Hoy en día San Luis Potosí fomenta además una escena artística, histórica y científica punzante. Se trata de un destino turístico vivo que transpira cultura en cada rincón y para poder apreciarlo es necesario ir directamente hasta los poros.

Alguien me comentó que San Luis Potosí posee una de las escenas culturales más ricas de México, y puede que tenga razón dadas las numerosas y variadas opciones que ofrece en tan sólo unas cuadras de distancia.

Recorrer las calles del centro San Luis Potosí es un deleite. Pronto me encuentro con un conjunto de esculturas me hicieron detener el paso, son creaciones del escultor Federico Silva quien tiene aquí un museo dedicado a su obra. Al llegar, Alma, la encargada, me recibió amablemente advirtiéndome que antes de entrar era necesario “abrir el espíritu”. Deambulé por los pasillos con la sensación de caminar por el corazón de una montaña. Las esculturas de Federico Silva impresionan a los visitantes por su exactitud geométrica que dan forma a lo que alguna vez fueron piedra, fierro y mármol.

Las plazuelas del centro rebosan de gente y algunos escolares caminan en grupo por las calles en plan de excursión. De pronto me encuentro con el Teatro La Paz, con su imponente cúpula de hierro brillando al sol y su escultural cuerpo de cantera. En sus pasillos de mármol blanco resuena un maravilloso eco que me dirige por las elegantes escalinatas hasta la comodidad de mi asiento. En cualquiera de sus butacas de palcos, lunetas o pisos se puede escuchar cada detalle de su poderosa concha acústica. Este coloso es escenario de grandes eventos como el Festival de Danza Contemporánea y el Festival de Música Barroca; además, es sede de la Orquesta Sinfónica de San Luis Potosí,

El centro histórico de San Luis Potosí es un escaparate para todo tipo de expresiones artísticas. En la Plaza Morelos conocí a Agustín, un artesano local que me ofreció un recorrido por este pequeño pero sustancioso foro de expresión artística, que sirve de estudio y galería para pintores y diseñadores. Entusiasmado, me mostró lo que ahí se puede encontrar: joyería artesanal, ingeniosos trabajos de serigrafía y mucho más.

Después de la comida decidí caminar por la calle Zaragoza, la avenida peatonal más larga delatinoamérica, que cruza prácticamente todo elcentro histórico y se une imperceptiblemente con la calzada de Guadalupe y termina frente al Santuario de Nuestra Señora de Guadalupe. Casi al final de la Calzada de Guadalupe destaca lo que parece ser una fortaleza: el Centro de las Artes, una maravilla de belleza colosal que alguna vez fue una penitenciaría y ha sido convertida en un lugar de enseñanza. Cada galeón de esta antigua cárcel se ha habilitado para albergar una “facultad” donde se enseña música, diseño, escultura y otras disciplinas. Aquellos espacios que en su momento fueron celdas, ahora son salones donde se libera la mente a través de las artes, ¡una maravilla!

San Luis Potosí es un ente vibrante, y para conocer una parte muy interesante y divertida me alejé un poco del centro histórico, a sólo 15 minutos llegué al Laberinto de las Ciencias y las Artes. A lo lejos, la postal del lugar me pareció bastante familiar, y con justa razón, pues fue diseñado por el arquitecto Ricardo Legorreta, el mismo que realizó el proyecto arquitectónico del Centro Nacional de las Artes, en la ciudad de México. En este lugar, inspirado en las antiguas haciendas potosinas, hay varias salas interactivas y cuentan con el equipo más sofisticado en cada una de ellas. Familias completas se divierten en sus más de 150 atracciones y todas sus actividades están ligadas con la ciencia.

De regreso al centro histórico, ya caída la noche, me llamó la atención la luz de unos reflectores y una alfombra roja, era la Cineteca Alameda. Al entrar me llevé una grata sorpresa al descubrir que se trataba una sala antigua, como las que abundaban cuando ir al cine era una experiencia equiparable a asistir a un estadio de futbol o a una corrida de toros. Mauricio, vocero del lugar, me contó que en este foro se presenta primordialmente cine de arte, además es sede de importantes festivales como la Muestra Internacional de Cine, así como del tour de cine francés y cine alemán.

El rostro de la ciudad cambiaba y los bares y centros nocturnos comenzaban a iluminar sus marquesinas con luces de neón. Todo un nuevo universo se revelaba, pero por ese día ya era hora de ir a descansar.

Fotos: Rodrigo González

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