El antiguo Camino Real Ciudad Victoria-Tula es uno de los grandes vestigios que resguarda el estado de Tamaulipas, ya que comunicó y permitió un gran desarrollo comercial durante el siglo XIX y la primera mitad del XX.

Fue en 1750 en la villa Santa María de Aguayo, actual capital tamaulipeca, cuando se iniciaron los planes para llevar a cabo este proyecto, idea del colonizador José de Escandón quien ordenó buscar un camino a Jaumave, pues el paso por la sierra no era fácil sobre todo para vehículos de ruedas, por lo que durante mucho tiempo la única manera de hacerlo era a lomo de mula. Al consumarse la Independencia, varias autoridades del estado se empeñaron en construir un camino a través de la sierra. El esfuerzo lo inició el gobernador Francisco Vital Fernández, eligiendo la ruta de Las Minas, donde situó un presidio para que los reos trabajaran en la obra.

A mediados del siglo XIX correspondió al mandatario Jesús Cárdenas darle un gran adelanto a lo ya construido, por lo que en 1860 ya cruzaban carromatos tirados por bueyes; sin embargo, el trazo era burdo y con escasa técnica de ingeniería. Al instaurarse el porfiriato se iniciaron las obras del “Camino Nacional Carretero” entre Victoria y Tula, la cual se concluyó durante el mandato de Pedro Argüelles. Protagonista de memorables episodios históricos, la vía funcionó toda la mitad del siglo XX hasta la construcción de la Carretera Adolfo López Mateos.

Actualmente al recorrer esta antigua arteria aún se puede observar el magnífico estado de conservación de los monumentales muros de contención que le dan soporte al camino; destaca, asimismo, la magna obra del “cerro agujerado”, un viaducto taladrado en la roca que permitió conservar la tangente de la vía para ascender la sierra

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