Por Ramón Rivera / Fotos: Gustavo Moguel

Por su legado cultural, bellezas naturales, herencia arquitectónica y vasta gastronomía, pero sobre todo por sus servicios personalizados, la capital de Yucatán es una de las favoritas para los viajeros que gustan del lujo y la exclusividad.

El segmento de lujo prefiere experiencias personalizadas, como rutas por antiguos asentamientos mayas y cenotes privados con arqueólogos e historiadores.

Tierra rica en tradiciones y abundante naturaleza, en Mérida las opulentas casas que habitaron los personajes que gobernaron la región y las que construyeron los ricos en los siglos XVIII y XIX, así como a principios del XX, fueron rescatadas y remozadas por familiares o nuevos propietarios. Ahora esos palacetes, casonas y antiguas haciendas son lujosos hoteles, en donde se ofrecen experiencias únicas, se organizan eventos corporativos y sociales.

Experiencias únicas
Además de hoteles, la región posee infraestructura, servicios de gran calidad y atención personalizada, cualidades que buscan los turistas, especialmente los viajeros que gustan de la exclusividad.

Una visita por Mérida nos permitió confirmar su consolidación en el segmento de lujo, pues los viajeros pueden encontrar experiencias únicas y a la medida, gracias al apoyo de prestadores de servicios, como Jorge Escalante, director de Amigo Yucatán, un Destination Management Company (DMC) con un amplio conocimiento, experiencia y recursos turísticos de la región.

Ciudad de palacios
Uno de los primeros sitios que descubrimos fue el antiguo palacete, hoy hotel de lujo, Mansión Mérida on the Park (Calle 59, No. 498), ubicado en el corazón del Centro Histórico, lo que permite a los viajeros estar a unas calles de algunos de los símbolos de la ciudad.

La casona data del siglo XIX y siempre perteneció a la familia, así que cuando se realizaron los trabajos de remodelación, los arquitectos se apoyaron en fotografías y conocimiento de los dueños, por lo que se cuidaron todos los detalles para devolverle su antiguo esplendor y originalidad al palacio de estilo francés.

Las habitaciones tienen doble blindaje en las ventanas, lo que evita el sonido de la calle, pues es una de las arterias más transitadas de la ciudad. No obstante, en las 14 amplias y suntuosas suites se respira tranquilidad, sin importar la hora del día.

Destaca su deliciosa cocina. Desde hace cuatro años, la chef Mary Clau se ha encargado de preparar platillos distintivos del restaurante Monet que tiene el hotel. Entre las delicias que no se deben de perder están el Omelet Mansión, que se realiza con una técnica francesa de batido a mano, relleno de espinacas y queso bola, uno de los productos por excelencia de la región.

Los chilaquiles tienen un toque especial; se preparan con una salsa a base de chicharrón. También está la sopa de lima y la sopa de cebolla, ésta tiene una cocción de tres días para que tenga un concentrado especial. El pulpo pibil posee las características del achiote y el aguacate local, así como los camarones envueltos en pasta filo, acompañados con un risotto de queso gruyere al pesto de albahaca, un plato con una linda presentación y delicioso sabor. Mención especial merece el helado de chile xcatic, en el que logró darle el sabor del chile pero sin el picor que lo caracteriza.

Proseguimos nuestro viaje de revelaciones en el hotel Casa Lecanda (Calle 47, No. 471), que fue construida a finales del siglo XVIII, pero permaneció varios años en el abandono. En los trabajos de remodelación se buscó rescatar la edificación original, incluso puertas y vigas. Los muebles fueron realizados a mano y a la medida con el toque europeo de antaño. Algunos pisos son originales y otros fueron rescatados por el arquitecto de otros inmuebles que fueron desechados, ya que el propósito fue darle el estilo afrancesado que caracteriza a esta zona de Mérida.

La propietaria –una apasionada de la artesanía mexicana–, trajo de distintas regiones muestras del quehacer de los artesanos para que los visitantes tuvieran la oportunidad de conocer el trabajo que realizan los creadores de nuestro país y de esta manera se acercaran al espíritu de los artesanos mexicanos.

El bar se especializa en mezcales y tequilas, además del xtabentún, el licor de origen maya, que se produce a partir de la fermentación de la miel de abeja alimentadas con la flor que da el nombre a la bebida.

