones de piedras a los lados del camino, algunas resaltaban por su brillo, que aún mantenían un pequeño trozo de ópalo, por fin llegamos a la entrada de la mina, que se parte en dos y deja ver una abertura de unos cuatro metros de ancho, donde se alzan sus muros rojos, como si sangraran, por los desgajamientos producidos por los mineros en busca de esta valiosa piedra. Al cruzar esta entrada, nos sorprendió una gran planicie, el centro mismo de la montaña, donde se hallan gigantescos montones de piedra que han sido cortados por los trabajadores en busca de una gran pieza de ópalo, que les dé para vivir sin preocupaciones económicas el resto de su vida.

Las jornadas aquí son de varias horas y hasta semanas a pleno rayo del sol. Sus fieles compañeros, un casco, pico y agua. A cada corte de piedra, no se pierde la esperanza de ser recompensados con una buena piedra de ópalo.

Existe una gran variedad de ópalos preciosos, como el negro, que es muy difícil de conseguir y bastante preciado, el ópalo azul lluvia, azul pavo, rojo sangre de pichón, rojo fuego, verde esmeralda, blanco y amarillo.

La aventura continuó al presenciar desde lo alto de la mina un atardecer mágico, donde el sol se fue escondiendo entre los cerros adornados de agave que rodean el municipio. Antes de que se fuera el último brillo de luz, tomamos camino hacia la mina de obsidiana, en donde se encuentran trozos en grandes cantidades sobre el piso. Un plus que ofrece don Javier, es que todas las piedras que uno encuentre, nos las podemos quedar. Una recompensa que todos agradecimos.

Bajo un cielo rojizo, paisajes verdes y el cruzar de las ardillas sobre el camino, tomamos la carretera de regreso al pueblo. Un recorrido que nos dejó una gran satisfacción de conocer las bellezas naturales que nos regala el municipio de Magdalena.

 Amatitán

Historias de misterio y agave

Un pueblo lleno de historias, leyendas, mitos y supersticiones son aspectos que encantan y le dan magia. Una vez en la iglesia y en la plaza principal, percibimos cierta energía bajo nuestros pies. Cuentan los lugareños que podría ser el dragón de siete cabezas, conocido como “El Dragón”, que se desliza por los túneles y cuevas que existen como laberinto debajo del municipio.

Dentro de sus atractivos fue conocer los túneles que corren debajo del suelo, que guardan muchos secretos e historias. Algunos son tan grandes, como los que van hacia las montañas, que se pueden cruzar a caballo. Algunos tienen pasadizos laterales, grietas y callejones sin salida, lugares perfectos para esconder tesoros.

Se cuenta que eran rutas de escape de los cristeros y escondites de los mineros, quienes guardaban oro, plata y ópalo que encontraban en la montaña o robaban a los más acaudalados.

Estas rutas se han perdido u olvidado con el tiempo, al colapsarse los túneles, al llenarse de agua, al cubrirse las entradas por plantas o por movimientos de la tierra. La búsqueda continúa, las historias del oro abundan y la recompensa podría ser una riqueza más allá de lo que uno pueda imaginar.

Este pueblo es uno de los que guardan más historias del tequila. Bajo este antecedente, decidimos conocer un poco más a fondo el proceso del tequila, así que tomamos camino hacia la Hacienda San José del Refugio – Casa Herradura, donde nos dieron un paseo por las instalaciones y nos explicaron la elaboración de tal bebida. Al final del recorrido nos dieron una degustación del tequila que aquí se produce para saborear el producto final.

Actualmente ya está cerrada la parte antigua de la fábrica. Sólo se dan recorridos con un guía, pero están prohibidas las fotografías, por considerarse propiedad privada.

