Cientos de metros de playa solitaria, un río de tonalidades esmeralda y abundante fauna, integran un entorno imposible de resistir.

Aún no amanece cuando nos reunimos con don Jesús Piña en el muelle del hotel Nuevo Amanecer, localizado en la ribera del río Soto La Marina en el pequeño poblado de La Pesca, uno de los destinos con mayor potencial turístico de Tamaulipas. El verde esmeralda del río contrasta con los matices grises, morados y ocres de un cielo de nubes multiformes; las lanchas de los pescadores se desplazan lentamente, mientras parvadas de pelícanos y gaviotas cruzan con parsimonia el firmamento. La vista recuerda las imágenes que plasmó el célebre fotógrafo Gabriel Figueroa (1907–1997) en decenas de cintas que le valieron reconocimiento mundial.

Vida y sustento

Uno de los ramales del río –que prácticamente recorre todo el municipio de Soto La Marina– se integra a Laguna Morales y también desemboca en el Golfo de México; sitios de abundante pesca.

Y es justamente esta actividad la esencia del destino, pues a lo largo de los doce meses del año se realizan torneos locales, nacionales e internacionales; pero no es necesario esperar alguna fecha especial: en cualquier época es posible pescar en el río, la laguna o el mar. En el Golfo, indica don Jesús Piña –pionero del turismo en la región, pues desde hace más de medio siglo ofrece excursiones, hospedaje y embarcaciones a los visitantes–, hay abundante pez vela, cazón, mero, bacalao y guachinango; en el río y laguna se capturan trucha, cubera, raya o sierra, entre otras especies. Pero no solo es una actividad deportiva, también es la principal fuente de ingresos de los pobladores. Al llegar al corazón de Laguna Morales vislumbramos algunas botellas de PET, pero no son deshechos, ni están a la deriva: “son parte de las trampas para jaibas que se colocan durante la madrugada”, explica don Jesús, quien extrae una y nos muestra las presas.

Entorno abundante

Copiosos manglares rodean la laguna, refugio de múltiples especies de aves migratorias, ya que además de pelícanos (café y blanco) y gaviotas, también se pueden observar gansos, garzas, golondrinas, águilas, carboneros, pericos cabeza amarilla y pato cabeza roja –que de acuerdo con expertos, esta región alberga el 40% de la población mundial de esta especie–; en invierno es la mejor época para el avistamiento, temporada en la que también arriban flamingos rosados, aunque nosotros logramos apreciar algunos en pleno mes de julio. Después de mucho observar y de fallidos intentos por capturar alguna trucha, emprendimos el regreso siguiendo el caudal del río, en cuyos márgenes se han construido no más de 30 acogedores hoteles de singulares y atractivos diseños; todos ofrecen paseos en lancha y excursiones a mar abierto. En sus muelles es común ver a grandes y pequeños pescando en los márgenes del río, mientras disfrutan de los fatuos crepúsculos.

Casa de la tortuga lora

Antes de seguir decidimos comer en el restaurante Costa Lora –ubicado en la avenida Principal–, nos dirigimos hacia la playa, que luce más de 30 metros de ancho y cientos de kilómetros de costa; la vista se pierde en el horizonte. Son playas, quizá prodigiosamente salvajes que invitan a caminar acompañado por algún ser querido; la tranquilidad de las olas del mar también son una provocación para sumergirse en sus plácidas aguas. Pero en esta ocasión decidimos visitar el Centro Tortuguero creado para rescatar y preservar a las tortugas lora y verde. Y es que este sitio se ha convertido en un atractivo de la región, ya que de julio a septiembre los visitantes participan en la liberación de estos ejemplares.

El salvamento ha ido en aumento: “en 2010 se lograron soltar a más de 15 mil tortugas; durante el primer semestre de este año se han liberado a más de 28 mil 500 ejemplares”, nos informó Ricardo Martínez, uno de los voluntarios del centro. De hecho a La Pesca, también se le conoce como la casa de la tortuga lora y para celebrar su presencia durante el mes de julio se organiza un festival con actividades ecoturísticas, deportivas y culturales en donde participan visitantes y locales. Al final subimos a lo alto del faro-vigía, pues desde lo alto se tiene una magnífica vista de este sitio de pasmosa naturaleza

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