Por Rodrigo Calvillo

La exposición Obras Maestras del Museo Nacional de Arte de China en el Antiguo Colegio de San Ildefonso revela el cambio de la visión estética en sus 151 piezas divididas en tres temas: dimensiones múltiples, la aguada en tinta y color; integración China Occidente y la expresión Xieyi; y Cantos de idilio: obras del arte popular. El recorrido se realiza entre la sala 10 en la planta alta y la sala 8 que se encuentra en el patio principal del museo. El contraste entre los muralistas mexicanos que plasmaron su arte en San Ildefonso y los artistas chinos es inmenso. Una puerta divide a dos culturas pero a su vez las convierte en una misma. La conquista, la revolución, la ciencia y el arte son los temas que Diego Rivera y Orozco plasmaron en los muros del recinto; los chinos, por su parte, se enfocaron más al espíritu humano y a la cotidianidad de la vida. Dos mundos de ideas contrarios en un mismo tiempo y lugar.

El actual espíritu del arte chino logra crear obras que son nuevas en una manera y en un estilo perpetuado por valoraciones antiguas, impersonales y colectivas inseparables de los estilos artísticos occidentales modernos. Mantiene la repetición de las tradiciones; contiene en sus obras el culto a las raíces y a la maternidad, es acompañada por la creencia que la anima, por la relación entre lo mágico y la ceremonia, por el valor existencial de supervivencia en el soplo del tiempo. Es una prolongación de la vida.

Las relaciones entre lo tradicional y lo moderno en el arte chino contemporáneo no se expresan de manera inconsciente sino se exhiben de manera consciente en el plano estético. Si se piensa en las características que definen al arte chino actual: la imaginación que transfigura la tradición y la movilidad plástica, advertimos que el encuentro con el arte occidental es una verdadera conjunción. Con apasionado interés los artistas incorporan los restos de la antigua civilización, tanto en las costumbres populares como en las creaciones míticas y religiosas, en la concepción del pasado hecho presente, en una visión donde el hombre convive con el cosmos y la naturaleza. Realidad que se convierte en pintura, escultura o máscara (símbolo e ilusión).

La cualidad más sorprendente en el arte chino actual es la idealización de la naturaleza y su lugar en el espíritu humano. Por un lado: humanismo realista; por el otro, misticismo y simbolismo. La filosofía oriental busca la inspiración en la vida diaria, el objeto plástico es el emisor de estas imágenes y significados que transforman el pensamiento antiguo en cuerpo y forma. El secreto de esta metamorfosis es la supervivencia que nosotros mismos le otorgamos al pasado con sus creencias y tradiciones. Lo que vemos con los ojos logra de manera instintiva una vuelta a lo que fue, crea una línea imaginaria que nos posiciona frente a la continuidad histórica que se vislumbra en lo nuevo, en una época reflejada en otra época.

En el curso de esta reflexión he repetido sobre la influencia que tiene la tradición en la concepción del arte chino moderno; sin embargo, es necesario comprender que la diferencia artística con el pasado es significativa. Los antiguos imitaban las creaciones de sus ancestros, el artista moderno retoma las tradiciones culturales, religiosas, etc., y las plasma en algo nuevo negando, en este sentido, las obras maestras del pasado. En esta nueva concepción estética existe una confirmación: todo descubrimiento artístico no tiene herencia, tiene afinidad.

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