El restaurante ofrece dos tipos de menús: mexicano y yucateco. Sopa de lima, recados (negro y rojo) y sorbetes de frutas frescas son algunos de los platos más solicitados. También está abierto para desayunos privados para grupos pequeños, hasta 22 personas. Incluso se realizan para cenas especiales con chefs invitados.

Entre las actividades, destacan las clases de cocina, en el que se incluye la visita al mercado local para que las personas seleccionen y conozcan los productos para preparar sus platillos. También tienen un árbol de aguacate y en temporada los huéspedes preparan su propio guacamole.

El hotel Casa Azul (Calle 60, No. 343) es otro lujoso inmueble que ofrece exclusividad en el corazón de Mérida; se localiza a unos metros del Paseo Montejo. Es una casona del siglo XIX, de la época dorada del henequén. Por conservar su arquitectura fue declarado Monumento Histórico.

Pese a que está situada sobre una de las calles más transitadas de la ciudad, los gruesos muros impiden el paso del sonido. Adentro se respira un ambiente de tranquilidad, que nos hizo remontarnos al pasado, cuando la región vivía su apogeo por la producción del henequén, pues el dueño original tenía una hacienda henequenera y aquí hacía sus tratos.

El hotel opera a puertas cerradas, es decir, solo para los huéspedes, por lo que es común que desayunen en pijama, pues se sienten cómodos, seguros y tranquilos.

Y es que la vida del hotel Casa Azul se desarrolla tal como lo hacían los primeros dueños del inmueble, en los amplios corredores que circundan el patio interior adornado con una hermosa fuente de piedra. Está decorado con preciosas pinturas, piezas antiguas y piezas de arte, además de estar equipada con la más alta tecnología. Tiene la Certificación de Cuatro Diamantes que otorga la AAA (American Automobile Association), que garantiza el alojamiento de lujo refinado y elegante.

Ofrece ocho habitaciones, alberca privada y un restaurante que ofrece desayuno, almuerzo yucateco y cena con menú internacional, que cambia constantemente. Aunque no está abierto al público, los huéspedes pueden tener invitados en las comidas o cenas.

Nos retiramos del hotel compartiendo el orgullo que tienen los propietarios por ofrecer este tipo de instalaciones y servicios, pues son una pequeña muestra de lo que puedes disfrutar durante tu estancia en el Centro Histórico de Mérida.

Haciendas, íconos de esplendor
A mediados del siglo XIX se intensificó el cultivo del henequén en Yucatán, por lo que se construyeron ostentosas haciendas que destinaron grandes extensiones de tierra para la producción y explotación de esa planta –de la familia de las agaváceas–, incluso se le llegó a conocer como “el oro verde” por sus grandes ganancias. Desafortunadamente, la agroindustria del henequén sufrió un duro golpe con la invención de las fibras sintéticas, por lo que se fueron a la quiebra y quedaron en el abandono.

No obstante, viarias han sido rescatadas y ahora brindan hospedaje exclusivo y, por sus grandes extensiones, sitios de eventos sociales de distintas dimensiones. Una de ellas es la hacienda Xcanatún, que se encuentra a 10 minutos del Centro Histórico.

Fue construida a mediados del siglo XVIII y fue de las últimas en trabajar el henequén. Con el tiempo, el abandono y las inclemencias del tiempo dañaron severamente las edificaciones, y en 1988 el huracán Gilberto culminó el ya notable deterioro del lugar.

En 1994 fue adquirida por Cristina Baker y su esposo Jorge Ruz Buenfil –hijo del arqueólogo Alberto Ruz Lhuillier, descubridor de la Tumba en Palenque, Chiapas–, por lo que inició la reconstrucción de la hacienda. Después de seis años abrió sus puertas como hotel con 18 suites, restaurante, dos albercas con pool bar, gimnasio y spa, además de área para eventos sociales para 500 invitados y salón privado para 50 personas (en donde también se realizan conciertos de música de cámara).

Visionarios, el restaurante Casa de Piedra fue pensado para los habitantes de Mérida: en el 2000 no había mucha oferta de este tipo, incluso fueron de los primeros en incluir una carta de vinos. Su premisa era tener una fusión de la técnica francesa con ingredientes  típicos de la región, por lo que ha tenido un gran éxito entre los locales.

