Morelia es una ciudad que brilla por su música, artesanías, arquitectura, gastronomía, cinematografía, hospedaje, bellezas naturales y pasado histórico.

Por Norma Esqueda / Fotos: Rodrigo González

Una ciudad que atrapa: Centro Histórico 1

En esta ocasión, Morelia me invitó a recorrer cada una de sus calles a pie, conocer su historia, admirar sus 15 plazas y 1,113 monumentos en cantera rosa que ponen de manifiesto la magistral y ecléctica fusión del espíritu medieval con elementos renacentistas, barrocos y neoclásicos.

El punto de partida fue la imponente Catedral (Av. Francisco I. Madero s/n, Centro Histórico), una de las edificaciones más emblemáticas y representativas dada su altura, ya que cuenta con dos altas torres que se divisan por todo el valle de la ciudad.

En dirección hacia el Este se ubica la Casa de las Artesanías de Michoacán (Fray Juan de San Miguel 129, Plaza Valladolid), un museo, galería y tienda que muestra obras artesanales de casi todo el estado de Michoacán.

A unas cuadras, hacia el sur, está el Museo Casa Natal de Morelos (Corregidora y García Obeso), que exhibe diversos objetos, como monedas de las que el héroe de la Independencia mandó acuñar y pinturas relativas a su vida sobresaliendo las realizadas por el artista michoacano Alfredo Zalce.

Para seguir con la historia de este personaje de la Independencia, el Museo de Sitio Casa de Morelos (Morelos Sur 323 esq. Soto Saldaña) relata, a través de pinturas, fotografías, muebles, objetos de época y documentos facsimilares, la vida preinsurgente de don José María Morelos y Pavón.

Morelia también es famosa por dejarnos un grato sabor de boca, así que el antojo por degustar los exquisitos dulces del estado, no se hizo esperar. En el Museo del Dulce (Av. Madero 440) se exhiben más de 300 variedades de dulces artesanales, rompopes y pasteles para todos los gustos. También venden artesanías en madera, textiles y cobre a precios muy accesibles.

Continué con mi recorrido hacia el Este, hasta el punto de encuentro del Acueducto y la Av. Francisco I. Madero. Aquí pude apreciar la fuente más famosa de la ciudad de Morelia: la Fuente de las Tarascas. Una escultura de bronce que representa tres mujeres purépechas con el torso descubierto cargando una gran batea llena de frutos.

Un lugar de esparcimiento es la Calzada Fray Antonio de San Miguel (entre la Av. Francisco I. Madero y Av. Acueducto). Un refrescante lugar donde pude descansar a la sombra de los árboles y admirar la arquitectura colonial de las diferentes casonas que se encuentran a lo largo de esta bella calzada, como el Templo de San Diego.

Teniendo como acompañante del lado izquierdo el Acueducto, con una longitud de 1,700 metros y 253 arcos que alcanzan una altura de casi 8 metros en su parte más elevada, a mi derecha me saludó el Bosque Cuauhtémoc.

En este corredor también se encuentran el Museo de Historia Natural (Av. 23, Calz. Ventura Puente) y el Museo de Arte Contemporáneo Alfredo Zalce (Acueducto 18). Ambos complejos con una arquitectura monumental, espacios recreativos y con mucha historia.

Un lugar donde se respira tranquilidad y aromas florales es El Orquidario de Morelia Dr. y Gral. Alberto Oviedo Mota, que salvaguarda una importante colección de ejemplares híbridos y silvestres nacionales y extranjeros, un espacio educativo y recreativo para difundir el conocimiento y conservación de la riqueza biológica vegetal del estado y del país.

El Orquidario, la Ludoteca y el Planetario Felipe Rivera (Av. Ventura Puente) se ubican en los jardines del Centro de Convenciones y Exposiciones de Morelia.

A unos metros me topé con San Miguelito (Av. Camelinas, contraesquina del Centro de Convenciones de Morelia), un restaurante, bar, museo y galería de arte con una deliciosa cocina mexicana y una decoración ecléctica.

En este punto de descanso y cultura terminó mi recorrido por esta parte de Morelia. Fue momento de descansar y de recargar energía para visitar la otra parte del centro de la ciudad.

Donde emerge la cultura: Centro Histórico 2

En mi segunda parte del recorrido decidí internarme en algunos edificios coloniales y admirar sus plazas para conocer su historia y estilo arquitectónico. Tomé rumbo hacia el Oeste, partiendo de la Catedral.

A tres cuadras se encuentra el Museo de la Máscara (Av. Morelos Norte 485 y Eduardo Ruiz), ubicado en la Casa de la Cultura de Morelia. Alberga dos colecciones de máscaras con 167 objetos provenientes de cerca de 20 estados de la República.

