El Chepe recorre una de las rutas más espectaculares del mundo, se abre paso a majestuosos paisajes naturales y a la cultura rarámuri, una de las más antiguas y mejor preservadas de México.

Por Norma Esqueda

Los Mochis

El punto de partida

  • Una ciudad que deslumbra por su cultura, historia, paisajes, playas de agua cristalina, ecoturismo y abundante vegetación

Antes de que iniciemos un recorrido que nos depara increíbles paisajes, sensaciones y hasta convivencia por las comunidades rarámuri que habitan en las sierras de Sinaloa y Chihuahua, optamos por hacer una parada en Los Mochis. Una ciudad de calles limpias, anchas y arboladas. El punto de partida o de llegada, según decidas hacer el recorrido del ferrocarril Chihuahua-Pacífico, mejor conocido como El Chepe.

Una vez aquí, debemos decidir si practicamos ecoturismo, visitamos un interesante museo donde podemos encontrar el pasado de los sinaloenses o mejor nos deleitamos con una gran variedad de platillos preparados con mariscos frescos.

Decidimos hacer la primera visita en la antigua residencia de uno de los colonos fundadores de Los Mochis, el Dr. Chapman, que aloja el Museo Regional del Valle del Fuerte, donde se muestran piezas prehispánicas de la región, así como un amplio registro histórico que nos permite conocer los orígenes de la ciudad. Aquí descubrimos que los sinaloenses tienen una fuerte herencia mestiza, resultado de la mezcla de europeos, chinos, japoneses e israelitas, entre otras razas.

Después de un poco de cultura, es momento de convivir con la naturaleza. A sólo 23 kilómetros de Los Mochis se encuentra el puerto de Topolobampo. Sus playas de aguas tranquilas son ideales para realizar deportes acuáticos, avistamiento de aves y delfines, así como visitar al famoso delfín El Pechocho, que se encuentra en autocautiverio.

El calor en verano es extenuante, así que optamos por ir hacia El Maviri, donde nos zambullimos en sus cristalinas aguas antes de visitar La Cueva de los Murciélagos, en donde cientos de estos animalitos salen de las grutas al caer la tarde. Otra opción es la Isla de los patos, poblada por diversas especies de aves, como el ganso canadiense, zarceta de ala azul y verde, paloma de ala blanca, pichitali y codorniz.

La adrenalina invadió todo nuestro cuerpo, y ante la basta oferta de actividades, como paseo en kayak, kite surf, paddle board y tirolesa, decidimos por esta última, donde la emoción nos hizo gritar y sacar el estrés mientras nos deslizábamos por sus cables que se cimbraban al momento de bajar a toda velocidad hasta llegar al siguiente punto.

También se puede practicar la pesca deportiva, pero decidimos dejar esta actividad para los expertos y mejor recorrer su muelle hasta caer la noche, donde el cielo estrellado nos invitó a caminar sobre su bóveda celeste.

Desde la ventana de la habitación nos despedimos del sonido del mar, de la brisa fresca y del titilante cielo azul, que nos despide con su luna brillante, que vigila nuestros sueños para iniciar mañana una aventura que cambiará nuestras vidas.

El Fuerte

El balcón de la naturaleza

  • Un espejo vivo de la historia, donde se aprecian bellas muestras arquitectónicas, clubes cinegéticos para la práctica de la caza y pesca deportivas

La emoción nos invade. A lo lejos estuchamos el silbar del tren. Como todos los días del año, El Chepe inicia su recorrido a las 6:00 de la mañana. Un sonido inconfundible que nos abre sus puertas para introducirnos en una dimensión que nos llevará en un recorrido por las barrancas de Sinaloa y Chihuahua, pasando por comunidades mágicas, cascadas monumentales, montañas de dimensiones majestuosas, paisajes de ensueño, una fotografía pensada sólo en los cuadros surrealistas.

Una vez en la estación de Los Mochis, vemos cómo se dirige hacia nosotros tan imponente tren a una velocidad aproximada de 35 km/h, con sus vagones verde oscuro que se confunden en el paisaje, pero que gracias a su prominente máquina color carmesí, destaca de la panorámica en una gama en color verde.

Es momento de abordar. El Chepe nos da la bienvenida con una decoración agradable a la vista, sus asientos son bastante cómodos; cuenta con zona de comedor, menú a la carta o alimentos rápidos, coche bar, aire acondicionado y calefacción para controlar las variaciones del clima exterior y sanitarios con sistema ecológico. No necesitamos más, es momento de iniciar el tour. Una ruta que nos mostrará sus 37 espectaculares puentes y 86 impresionantes túneles.

