Texto y fotos: Miguel Naranjo

En Puerto Vallarta se puede vivir un mar de aventuras con su inconfundible clima tropical, recorrerlo de lado a lado y realizar actividades en medio de un ambiente majestuoso lleno de tesoros por descubrir.

Regresar a Puerto Vallarta es volver a vivir historias de aquellas vacaciones familiares que tuvimos en la infancia; y aunque ha pasado el tiempo, esta ciudad siempre tendrá en su interior el alma de un pueblo, la esencia de visitar un lugar de talla internacional, sin dejar de lado la riqueza cultural y el tradicional folclor que caracteriza a México.

Las calles empedradas que recorren todo el centro de la ciudad y sus tejados de barro crean una escena increíble para tomar fotografías; es justamente el corazón del pueblo y el más grande orgullo de los locales.

Nuestra primer parada fue el famoso malecón. Aquí se encuentran todo tipo de restaurantes, bares y antros. Sin duda, fue la mejor idea para festejar nuestra llegada al trópico vallartense.

Mientras nos decidíamos por la mejor opción para cenar, recorrimos los 800 metros que comprende el malecón mientras disfrutábamos la puesta del sol; éste es uno de los mejores espectáculos de la naturaleza que se pueden vivir aquí. Puerto Vallarta es privilegiado y reconocido como uno de los destinos con mejores atardeceres de México.

Nos decidimos por cenar en un lugar de comida mediterránea llamado Trío, situado a unas calles de la Iglesia de Nuestra Señora de Guadalupe. Curiosamente, el eslogan del lugar es “Cocinada con amor”, y vaya que es una experiencia culinaria exquisita. Su menú está encabezado por el chef Benrhard Güth, y nos dejó bastante satisfechos.

Como sabemos que la vida nocturna es uno de los momentos que más se disfrutan, pasada la cena visitamos una mezcalería llamada Bar Morelos. Tiene un ambiente muy propio de la ciudad. El sitio donde se ubica es una vieja casona adaptada a lo que hoy en día es uno de los bares más concurridos en el centro. Tuvimos una noche muy agradable y disfrutamos de un par de shots de mezcal y exóticos tragos de su carta de mixología.

Museo al aire libre
Es toda una aventura recorrer el corazón y el alma del malecón entre esculturas, palmeras, colores y mar.

Caminar por el malecón de día es totalmente distinto a realizarlo de noche, por lo que decidimos recorrerlo nuevamente en la mañana. Esta vez caminamos la primer sección, que comprende del Hotel Rosita y termina en el Anfiteatro de Los Arcos. Después pasamos a la sección Malecón II, que extiende el recorrido a kilómetro y medio bordeando la orilla del mar.

A lo largo del malecón hay esculturas de artistas como José Ramiz Barquet, autor de La Nostalgia, una escultura que ha estado por décadas y que representa de forma abstracta a una pareja contemplando el horizonte.

Para nuestro gusto, una de las favoritas fue La Rotonda del Mar, creación del escultor tapatío Alejandro Colunga. Esta bizarra rotonda se conforma de ocho sillas de bronce con personajes antropomórficos y fue pensada en la interacción del público visitante. Cada una de estas esculturas integra partes humanas y marinas, lo que le da un toque surrealista al malecón. Es impresionante cómo la gente disfruta de esta obra, ya sea para tomarse fotos o para sentarse y sentir la brisa del mar mientras llega la caída del astro rey.

Además de las esculturas, también nos topamos con estatuas vivientes, gente que realiza trucos o actividades sorprendentes en esta área; diferentes personajes como una pareja arena jugando ajedrez, un ángel flotando sobre su espada y hasta un grupo de muchachos haciendo break dance.

Un espacio donde se puede respirar de un vasto aire artístico y ecléctico. Además, existen galerías en toda la ciudad que exhiben arte huichol, esculturas y pinturas; incluso en muchas calles se pueden apreciar increíbles piezas de arte urbano o grafiti.

Existen varios iconos que hacen referencia al destino, El niño sobre el caballito de mar del escultor Rafael Zamarripa, que es el símbolo que representa por excelencia a Puerto Vallarta. También el logotipo oficial de la oficina de turismo tiene como gráfico principal un colorido caballito de mar conformado por una gama de colores muy mexicanos.

Pocos conocen la historia de este pequeño jinete que ha cabalgado de regreso del mar a la tierra que lo viera nacer; y es que esta escultura ha sido derribada por las fuertes tormentas en dos ocasiones. Para fortuna de todos, en ambas fue recuperada y colocada en su posición original en Playa Los Muertos. La réplica que se observa en el paseo del malecón se le pidió al escultor en 1976, mientras que la figura original fue elaborada en 1960.

En busca de la razón, del artista mexicano Sergio Bustamante, es otra de las esculturas que tiene mayor popularidad entre los turistas. Incluye a tres personajes con cabeza triangular vistiendo una túnica que cubre todo su cuerpo y una escalera de casi nueve metros con la que se puede interactuar subiendo algunos peldaños para tomarse una divertida fotografía.