Pato, sopa de plátano macho, la chuleta doble de cerdo y sopa de chicharrón al tequila, así como los postres: sorbetes y helados de frutos son las recomendaciones. El spa recién remodelado está abierto al público. Tiene áreas de vapor, de relajación y cinco cabinas, en el que se ofrecen masajes y tratamientos inspirados en la cultura maya.

Otra opción, dentro de Mérida, es la hacienda San Juan Opichén (calle 81, Diagonal s/n)que forma parte de las Zonas de Patrimonio Cultural Edificado, por lo que se promueve su conservación. Data del siglo XVIII. Ha recuperado su belleza después de cuatro años de intensos trabajos de reconstrucción.

El propietario, Gabriel Arceo, un apasionado por los detalles, le ha dado nueva vida a esta impresionante construcción gracias a investigaciones exhaustivas que realizó sobre la arquitectura de la época. De ahí que el pintado de muros estuviera a cargo del artista plástico José Luis Escalante, quien utilizó tonalidades tenues y diseños que resaltan su belleza.

También compró maquinaria original de otras haciendas para ambientar las instalaciones, en las cuales se pueden realizar eventos de distintas dimensiones, así como cenas privadas en salones que combinan lo antiguo con lo más moderno y vanguardista. Los cuadros y muebles son originales de los siglos XVIII y XIX; fueron adquiridos en distintas partes de México y de otros países.

Entre los atractivos de la hacienda está su propio cenote. Tardaron un año en construir el acceso para que los visitantes pudieran disfrutar en sesiones de foto o zambullirse en sus refrescantes aguas.

También destaca el bar, que mezcla las paredes originales y de vidrio. En el techo tiene una réplica Porsche 550 Spyder de James Dean. Están por concluir las seis suites que complementarán sus servicios.

A 30 minutos de la capital se localiza la hacienda Xtepén. Se invirtieron seis años en los trabajos de restauración y remozamiento. Tiene ocho habitaciones: cuatro coloniales y cuatro inspiradas en las construcciones mayas.

Están ambientadas como en épocas pasadas con modernos servicios: aire acondicionado, internet inalámbrico, televisión; en las terrazas cuelgan unas hamacas que invitan a descansar.

Tiene un salón techado para eventos empresariales y sociales para 220 personas. En las áreas al aire libre se pueden realizar eventos pequeños o para más de mil invitados, ya que tienen diversas capacidades.

Son opciones perfectas para viajar en pareja por su entorno histórico y romántico, así como por sus amenidades, como masajes y piscinas. Rodeados de amplios jardines, estas haciendas son una oportunidad para olvidarte de la rutina y disfrutar de unos días de asueto.

Capital gastronómica
El chef Pedro Evia Puerto del restaurante K’u’uk tiene un sueño: impulsar a Mérida como una capital gastronómica, a la altura de Londres, Barcelona, París o Nueva York. Y es que la oferta de la ciudad está en condiciones de posicionarla como un verdadero destino gastronómico: aquí tienen excelente comida coreana, italiana, libanesa, china, vietnamita, tailandesa… es muy vasta.

El ganador del Gourmet Awards Winner en 2013 es parte del cuerpo diplomático de cocineros de la Secretaría de Relaciones Internacionales, por lo que participa en eventos mundiales –como la Feria Internacional de Turismo de Madrid o Festival de Cannes– promoviendo a México como Destino Gastronómico.

Las labores de promoción también las realiza a través de su labor en el K’u’uk, el cual se encuentra ubicado en Paseo Montejo, en una mansión restaurada. Se caracteriza por la reinvención de la cocina yucateca con técnicas modernas sin olvidar la tradición, porque “sin tradición no hay vanguardia”, asegura el chef.

El K’u’uk tiene el laboratorio de investigación más grande del continente con aparatos para la extracción de esencias, deshidratación, máquina de cocción por frío, otra más para fermentar, una olla para hacer impregnación (que fusiona sabores) y una plancha congelada, entre muchos otros dispositivos.

El restaurante está conformado por dos menús, uno que podríamos llamar convencional, pero con su idea de transformación de producto. Y uno de degustación de 12 a 13 tiempos que cambia cada temporada.

