Llegué a Ciudad del Carmen sabiendo que es un importante destino petrolero. Sin embargo, bajo esas aguas de las que se extrae este preciado hidrocarburo, también hay una impresionante vida animal que da sustento a todo un pueblo.

Por Odette Herrera / Fotos: Edgar Xólotl

El reloj marca las 6 de la mañana, Isidro Hernández, acompañado de su hermano y su compadre, sube a su lancha. Por pura buena estrella tuve la oportunidad de conocer a Isidro. Su sobrino trabaja en el hotel en el que me hospedé y platicando con él me dijo que su tío podía darme un paseo por la Laguna de Términos, que comparte aguas con la Sonda de Campeche, de donde se extrae petróleo. Es un santuario privilegiado con decenas de especies que abastecen a las familias que habitan Ciudad del Carmen.

Un portón negro separa la calle de un pequeño embarcadero que Isidro ha armado, donde tiene sus tres lanchas. Al caminar se escucha un crujir, son cientos y cientos de conchas de ostiones que cubren por completo el piso. Machete, chalecos salvavidas, cuerdas y una hielera con víveres, son suficientes para dar un largo paseo por las aguas cristalinas de Términos.

Nuestro primer destino es una pequeña isla a la que llegan distintas especies de pájaros, los más vistos son los pelícanos. Ahí, Isidro me platica sobre las diferencias entre una y otra especie, sobre los distintos tipos de árboles, sobre los caracoles marinos, y sobre la piedra que le llaman “natural”, cimiento sobre el cual descansa toda la Isla del Carmen.

Mientras paseamos por los manglares, Isidro me cuenta de su vida. Ahora de 52 años, cumple 45 trabajando. Comenzó a los siete, un año después de que su madre muriera. No le gustaba el trato y vida con la nueva mujer de su padre, por lo que decidió trabajar para poder salirse de su casa. A los 12 años de edad lo logra, empezando así la aventura que ha sido su vida como cortador de madera de mangle, cazador (ya está prohibida la caza en la zona), marinero y velador. Todas estas profesiones siempre las ha combinado con la pesca, que en realidad es lo que más disfruta, es un pescador veterano y orgulloso, pues dice conocer toda la costa del Golfo de México.

Eventualmente navegamos hasta el otro lado de la laguna y pasamos por debajo del puente Zacatal, que con una longitud un tanto mayor a los tres kilómetros, es uno de los más largos del país. Este puente además es una división entre el área totalmente natural de la laguna y el área donde se encuentran los barcos cargueros que abastecen a las plataformas petroleras y los diques que le dan mantenimiento.

El paseo lo hacemos muy cerca de la orilla, por lo que podemos ver el malecón y un poco más atrás la pintoresca iglesia principal de la ciudad. Más tarde bajaría de la lancha para pasear por el centro y entrar a esta, la iglesia de Nuestra Señora del Carmen. En toda la ciudad son muy devotos de esta imagen, por lo que este templo se ha convertido en su catedral.

Continuamos nuestro paseo en lancha y llegamos al mercado principal donde todos los pescadores arriban con la pesca del día, solo producto fresco recién salido del agua es el que aquí se ofrece. A un costado se encuentra el mercado de artesanías, también un imperdible para hacer alguna compra de productos textiles de la región.

Llegamos al embarcadero, con tristeza me despido de Isidro y le agradezco tan extraordinario paseo que me permitió no solo conocer la belleza natural de la Laguna de Términos, sino la belleza de su gente, personas que día a día trabajan por su familia y su pueblo.

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