A unos pasos, sumergido dentro de la urbe local, se encuentra La Isla del Río Cuale, una zona donde es posible encontrar todo tipo de souvenirs. Nosotros aprovechamos para adquirir algunos collares, llaveros y playeras para obsequiar a nuestros amigos y familiares al regresar a nuestra ciudad de origen.

La Islita, como es conocida por los lugareños, es un pequeño islote que parte en dos el cauce del Río Cuale, mismo que desemboca en la playa y se puede apreciar desde el puente que conecta el Malecón II con la Zona Romántica, el lugar perfecto para capturar una buena fotografía del atardecer.

Zona romántica
Refleja el verdadero encanto del puerto y es preferida por quienes gustan de viajar solos y disfrutar de la parte bohemia del pueblo.

Visitamos la Zona Romántica o también conocida como el Viejo Vallarta, uno de los lugares más activos del puerto. Las calles son más estrechas, hay tiendas, cafés, bares, restaurantes y hoteles por doquier. Además, es una de las áreas con mayor tráfico de gente en el destino, claro, después del malecón, donde la diversión no para.

También recorrimos Los Muertos, una de las playas más emblemáticas de Puerto Vallarta. Caminar descalzos sobre la suave arena dorada es una experiencia muy relajante; es una de las playas que atrae a más turistas. Se pueden encontrar las famosas varitas de trozos de pescado asado que, coloquialmente, se le conoce como pescado-en-vara-asado o embarazado.

En esta playa se encuentra situado el famoso muelle que fue reinaugurado en enero de 2013, y aunque dejó de ser el muelle sencillo que conocían todos los pescadores locales, el actual nos encantó.

Su nuevo diseño fue creado por el arquitecto José de Jesús Torres Vega, y la estructura corresponde a la forma de una gran vela con un andador curvo que se extiende por 100 metros sobre el mar. Por las noches se vuelve una fiesta de color, ya que al caer el sol, se encienden las luces que lo bañan de colores, dejándole ver incluso desde algunos puntos del malecón. Simplemente, un gran espectáculo.

Desde este punto, pequeñas y medianas embarcaciones privadas y taxis acuáticos parten hacia las playas del sur de Puerto Vallarta, como Colominos, Las Ánimas, Quimixto, Majahuitas y Yelapa. Nosotros, por recomendación, teníamos muchas ganas de visitar Yelapa, una tranquila playa virgen con agua esmeralda cristalina, así que nos aventuramos por el mar.

De camino, observamos a una familia de delfines saltando. Tuvimos la oportunidad de nadar y hacer snorkeling en el Parque Nacional Los Arcos de Mismaloya, un lugar maravilloso lleno de fauna marina en el que se puede apreciar todo tipo de peces. Uno de los favoritos para aficionados y profesionales del buceo.

Después de 40 minutos navegando por el mar, finalmente llegamos a nuestro destino. La pequeña bahía de Yelapa, conformada por arena gruesa. Se debe recorrer a pie, ya que el pueblo se encuentra en la montaña. Esta noche nos hospedamos en el Hotel Lagunita, muy bonito de villas rústicas. Este romántico lugar cuenta con una alberca de agua natural hecha de manera muy artesanal con piedra y cemento. Nuestra experiencia aquí no podría haber sido mejor.

Disfrutamos la colorida puesta del sol y por la noche caminamos por el pueblo en busca de un lugar llamado Los Abuelos. Entre tacos con tortillas de maíz negro, ensaladas y burritos nos llegó la silenciosa noche. El cielo estrellado y el arrullo de las olas del mar, sin contar con la pobre señal celular, fueron testigos de una noche de completa relajación.

Al día siguiente partimos muy temprano, ya que nos esperaba una gran aventura en la Marina de Puerto Vallarta. Nos preparamos para uno de los tours extremos: Tsunami jet boat, es una lancha rápida capaz de alcanzar hasta 90 km/h y dar giros de 360 grados.

Con la adrenalina a flor de piel subimos a la embarcación que tiene un diseño muy peculiar con vivos en verde neón. Al salir a una zona segura de la bahía rugieron los motores y comenzó la aventura, alcanzando una gran velocidad en muy poco tiempo y en una corta distancia. Momentos después, los giros se hicieron presentes. Recorrimos la zona turística hasta el malecón en un instante, y al grito de uno, dos, tres… ¡tsunami!, una nueva maniobra nos empapó completamente.

El jet boat se zambulle ligeramente en el mar haciendo una pequeña ola que entra por completo a la embarcación llenándola de agua. Este nuevo movimiento nos dejó sin palabras. Tsunami, la montaña rusa del mar, es una de las más recientes atracciones que llegó al destino para quedarse. Sin duda, una gran opción para quienes gustan de las emociones fuertes.

Otro de los tours que pudimos hacer fue el paseo con el equipo de Jetski Adventure. Si de algo disfrutamos, fue de la libertad de manejar una moto acuática. Nuestro guía nos condujo a lo largo de la bahía, permitiéndonos experimentar la velocidad y la sensación de navegar en el mar.