Nuestra primera parada es El Fuerte, un pueblo mágico donde sus calles nos transportan a la época colonial, donde la arquitectura manifiesta cada parte de la historia que ha pasado durante más de un siglo, pero que sigue de pie. Varias construcciones del pueblo fueron erigidas durante el virreinato, como el Palacio Municipal. A dos cuadras se ubica el Museo del Mirador, que muestra una colección de arte popular elaborada por las comunidades indígenas de la zona.

Después de un poco de historia, decidimos subir a la azotea del edificio, donde se encuentra un mirador que desnuda una magnífica vista de El Fuerte y del río. El paisaje, el aire y el correr del agua nos dan una lección de respeto a tan impresionante panorámica.

El Fuerte también nos sorprendió con una impresionante atracción. Nos adentramos a la aventura y decidimos viajar por el Río Grande. El recorrido lo iniciamos muy temprano, como a las 7:00 de la mañana, horario en el que pudimos apreciar el inigualable espectáculo de avistamiento de aves, que inician su revuelo por esta majestuosa zona.

Esta parada nos hizo apreciar la magia de su arquitectura colonial, respetar sus festividades típicas, admirar su naturaleza y probar los sabores del pueblo, sin dejar de lado sus leyendas, como la de El Zorro, personaje español que inundó estas tierras con sus proezas y hazañas para darle a los que menos tenían y quitándole a los más poderosos.

Bahuichivo

El corazón de la Sierra Tarahumara

  • Desde esta panorámica se observan barrancos abismales, densos bosques verdes y el murmullo de un rarámuri corriendo

Las bellezas del paisaje no terminan. Cerca de la frontera con Sinaloa, en el estado de Chihuahua, se sitúa un tranquilo poblado de montañas rodeado por altos pinos: Cerocahui. Para llegar a él, nos bajamos en la siguiente parada, que es Bahuichivo, en donde podemos tomar hacia Cerocahui o a Urique, ambos pueblos son el alma de la Sierra Tarahumara.

Primero decidimos ir a Cerocahui, aunque es un poblado pequeño, hay mucho por conocer. Su centro histórico alberga la Misión de San Francisco Javier, un templo erigido por los jesuitas en 1680. A unos cuantos metros se encuentra el internado para niñas tarahumaras, quienes cantan en su lengua materna para deleite de los visitantes.

Aquí pudimos constatar que este destino es ideal para los practicantes de deportes de aventura y ecoturismo; también para los amantes de los animales, porque se pueden admirar más de 200 especies de aves que habitan esta parte de la sierra.

En el camino hacia Urique nos topamos con el mirador de El Cerro del Gallego, que tiene una vista de casi 360º de las Barrancas del Cobre. Nos dejaron sin aliento, realmente son imponentes. Desde el mirador pudimos observar el fondo del cañón, el antiguo pueblo minero de Urique y el río. El calor es terrible en verano, las temperaturas ascienden a 45 o 50ºC, así que agradecimos un chapuzón.

Una vez en el pueblo decidimos caminar hacia la hermosa Cascada de Cerocahui. El camino es largo y se realiza únicamente a pie, aproximadamente son 8 km de ida y vuelta. Vale la pena realizarlo y llegar al final. Vimos recompensado nuestro cansancio refrescándonos en su cascada con albercas naturales.

El siguiente destino es Urique, que está a dos horas y media de trayecto desde Bahuichivo. La aventura por la sierra es majestuosa, aunque para quien le tiene miedo a las alturas, es mejor no mirar por la ventana. A unos cuantos kilómetros se extiende la Barranca de Urique, la más profunda de todo el sistema de barrancas, a la cual es posible adentrarse montando a caballo. El recorrido incluye una visita al bello poblado minero que se erige en la zona y donde abundan las frutas tropicales, el maíz, el cacahuate y el café.

Al estar en Bahuichivo pudimos comprobar que es una de las áreas más impresionantes del recorrido. Tuvimos el privilegio de observar imponente cañones, barrancos, cascadas, túneles y puentes. Además, al pasar por Témoris, logramos apreciar los tres niveles de vía, incluyendo uno de los puentes más espectaculares por su belleza natural.

Posada Barrancas

Biodiversidad cobriza

  • Las impresionantes Barrancas del Cobre resguardan leyendas, tradiciones y la comunidad de los rarámuri que entrelazan sus vidas con las montañas

Al llegar a esta estación del tren, nuestra vista se conjugó con matices cafés y verdes. Una fotografía impresionante que presenta un conjunto de seis barrancas, que son cuatro veces más grandes que las del Gran Cañón de Arizona en Estados Unidos.

Posada Barrancas es una población muy pequeña junto a las Barrancas del Cobre, a sólo 4 km de la estación Divisadero. Pudimos comprobar que esta zona es una de las más espectaculares del mundo natural, porque se pueden observar otras vistas del cañón.