Una cuadra más adelante está el Museo de Arte Colonial (Benito Juárez 240). Resguarda importantes obras artísticas como lienzos de Miguel Cabrera y José de Ibarra, cristos de pasta de caña de maíz, tallados en madera y uno de marfil, entre otras.

A tres cuadras hacia el sur me saludó el Conservatorio de las Rosas (Santiago Tapia 334, entre Nigromante y Guillermo Prieto), una de las instituciones de enseñanza de música de alto nivel más prestigiadas de Latinoamérica. También es la sede del famoso Coro de los Niños Cantores de Morelia.

A un costado del conservatorio se distingue el Templo de Santa Rosa de Lima; posee tres de los pocos retablos barrocos de madera que aún quedan en la ciudad. Después de un paseo por el Jardín de las Rosas, me adentré a conocer la Biblioteca Pública de la Universidad Michoacana (Av. Madero Poniente esquina con Nigromante s/n) con su vasta colección de 22,904 volúmenes, que van del siglo XV hasta principios del XX, y una estatua de Miguel de Cervantes y otra de Vasco de Quiroga. A un costado se encuentra el Mercado Valentín Gómez Farías, en donde se pueden adquirir dulces típicos y artesanías.

Frente a este recinto se observa la que fuera la Casa de Don Mariano Michelena (Av. Allende 237), una enorme casona de cantera que alberga la escuela Preparatoria No. 5 Melchor Ocampo.

A cuatro cuadras hacia el sur me fue posible disfrutar de la tranquilidad que el Jardín La Soterraña (Quintana Roo s/n, esq. Guerrero y Rayón) transmite en sus pasillos. Uno de los espacios recreativos más representativos del siglo XVIII. Aquí se encontró enterrada la imagen de la virgen a la cual se le erigió un templo, pero ya no existe.

Después de este recorrido, me decidí a degustar la basta gastronomía que oferta el estado, como carnitas, uchepos, corundas, enchiladas placeras y los muy morelianos Gazpachos. ¡Y qué decir de los postres! Los ates, las morelianas, los chongos y las obleas con cajeta, simplemente una delicia que no pude pasar por alto.

Y para el ambiente nocturno, la mezcalería El Desnivel (Melchor Ocampo esq. Guillermo Prieto) me esperaba con un agradable ambiente michoacano, lleno de música, luz y sonido.

Para terminar la noche, en punto de las 22:00 horas me alisté para dirigirme a los portales sobre la Av. Francisco I. Madero para dar un recorrido y conocer las leyendas de la ciudad con el guía César Amedt Santana de Casa Maya. Tel. 443-337-0350. Un espectáculo teatral sobre las historias que se cuentan en las calles, representadas por actores que visten ropa de época de la Colonia y que le inyectan un toque de magia a las historias y edificios de Morelia.

Cuna de los negocios: Zona Financiera

Después de un recorrido lleno de historia y cultura, fue momento de conocer la zona financiera de Morelia.

Los corredores viales Paseo de la República y Av. Camelinas son centros turísticos de alto nivel muy visitados, principalmente por viajeros de negocios.

Estas zonas cuentan con un gran número de hoteles con la infraestructura necesaria para realizar eventos, convenciones y reuniones de negocio. Un cuadrante que está pensado en que los ejecutivos tengan todo lo necesario para que su estancia sea muy grata y no tengan que desplazarse grandes distancias. De hecho, la mayoría de los hoteles cuentan con infraestructura para realizar eventos y reuniones de negocios. Es fácil encontrar bancos, centros comerciales, restaurantes, bares. De esta manera, una vez concluida su jornada laboral pueden extender su estadía o combinarla con actividades turísticas y de bienestar personal.

Mirador de la ciudad: La nueva Morelia

Entre las recomendaciones que me dieron los morelianos, fue hacer un recorrido hacia Paseo Altozano. Tomé Paseo de la República hasta la intersección con Rey Tangaxoan II. Un trayecto colina arriba donde me fue posible observar hoteles exclusivos, galerías, restaurantes, bares y universidades.

Los minutos corrieron y por fin llegué hasta el más reciente e innovador centro comercial Paseo Altozano. Más que un lugar donde se encuentran las mejores y prestigiadas marcas, es un punto de encuentro social. Aquí se reúnen lugareños, turistas y hasta personalidades que desean tener un momento de privacidad, alejados del bello pero ajetreado Centro Histórico de Morelia.

Existen varios puntos desde donde me fue posible admirar una ciudad que brilla por su gente, edificios de cantera rosa, leyendas, artesanías, gastronomía y una cultura infinita que invita a regresar y recorrer sus adoquinadas calles.

 

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