Una vez en estas tierras, decidimos vivir la emoción más a fondo, y fuimos a ver el amanecer en los plantíos agaveros en los Campos Buenos Aires, que son propiedad de la familia José Cuervo. Un espectáculo sin igual. Logramos observar cómo fue saliendo el sol por el Cerro de la Tortuga. El frío nos entumeció y heló hasta los huesos, pero estos momentos que nos regaló la naturaleza son imperdibles. Poco a poco se fue iluminando el Volcán de Tequila, al tiempo que el cielo adquirió tonalidades naranjas, que se contrarrestaron con los azules del agave.

Los primeros rayos de sol sobre los agaves indicaron que era momento de iniciar la jornada laboral. A lo largo de los canales don Manuel y don Francisco comenzaron a limpiar los plantíos. Trabajo que desempeñan con tanta pasión y amor, que se ve reflejado en los cuidados de los agaves.

Más tarde pudimos observar una exhibición de jima, que es el proceso en el que el agave es segmentado para extraer el corazón. Un proceso bastante cansado y tardado; los rayos del sol dejaron caer gotas de sudor del rostro del jimador hasta las piñas. Una labor bastante cansada, pero con resultados óptimos para obtener un buen tequila.

Con esta imagen le decimos adiós al pueblo de Amatitán, que porta paisajes impresionantes de manta azul. Sus vastos campos nos enamoraron con sensaciones que hacen detener el tiempo en la tierra del tequila.

El Arenal

Patrimonio tequilero

Este poblado de La Ruta del Tequila es el más cercano a Guadalajara y es considerado una importante zona donde se cultiva y se produce Agave Azul Tequilana Weber, que es procesado para la obtención del tequila.

Llama la atención que sus callejuelas se desarrollaron de la mano de la industria tequilera. Sus calles son angostas, lo que lo hace ideal para recorrerlo a pie, en bicicleta e incluso a caballo.

Para poder apreciar sus inigualables calles, nos aventuramos a realizar el recorrido por La Ruta Ciclista Haciendas y Aromas de El Arenal, una ruta multitemática donde logramos contemplar los colores de la mañana y los aromas típicos de un pueblo tequilero. En un circuito de 10 km atravesamos sus bellos callejones, antiguas haciendas tequileras, el paisaje agavero, degustamos platillos típicos del municipio y el tequila recién destilado.

Un recorrido que nos acercó más al tequila para conocer su historia, el proceso de fermentación y destilación hasta ser empacado para su consumo. Además, durante sus callejones nos detuvimos en algunas de sus tiendas de artesanías en las que pudimos adquirir diversos productos elaborados en cerámica, talavera, textil y esculturas.

El Arenal se caracteriza por tener un gran número de haciendas tequileras, como la Ex Hacienda y Destilería La Calavera. Entre sus atractivos resalta la vieja tahoma, que servía para moler el agave; la Ex Hacienda de El Careño, que fue de las primeras en usar el cocimiento a vapor; Santa Quitería, otra vieja hacienda de producción primitiva de tequila que comparte su nombre con la Zona Arqueológica Santa Quitería, asentamiento que fue parte de la tradición Teuchitlán (Los Guachimontones).

También tuvimos oportunidad de visitar la Ex Hacienda la Providencia, que aunque ya no está en operación, muestra todo el instrumental original con el que destilaban el tequila; otra opción fue La Fortuna o La Primavera, que es sede local de la Expo Ganadera. Sin duda, mucho por conocer.

No muy lejos se ubica la Destilería El Cascahuin que aún se encuentra en operación; o la Ex Hacienda de Huasca, actualmente habitada y de una arquitectura inigualable. Un tour que nos dejó mucho de la historia del tequila y su producción rústica, que le dio el sabor que hoy ostenta a nivel mundial.

Después de un paisaje agavero, fue momento de visitar Rio Country Club, un impresionante y exclusivo desarrollo residencial de alto nivel y diseño de vanguardia que se encuentra en un espacio natural de más de 357 hectáreas entre ríos, valles y cañadas. Cuenta con un campo de golf de 18 hoyos Jack Nicklaus Signature categoría campeonato, único en su clase; múltiples amenidades y servicios e infraestructura de la más alta calidad. Una invitación a vivir con calidad, en un ambiente seguro, rodeado de naturaleza.