En toda la panorámica pudimos distinguir una montaña quebrándose una tras otra, como hundiéndose en un valle infinito. Era verano y la vegetación estaba en su máximo esplendor, de un extremo a otro, como una alfombra de terciopelo verde. Y el calor, realmente sofocante. Llevábamos bloqueador para evitar quemaduras o enrojecimiento en la piel. Sin embargo, durante todo el año, en lo más profundo del valle, siempre está verde, aún cuando en la cima de las barrancas haya nieve.

Aquí viven comunidades de Tarahumaras, quienes nos permitieron acercarnos y conocer sus costumbres, observar sus viviendas y escuchar un poco de su dialecto. Todo bajo el máximo respeto, porque para ellos es muy valioso conservar su vida en las montañas, sin necesidad de la tecnología y de un mundo tan moderno como en el que vivimos.

Existen varios lugares para visitar, como el Rancho Tarahumara de Wakajipare, el poblado de Aeroponaphunic con su iglesia y escuela. Aquí pudimos adquirir un presente hecho por las mujeres Tarahumaras, quienes tejen coloridas canastas, una artesanía recién elaborada que vale la pena llevar.

 

Un recorrido por la sierra

El tren cuenta con 2 tipos de clase: Turista y la Primera Express. En cuestión de comodidad son exactamente iguales, aunque con pequeñas diferencias. La segunda cuenta con un vagón de restaurante, donde puedes ordenar comida a la carta (con costo extra) y el de turista sólo tiene con un carrito de botana donde venden refrescos, cervezas, café, papas, etc.

La clase de Primera Express sale todos los días en ambas direcciones, mientras que la clase turista es tan sólo un tren y sale los lunes, jueves y sábados de Chihuahua rumbo a Los Mochis y los martes, viernes y domingo de Los Mochis hacia Chihuahua.

Es importante organizar le viaje pensando en los horario y días en los que pasará el tren, de esta manera considera pernoctar en alguno de los hoteles que se encuentran a lo largo del recorrido de Los Mochis-Chihuahua.

Divisadero

Un tesoro de la naturaleza

  • Un destino de maravillas naturales con escenarios para los más intrépidos: tirolesas, puentes colgantes y adrenalina al extremo

Durante el trayecto, los demás pasajero nos compartieron sus experiencias y nos aseguraron que la estación de Divisadero regala una de las vistas más alucinantes durante el recorrido en El Chepe. Después de estos comentarios, estábamos ansiosos por comprobar tal afirmación.

A diferencia de las demás estaciones, Divisadero no es un pueblo, es sólo una estación del tren con los paisajes más impresionantes que nos puede ofrecer este bello estado de Chihuahua.

Al bajar del tren, de inmediato vino una sensación de majestuosidad y de regocijo ante tanta belleza natural. Desde este punto pudimos comprobar que estábamos en el mirador de tres barrancas que confluyen en un mismo punto: Barrancas del Cobre, Urique y Tararecua.

Es increíble, pero en el fondo de las barrancas llegan las temperaturas a más de 40ºC de calor. Esto propicia que se genere un clima tropical y que crezcan cultivos naturales de banana, papaya y mango, entre otros frutos. En esta zona viven muchas comunidades de tarahumaras, la única forma de llegar a ellas es caminando. Este recorrido nos llevó cerca de una hora. Mientras avanzábamos hacia la cima de las barrancas, a 1,800 m de altura, los pinos y encinos se iban perfilando en abundancia.

En esta estación hay tres maneras de disfrutar este tesoro de la naturaleza: recorrer el parque nacional, descender y acampar en el fondo de las barrancas o dormir en una habitación desde donde se puedan apreciar las barrancas.

Muy cerca de la estación Posada Barrancas se encuentra el Parque natural Barrancas del Cobre, que nos ofrece varias actividades ecoturísticas. Cuenta con un conjunto de siete tirolesas y dos puentes colgantes para sumar casi 5 km de recorrido, una vía ferrata, que consta de rappel, escalada en roca y un pequeño puente colgante al que se accede por medio de un “salto de Tarzán”, un restaurante, senderos para caminar, renta de bicicletas de montaña, espacios para acampar, paseos a caballo y el tercer teleférico más largo del mundo, con 3 km de cable sin torres intermedias. Una gama de opciones que nos hizo vivir al máximo para dejar fluir la adrenalina.

Es en este punto donde terminamos nuestro viaje por las Barrancas del Cobre, aún nos faltan un par de estaciones con paisajes increíbles, pero esa será otra aventura que incursionaremos más adelante partiendo de Chihuahua. Es momento de regresar a Los Mochis para degustar un fresco platillo de mariscos a la orilla de la playa.

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