Enclavado en la Sierra Madre Oriental, gracias a su diversidad de climas y contrastantes escenarios, Jaumave es ideal para la práctica del turismo de aventura.

A menos de una hora de Ciudad Victoria, colindando con el estado de San Luis Potosí, el municipio de Jaumave es una joya natural que posee múltiples atractivos, entre los que destacan El Salto, escenario ideal para realizar cañonismo, uno de los deportes extremos más completos, ya que incluye rappel, salto, escalada, senderismo y nado.

Paisajes radicales

Rodeado por montañas, este lugar posee una especial belleza proporcionada por sus cambiantes panoramas y sus caídas de agua de diferentes tonalidades, resaltando el azul turquesa, un gozo para la mirada.

Iniciamos la travesía con una larga caminata. El sol pega fuerte, el termómetro supera los 30°C y el sudor comienza a correr por la frente, pero en poco tiempo llegamos a la primera cascada para hacer un pequeño salto de dos metros. Las rocas sirven de trampolín: nos colocamos cuidadosamente en la orilla y nos dejamos caer para sentir el agua fresca en el cuerpo. Nos quedamos unos breves minutos en la poza, disfrutando y acostumbrándonos a la temperatura del agua; a lo largo del recorrido realizaremos siete brincos. En nuestro trayecto podemos observar espléndidos y contrastantes ambientes: de llanura a desierto, del bosque a la sierra, de piedras ocres a rocas blancas, de sol a sombra; el agua es el único elemento constante, pues nos acompaña durante todo la ruta. A pesar de ser un lugar vasto en fauna, ésta no se deja admirar; solo algunas mariposas –de radiantes colores: azul, naranja y amarillo– nos coquetean con su aleteo y ágil vuelo. Hacemos una breve escala para hidratarnos, retomamos la marcha por un camino rocoso, pero pronto la abundante flora con espinas se adueña de nuestra vereda y decidimos seguir la travesía caminando dentro del agua.

Desafío a toda prueba

Después de varios kilómetros y de realizar saltos de diversos tamaños, llegamos al punto culminante, un precipicio de unos 90 metros de altura. Es la entrada al más grande tesoro del cañón: una cascada alta que seduce por su color verde esmeralda y por las inmensas paredes que la protegen.

Para bajar hay que hacer rappel. Bien enganchados y asegurados comenzamos a deslizarnos por las rocas que han formado arcos que al cruzarlos parece que cambian de dimensión pues comienzan a estrecharse dándole un aspecto de cueva.

Abajo, el agua es más fría, pues las colosales paredes de roca la resguardan de la luz solar. Cuando se vuelve a tocar tierra, las paredes del cañón son aún más angostas. Ahí se forman resbaladillas naturales por las que hay que pasar para dar el último salto al agua, el más alto de la travesía (tiene 12 metros). Nos preparamos para el lanzamiento arriba de una roca y la adrenalina se siente correr por todo el cuerpo, cuando saltamos como soldaditos de plomo; al caer, el agua salpica con fuerza, liberándonos de toda preocupación.

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