Después de este recorrido y de vernos adentrados en un paisaje azul de agaves y gran cantidad de fábricas de tequila, pudimos sentir la esencia local, que nos invitó a probar un buen tequila, conocer cómo se cultiva y se fabrica, y gozar de la amabilidad de su gente, que nos recibió muy afectiva.

Tequila

Cuna del agave

La Ruta del Tequila no podía estar completa sin visitar la ciudad que lleva por nombre la bebida más tradicional de México. Un Pueblo Mágico lleno de encanto y tradiciones que nos representan en todo el mundo.

Después de un recorrido por los cinco municipios que comprenden la Ruta del Tequila, donde cada uno tiene su encanto, belleza, historia y plantíos agaveros, fue momento de internarnos en otra aventura que nos hizo despertar todos nuestros sentidos. Percibimos sus aromas, lo degustamos, sentimos y vivimos la pasión de su gente que con tanta entrega trabaja para tener un tequila de calidad. Descubrimos que la vida en Tequila está llena de riqueza cultural, gastronómica e ingenio en sus artesanos quienes, con tanta dedicación, crean productos originales para que los llevemos a nuestros hogares.

Decidimos regresar a Guadalajara y vivir una mágica experiencia en el Tren José Cuervo Express. En punto de las 9:00 de la mañana partimos de la estación Ferromex rumbo a Tequila Pueblo Mágico (los recorridos sólo se realizan los viernes, sábados y domingos).

A bordo del tren pudimos vivir una experiencia con toques muy mexicanos. Para amenizar nuestro trayecto, el personal se encargó de ofrecernos diferentes bebidas que llevaban como ingrediente principal tequila. Con juegos de lotería y gran ánimo fuimos atravesando los paisajes agaveros y cruzando los municipios de El Arenal y Amatitán a una velocidad de 60 km/h por cerca de dos horas.

Cuando llegamos a la estación de Tequila ya nos estaban esperando los mariachis, quienes de inmediato hicieron que se activaran todos nuestros sentidos en una euforia de pasión por iniciar esta experiencia inolvidable.

Nuestra primera parada fue visitar el hogar de uno de los pilares más importantes de la industria tequilera: la dinastía Sauza. La visita inició en el pintoresco Rancho El Indio, donde pudimos asistir a una verdadera muestra de jima. Después regresamos a la destilería para observar el proceso del tequila: recepción de agave de la molienda, la hidrólisis, fermentación, destilación, añejamiento y embotellado. Después de una interesante charla sobre el proceso de producción, las mejores bebidas de tequila recién preparadas nos esperaban en La Quinta Sauza.

Como llevábamos muy buen tiempo, decidimos ir a otra fábrica que también es una tradición visitar, Tequila Orendain, que nos abrió sus enormes puertas para conocer el proceso tanto moderno como antiguo. Cuentan con hornos de mampostería y autoclaves, con esta demostración pudimos entender las diferencias entre un proceso y otro, al tiempo que nos envolvió un aroma inigualable del agave cocido.

El hambre se apoderó de nosotros, así que decidimos tomar camino hacia Fonda Cholula, el punto más cercano a la destilería La Rojeña, lugar que visitaríamos más tarde.

El menú es muy variado, pero decidimos probar el tradicional alambre agavero, que consiste en una penca de agave al horno sobre una plancha de arroz con plátano bañado en queso sobre una adobera para fundir. También tuvimos oportunidad de degustar el chamarro de cerdo cocinado en penca de agave, el filete dos santos con salsa de jugo de agave y las brochetas de camarón.

