Sus más de 144 mil hectáreas de prodigiosa riqueza natural ofrecen un paraíso para investigadores, amantes de la ecología y visitantes, pero sobre todo para quienes ahí habitan

Los pobladores de la región de la Reserva de la Biosfera “El Cielo” aseguran que si hay un paraíso en la Tierra, está aquí, en Tamaulipas. Y así parece, pues en esta zona –integrada por 144 mil 530 hectáreas– convergen cuatro ecosistemas, un deleite para los investigadores, los amantes del medio ambiente y para los turistas, quienes buscan nuevas experiencias, esas que enriquecen el espíritu. Y es que estas tierras han sido bendecidas por la naturaleza con abundantes especies de fauna y flora, muchas de ellas endémicas, pequeños lagos, ríos y cascadas, que solo de mirarlas embelesan los sentidos.

Paseo por las nubes

El recorrido comienza al pie de la Sierra, al sureste de Tamaulipas, justo en el municipio de Gómez Farías, un pequeño poblado a 84 kilómetros de Ciudad Victoria, el cual, como el resto de los municipios que comprenden esta reserva: Jaumave, Llera y Ocampo, utilizan energía solar y protegen el medioambiente de “El Cielo”, Patrimonio Cultural del estado.

Desde ese punto emprendemos nuestro viaje; el accidentado camino obliga a utilizar un vehículo todoterreno. Los primeros metros están enmarcados por árboles de más de 30 metros de altura que dificultan el paso de los fulgurantes rayos del sol.

Nos dejamos envolver por el pacífico ambiente, levantamos la mirada para tratar de observar entre los trozos de cielo las aves que viajan de un lado a otro, ya que en este lugar se tienen registradas más de 200 especies. La primera parada es un mirador hecho de piedra que se encuentra en lo alto de una colina. Ahí parece la entrada a otro mundo: los radiantes rayos solares han sido sustituidos por una bruma que se ha apoderado del paisaje, cubriendo con una capa grisácea el camino. Seguimos nuestra marcha por la fresca vereda en dirección a uno de los poblados más visitados: San José.

Emporio maderero

Un pequeño valle rodeado de encinos bañados de heno y liquidámbares, árboles característicos del bosque de niebla envuelven a San José, inicio y conclusión de los recorridos. Dejamos la camioneta y seguimos la expedición a pie para convivir con la naturaleza. El colorido escenario está integrado por cedros, robles, acacias, alamillos y begonias, pero son las orquídeas las flores silvestres más representativas, pues su dulce aroma se percibe a metros de distancia.

Por el poroso suelo kárstico encontramos otras especies silvestres como hongos y cien pies que asombran con su azul eléctrico; aseguran que –con un poco de suerte– podríamos encontrar osos negros, jaguares, tigrillos y pumas; además, se tienen reconocidas 21 especies de anfibios, 60 de reptiles y 41 de murciélagos.

Después de caminar por un largo periodo, un hermoso río con caídas a desnivel alegra la vista por su cristalina agua teñida de azul; no podíamos –ni queríamos– rechazar la invitación a refrescarnos. Continuamos por esta área rica en maderas finas, protegida desde 1985 cuando el gobierno la declaró Reserva de la Biosfera.

Visita sideral

En el trayecto pasamos por Rancho Viejo también conocido como Valle del Ovni porque –según los lugareños– años atrás se posó un objeto volador en estas extensas áreas verdes. La panorámica semeja una postal con cabañitas rústicas de madera rodeadas de vegetación. Es ideal para acampar en sus extensos terrenos, en donde los niños corren libremente, algunas personas pasean a sus mascotas y otros más disfrutan de una comida al aire libre respirando aire puro, impregnado del olor de yerbanis. En el recorrido, el bosque tropical cede el paso a la niebla; las burseras, los ficus y sus lianas son sustituidos por liquidámbares, encinos, capulines y pomarrosas.

Educación ambiental

En esta reserva se localiza el Centro Interpretativo Ecológico (CIE) –único centro de investigación de este tipo en México–, cuyo objetivo es promover la educación e investigación ambiental, la sensibilización de los visitantes hacia la práctica del turismo sustentable y el involucramiento de los pobladores en proyectos para mejorar su calidad de vida. El edificio conforma un polo de desarrollo turístico responsable y es considerado como el complejo turístico más verde en México, ya que está construido con ecotécnica: techos verdes, andadores de plástico reciclado, captación pluvial, tratamiento de aguas residuales y precalentadores solares.

Se divide en galerías interactivas, donde diversión y aprendizaje confluyen: Galería de la Niebla, describe la historia de la reserva; Galería del Día, espacio abierto especializado en geología, y Galería de la Noche, representación a gran escala de animales nocturnos. También tiene un multiteatro con capacidad para 250 personas, en donde se organizan eventos sociales, convenciones y talleres. Desde este lugar se tiene una espectacular vista capaz de liberar un sinfín de emociones

Horario: 9:00 a 17:00 horas

Costo: $30 adultos; $20 niños

$15 personas de la tercera edad

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