Pero no toda la emoción se quedó en el mar. Después decidimos comprar el tour River Expedition de la empresa Canopy River. Una aventura sin límites rodeados por la naturaleza. Partimos desde la zona hotelera a bordo de una camioneta pick up modificada con bancas acojinadas. En ella subimos la montaña por caminos de terracería que seguían el cauce del río hasta llegar a las instalaciones donde se concentra la salida de las distintas actividades que ofrecen.

Inició nuestra travesía por las montañas cruzándolas en líneas de tirolesa mezcladas con puentes colgantes. Las majestuosas vistas del entorno natural a 200 metros de altura nos permitieron volar sobre la copa de los árboles.

Justo después de la tirolesa nos esperaba el descenso en rappel. En un muro de aproximadamente 27 metros nos suspendimos sobre una cuerda, fue el momento justo para gritar como tarzán en la selva.

Después del descenso llegamos al río, aquí tomamos unas pequeñas balsas o salvavidas inflables para dejarnos llevar por la corriente en una serie de rápidos. Y para finalizar, unas mulas nos esperaban para llevarnos de regreso a donde iniciamos nuestro recorrido.

Nos queda claro que Canopy River sabe cómo tratar a sus invitados. Unos minutos antes de prepararnos para regresar a la zona hotelera, tomamos un momento para contemplar la naturaleza una vez más y conocer el colosal puente colgante vehicular más grande de su tipo bautizado con el nombre de Jorullo Bridge.

El puente colgante permite hacer un recorrido y cruzar el Río Cuale en vehículos todo terreno, incluyendo cuatrimotos, a través de un puente de 470 metros de largo y 150 metros de altura que ofrece una vista espectacular de 360 grados hacia las montañas de la Sierra Madre.

Dentro del recorrido que ofrece Canopy, también es disfrutar de las aguas cristalinas y una hermosa cascada, en una experiencia en medio de la selva, pero sin dejan de lado la conservación y protección del ecosistema.

La Playa del Amor en Islas Marietas
Un paraíso donde se pueden observar ballenas, delfines, aves y una gran variedad de vida marina en un mundo multicolor.

Una vez en Puerto Vallarta, no nos podíamos ir sin visitar uno de los sitios más espectaculares: Islas Marietas. Nos embarcamos en busca de esa increíble playa secreta que ha dejado a todos con la boca abierta.

Después de su reapertura en 2016, la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales, en conjunto con la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas (CONANP) y las autoridades locales han tenido especial cuidado del ecosistema marino, lo cual nos parece una de las mejores decisiones que se pudieran tomar al respecto.

Al llegar al grupo de islas nos informaron sobre los procedimientos de entrada, salida y del tiempo que podríamos permanecer en la exótica Playa del Amor.

Una vez que nos lanzamos al agua, pudimos observar la comunidad coralina que habita alrededor de la isla y una gran cantidad de peces multicolor, morenas y rayas; toda una experiencia. Después de nadar unos metros en agua cristalina bajo la cueva, los rayos del sol iluminaron la salida del pasillo y el domo se abrió, lo que dio lugar a la fantástica playa secreta. Existen pocas experiencias tan placenteras, pero ésta es una de las que debes vivir al menos una vez.

Por un costado de la playuela se encuentra una pequeña pero espectacular saliente que conduce hacia uno de los puntos externos de la isla, a esta parte se le conoce como La Bufadora, debido a que las olas del mar golpean la isla y el viento produce un silbido al pasar a través de la cueva.

Se cuentan distintos mitos acerca de la creación de esta paradisiaca playa. Hay quienes sostienen la idea de que la naturaleza es quien estuvo detrás del nacimiento de este lugar; mientras que otros siguen con la idea de que las perforaciones que tiene la isla fueron causadas por prácticas militares de bombardeo durante la época de la Segunda Guerra Mundial. Sin embargo, no se tiene una confirmación oficial de que esto sea cierto. Lo que es una realidad, es que este es otro de los puntos que ha colocado al destino turístico en la mira de millones de visitantes nacionales y extranjeros.

Sin dejar nada a la duda, Puerto Vallarta nos sorprendió una vez más. Sus increíbles atardeceres, paisajes naturales, tanto de montaña como de mar, son el lugar perfecto para disfrutar de unas merecidas vacaciones en las que se puede incluir tradición, aventura y romance. El desarrollo que ha tenido en los últimos años ha hecho de este destino una mezcla entre lo tradicional y lo moderno. Es por esto que podemos concluir que este paraíso es una de las joyas mejor guardadas del Pacífico Mexicano.

Visitarlo es sinónimo de alegría, amabilidad y exquisita gastronomía gourmet. Sus restaurantes, como La Leche, Café des Artistes y La Palapa, son el claro ejemplo de la innovación y la creatividad de uno de los destinos con mayor referencia culinaria en el país.

Nosotros nos fuimos esperando regresar muy pronto a probar “el agua del Cuale”, para comprobar uno de los mitos locales: quien toma agua del Cuale, jamás se olvida de Puerto Vallarta.

Comments are closed.