Después de un buen tequila como aperitivo, tomamos rumbo a La Rojeña, destilería insignia de José Cuervo, considerada la más antigua del continente americano y que después de 250 años sigue produciendo su famoso tequila artesanal. Una vez en recepción, con Gaby, nuestra guía, iniciamos el recorrido por sus instalaciones. De manera clara y detallada nos explicó todo el proceso de producción, desde la recepción de agave, la carga en sus hornos de mampostería, la descarga, la desgarradora, la molienda, hasta la fermentación, la sala de destilación con sus alambiques de cobre y las miles de barricas que se apilan en las salas de añejamiento. Al final tuvimos una cata con tequila blanco, reposado y añejo en la sala Experto Tequilero.

La tarde empezó a refrescar, y en medio de la plaza nos topamos con Toño, un guía experimentado, quien nos ofreció un recorrido turístico a bordo de un curioso transporte que evoca un barril de tequila. Entre calle y calle nos contó la historia de cada una de las casas tequileras que aún se encuentran en esta ciudad, algunas olvidadas o en desuso. Pero esto no fue impedimento para que nos narrara algunos datos curiosos sobre sus propietarios, trabajadores o construcciones, que escribieron la historia entre cerros y agaves.

Un lugar imperdible de visitar son los lavaderos, que se ubican entre el cerro de la Cruz y el de la Loma de La Perseverancia. Para llegar a ellos tomamos la ruta por las antiguas destilerías hasta llegar a una camino cerrado por los dos cerros. Las calles se han preservado en perfecto estado original, pero los lavaderos fueron remodelados recientemente, ya que los anteriores se encontraban muy deteriorados por el uso y el tiempo. Éstas presentan un impecable empedrado utilizadas para transportar las piñas de agave y productos terminados de la destilería principal de Orendain y Tequila Fortaleza.

El lugar nos pareció misterioso y frío, pese a la temperatura cálida que se vive en Tequila. Tal vez por esta misma razón se cuentan leyendas sobre las numerosas cuevas localizadas en el lugar. Los lavaderos ganaron fama poco favorable, ya que entre tallada y tallada, no faltaban los chismes que se inventaban para luego dispersarse por el pueblo.

La noche nos sorprendió en Tierra Mágica (Jesús Rodríguez de Hijar No. 25, El Rastro, 46400 Tequila, Jal. Tel.: 01 (374) 742-1414), un hotel boutique bastante acogedor y privado bajo un concepto de época, con una decoración en madera, barro, talavera, manta y forja, su iluminación ofrece un ambiente cálido y cómodo. Su restaurante es bastante acogedor, además de que preparan unas pizzas en horno realmente exquisitas.

Justo en la plaza frente a la iglesia se ubica El Palomar Café (Vallarta No. 2, Zona Centro, Tequila, Jal. Tel. 01 (374) 742-4429). Aquí cargamos energía para nuestra siguiente actividad: cabalgata, con un menú de gran sazón.

La hora llegó y pasó por nosotros Cuauhtémoc Lizardi de Bike Adventure (Tabasco No. 20-B, Tequila, Jal. Tel. 01 (374)1094-367). Además de cabalgatas, también se puede solicitar el servicio de senderismo y ciclismo, pero preferimos la ecuestre. Los lugareños nos comentaron que la mejor forma de vivir la Ruta del Tequila es a caballo, como lo hacían los revolucionarios que cabalgaban estos senderos camino a Guadalajara.

Salimos desde el centro por las calles empedradas de este pueblo mágico, recorrimos campos de agave, disfrutamos de asombrosos paisajes, historias y leyendas. Una forma diferente de conocer el proceso artesanal con más de 150 años de historia.

Después de un día de mucha historia y diversión, llegamos al hotel Los abolengos, donde dimos por terminada una aventura por seis municipios de la Ruta del Tequila. Nos despedimos con la certeza de haber vivido un viaje completo en medio de los plantíos agaveros. Un momento que capturamos entre nuestros recuerdos y logramos respirar en nuestra habitación lo dulce del agave azul del tequila.

 

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