Se acompaña con maridaje de vinos, propuesto por el sommelier Roberto Carvente, pero no es obligatorio. Es un lugar en el que puedes venir y sentirte como en casa, así que puedes acompañar tu comida con tu bebida favorita.

Para esta temporada incluye camarón de Celestún, langostino en chilpachole, conejo en pipián de ciruela verde, además de nube de mamey, entre otras exquisiteces.

Proyecto Social
Preocupado por la pérdida de productos de la región, el chef Pedro Evia Puerto inició un programa de comercio justo. El ejemplo más claro es la cebolla ixil: requiere 10 meses de trabajo y el kilo era comprado en $5 pesos. Hace cuatro años comenzó la compra directa a $75 pesos el kg, con lo que se garantizaba que los campesinos podrían vivir de la siembra y preservar la cebolla. El primer año compraron 40 kg; en 2017 fue una tonelada gracias al apoyo del Colectivo de Cocina Mexicana.

Golf, el complemento ideal
Los campos de golf son relevantes para el turismo: de acuerdo con información de la Secretaría de Turismo, los jugadores se caracterizan por tener una estancia media más alta que los turistas convencionales, tienen gasto promedio de $3,000 pesos al día (sin considerar el hospedaje), lo que duplica el gasto del visitante de placer.

Mérida tiene dos campos de golf, en esta ocasión visitamos El Jaguar, obra de Jack Nicklaus, uno de los mejores golfistas de todos los tiempos. Consta de 18 hoyos par 72 con una distancia de juego de 7,282 yardas, amplios fairways y greens distribuidos alrededor de 11 lagos.

Además, ofrece la oportunidad de participar en la Jack Nicklaus Academy of Golf; de natación, Mark Spitz Signature y una más de tenis. Están abiertas para alto rendimiento.

La instrucción integra tecnología de vanguardia, acondicionamiento físico, psicológico y nutricional. En golf tienen a 300 estudiantes; en tenis, 200 y natación a 100. Gracias a esta labor, han surgido nuevos talentos que ya han ganado competencias a nivel nacional e internacional. También tienen tres canchas de pádel y en 2017 se hizo un torneo con los mejores padelistas.

Pese a que es un club de golf privado, quienes integran Premium Yucatán pueden acceder al campo y a las instalaciones del club, como el restaurante y la cava, en donde se realizan eventos privados, además de catas de vinos, cenas temáticas y conciertos.

Altruismo
Además de generar fuentes de trabajo en el campo de golf (más de mil personas laboran en el complejo), surgió la Fundación Yucatán Country Club, que trabaja con la comisaría de Chablekal, en donde abrió el Centro Comunitario “In Huotoch” (Nuestra Casa) en el que desarrollan programas de autoempleo o crean empresas, pues los apoya en su fortalecimiento. También se otorga atención médica y dental, además de cursos de costura, cocina y arte, entre otros.

Paseo Montejo: opulencia y tradición
El Paseo de Montejo concentra algunas de las más antiguas y hermosas residencias, por lo que nuestra visita continuó por esta zona. El recorrido se recomienda hacerlo a pie para disfrutar del cálido clima que prevalece en esta época del año.

También se hace en bicicleta, sobre todo en domingo, cuando un carril de la avenida se cierra al tráfico de autos y se convierte en una ciclovía denominada “biciRuta”, que se extiende hasta las calles del Centro Histórico.

Otra opción son los paseos en calesas, típicas de Mérida, tiradas por caballos, o si lo prefieres está el transporte turístico “El Carnavalito” o el moderno Turibus; ambos con guías.

Paseo de Montejo, al igual que los principales parques de Mérida y recintos oficiales, cuenta con conexión gratuita a internet. De las decenas de construcciones que se aprecian en el trayecto, destaca por su gran belleza el Palacio Cantón, que alberga el Museo Regional de Antropología e Historia; derrocha lujo y pletórica decoración.

Posee el primer ascensor que llegó a Yucatán: de fabricación alemana y muy ornamentado. La majestuosidad del inmueble no solo resalta por sus dimensiones, sino también por los materiales empleados: mármol de Carrara, columnas dóricas y jónicas, además de una bella escalinata tallada en mármol blanco. Desde 2013 exhibe exposiciones temporales, en las que se incluye parte de su acervo –conformado por más de 19 mil 500 piezas–. El costo es de $55 pesos y domingos gratis.

