Por Norma Esqueda

Adentrarse al Pueblo Mágico de Cuatro Ciénegas de Carranza es descubrir la magia de su cultura e historia. Un oasis de impactantes paisajes desérticos que contrastan con las pozas de agua cristalina y turquesa con la calidez de su gente.

Estar en Cuatro Ciénegas de Carranza, Coahuila, me llevó a hacer un recorrido por el tiempo. Sentir y disfrutar de los paisajes naturales que vivió uno de los revolucionarios que escribió parte de nuestra historia.

Al entrar a este Pueblo Mágico me recibió la estatua de Venustiano Carranza, tierra que lo vio nacer, con una expresión que plasma el carácter firme y decidido del que fuera jefe del Ejército Constitucionalista.

Una vez que logré atravesar al defensor coahuilense, el pueblo me mostró uno de sus mayores tesoros, su gente, que porta amplios sombreros para cubrir sus rostros de los intensos rayos del sol.

Pude respirar un tranquilo aire provinciano mientras iba descubriendo sus bellezas naturales y culturales. La primera parada fue la Plaza Principal, que se distingue por su verde colorido; me sorprendieron la Iglesia de San José con estilo árabe y detalles góticos y el Palacio Municipal de estilo neoclásico.

Un poco más adelante me esperaba el Museo Venustiano Carranza, donde vivió el líder revolucionario. Un sitio imperdible para conocer la historia del pueblo, de México y de la vida de este personaje.

A unas cuadras me topé con uno de los mejores lugares para caminar, el Callejón Guevara, una calle muy estrecha, donde me senté a observar la vida tranquila de Cuatro Ciénegas mientras escuchaba los motores de los autos antiguos pero bien conservados, que transitan por el pueblo.

Pero la magia de esta villa colonial no solo reside en su tranquilo aire provinciano, sino también en la grandiosidad de sus paisajes naturales y las actividades que ofrece. A nueve kilómetros del pueblo se encuentra el Área Natural Protegida de Cuatro Ciénegas.

Un lugar mágico donde pueden encontrarse humedales, arroyos y muchas pozas, así como más de 70 especies endémicas entre bacterias, reptiles, peces, moluscos, insectos y plantas cactáceas.

Una vez aquí, no pude dejar de recorrer sus sorprendentes dunas de yeso, un desierto de cristal blanco, donde se levantan extrañas esculturas naturales de yeso moldeadas por la erosión.

Otro imperdible fue Poza Azul, que forma parte de una red de torrentes subterráneos que dan paso a un mundo secreto y fascinante bajo los colores que van del azul zafiro al turquesa. Un recorrido mágico.

Seguí descubriendo estas increíbles bellezas naturales hasta llegar a las Minas de Mármol, una cantera abandonada que parece una zona arqueológica mediterránea. Un lugar verdaderamente indescriptible.

En este Pueblo Mágico no todo es historia y naturaleza, también se pueden realizar diversas actividades, como buceo, kayak, windsurf, paseos a caballo, caminata, recorrido en bicicleta de montaña, campismo y rappel, además de practicar fotografía en los paisajes subacuáticos y de su vida silvestre.

Me quedé con una imagen imborrable: Cuatro Ciénegas es un pueblo lleno de cultura y magia natural, donde el silencio deja huellas que el viento no logra borrar en los recuerdos de quien lo visita.

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