Otro ejemplo es la Casa Museo Molina (La Quinta Montes Molina), muestra de la transición del estilo virreinal imperante en la ciudad hasta el siglo XVIII a las nuevas tendencias neoclásicas y eclécticas; alberga muebles de la época y espacios para eventos sociales. Una más es la bella Casa Peón de Regil, una de las residencias eclécticas de estilo italiano construida en 1905.

También hay hoteles, cafés y restaurantes al aire libre con vistas a esta elegante avenida que buscó ser Les Champs-Élysées de Mérida, por eso se pueden apreciar varios monumentos –a Felipe Carrillo Puerto, Gonzalo Guerrero, Justo Sierra–, pero despunta el dedicado a la Patria: diseñado por Manuel y Max Amábilis. Fue construido por el artista colombiano Rómulo Rozo Peña en 1956.

Nuestra visita continuó por el corazón del Centro Histórico (el segundo más grande del país), en donde es posible visitar, además de la Catedral de San Ildefonso, el Museo Casa Montejo, que data de 1540 y es Patrimonio de la Nación. Conserva su fachada original con sus majestuosos relieves. En el interior hay cuatro espacios habitacionales ambientados con muebles del siglo XIX y principios del XX. También tiene tres salas de exposiciones temporales. El acceso no tiene costo.

Cruzando la Plaza Principal se llega hasta el Palacio Municipal, que aunque data del siglo XVIII ha sido modificado en distintas épocas. Cuenta con murales y algunas piezas antiguas. La remodelación más reciente se hizo en 1982, con lo que recuperó su antiguo esplendor. Está abierto al público durante el horario de oficina.

A unas calles se encuentra el teatro José Peón Contreras, un edificio de estilo neoclásico francés, inaugurado en 1908. Consta de un amplio salón vestibular en el que se realza una escalera monumental de mármol de Carrara que conduce a la sala de espectáculos y al foyer superior. Es la sede oficial de la Orquesta Sinfónica de Yucatán que se presenta cada viernes a las 21:00 y los domingos a mediodía en su temporada de conciertos durante 10 meses del año. Se recomienda planear con anticipación la asistencia al concierto y adquirir los boletos en línea, en la página www.sinfonicadeyucatan.com.mx.

También sobresalen las Serenatas que, por más de 50 años, se han realizado los jueves por la noche en el parque de Santa Lucía. Además, frente a la catedral se lleva a cabo el Juego de Pelota (Pok ta pok) para recrear esta legendaria ceremonia Maya. Al finalizar la contienda, los espectadores tienen la oportunidad de convivir con los jugadores o hacerse una limpia con un chamán.

Capital de la cultura
A lo largo de 476 años, Mérida ha construido un legado histórico a través de su cultura, tradiciones y costumbres; actualmente esta ciudad, de casi un millón de habitantes, ha ido asimilando el aporte de otras culturas americanas, europeas y hasta asiáticas.

Actualmente el arte y la cultura son dos de los grandes pilares del desarrollo en Mérida, lo que garantiza una oferta cultural permanente durante todo el año, además posee un vasto patrimonio; de hecho, en dos ocasiones (2000 y 2017) fue designada Capital Americana de la Cultura.

Todas las noches de la semana se ofrecen espectáculos al aire libre en el centro de la ciudad. Resalta la Vaquería del siglo XIX.

Paseos en bicicleta
También se pueden recorrer varios circuitos en bicicleta, como la Ruta Ecológica, de un kilómetro, hacia el Parque Áak, la cual ofrece la oportunidad de conocer el huerto de traspatio, las plantas medicinales, el Museo Comunitario y el meliponario, en donde podrás conseguir la popular miel de la abeja melipona, conocida por sus propiedades curativas.

La de Aventura son cuatro kilómetros por escarpadas brechas que pasan por un antiguo basamento maya o la Fantasma, de ocho kilómetros por antiguas carreteras y brechas que llegan al pueblo fantasma de la Hacienda Misnebalam. Las bicicletas se pueden rentar en distintos establecimientos de la ciudad.

Más información de atractivos y actividades se puede encontrar en www.yucatan.travel

 

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