‎De tan grande y abundante riqueza, los más de 350 km que conforman este destino de Jalisco están divididos en seis regiones turísticas: Bahía de Navidad, Bahía de Tenacatita, Costa Careyes, Bahía de Chamela, Costa Majahuas y Cabo Corrientes, en donde se mezclan complejos de lujo y playas vírgenes con santuarios naturales.

Por Ramón Rivera / Fotos: Edgar Xolot

Playa y pesca deportiva

Para llegar a Costalegre lo más recomendable es arribar al aeropuerto de Manzanillo, ubicado a escasos 20 minutos de Bahía de Navidad; punto de inicio de esta región turística que se extiende hasta Puerto Vallarta.

Comenzamos nuestro recorrido en la pequeña comunidad de Barra de Navidad, famosa por sus torneos internacionales de pesca de marlín y de vela –se realizan en enero–, además de competencias de nado a mar abierto, las cuales reúnen –cada octubre– a más de 500 participantes de todo el país.

De calles adoquinadas, Barra –como los habitantes la nombran– posee hoteles de diversas dimensiones y una gran variedad de restaurantes diseminados en el centro de la ciudad, en la costa y a orillas de la laguna; son célebres por sus platillos a base de pescados y marisco. De hecho, se afirma que en el restaurante Pancho, asentado frente a la playa, se crearon hace más de 40 años los camarones a la diabla, hoy de gran fama. En la zona también se recomienda degustar el pulpo especial, ceviches y cocteles –de camarón, callo, pescado o pulpo–, entre otras delicias, pero no debe faltar el pescado a la talla, una de las especialidades de la región.

Caminar por su recién remodelado malecón o disfrutar de los pequeños paradores en la playa mientras te refrescas bebiendo un vaso de “tuba” –agua de flor de palma de coco– son actividades imprescindibles en Barra, al igual que la visita a la galería de fotos antiguas y a la Parroquia de San Antonio de Padua, que resguarda el Cristo del Ciclón con sus brazos caídos: cuenta la leyenda que los pobladores pidieron a la imagen detener la furia del Huracán Lily en 1971. Al momento de estar a la intemperie los vientos huracanados cesaron, pero sus brazos extendidos se desgarraron sin caer al suelo, sostenidos por una delgada tela.

Para tener una vista general de Barra, Melaque y Cuastecomate –comunidades del municipio de Cihuatlán que integran Bahía de Navidad–, abordamos una de las embarcaciones de la cooperativa de pescadores. Si te gusta la pesca, puedes alquilar –por horas o por día– una embarcación con los expertos capitanes que te llevarán a los sitios con las mejores presas, ya que, además de marlín y vela, abunda el dorado y el atún. Durante nuestra exploración tuvimos la oportunidad de ver un buque de gran calado de nombre Los Llanitos de más de 220 metros de largo y 38 mil toneladas de peso, que encalló hace un año frente a Barra, en Punta Graham; la nave se ha convertido en un atractivo involuntario de la zona.

Al caer la tarde nos dirigimos hacia las playas de San Patricio Melaque, lugar donde se reúnen decenas de jóvenes para practicar el skimboard. A diferencia del surf, los deportistas se resbalan desde la arena hasta llegar al mar para “atrapar” la ola y deslizarse con sus tablas hasta la orilla.

También puedes hacer paseos a caballo o en lancha y practicar esnórquel. Además de su mirador en Punta Melaque –donde es posible recrearse con los bellos amaneceres–, el centro de la comunidad se caracteriza por su agitada vida nocturna: pequeños restaurantes, cafeterías y bares se concentran en la plaza central; por las noches –especialmente de jueves a sábado–, ofrecen música en vivo.

Concluimos nuestra visita en Bahía de Navidad en la pequeña localidad de Cuastecomate. Actualmente uno de los más populares de Costalegre, ya que se realizó una inversión cercana a los $50 millones de pesos para crear el Primer Destino de Playa Incluyente del país (y quizá de América Latina) con vialidades, mobiliario, señalización –incluso en braille–, baños y acceso a la playa para personas con discapacidad y adultos mayores. Cuenta con atención médica y servicios de urgencia. Se pueden rentar –por $25 pesos– sillas flotantes y camillas especiales para practicar esnórquel.

Restaurantes, hoteles y bungalows complementan los servicios turísticos.

Aventura salvaje

Nuestra visita prosiguió en Bahía de Tenacatita –municipio de La Huerta–, que despuntó en el ámbito turístico a mediados de 1990 con la construcción del complejo El Tamarindo, diseñado por Luis Bossons con 29 villas con alberca privada y vistas al mar y a la montaña. Posee, además, un campo de golf de 18 hoyos, obra del arquitecto David Flemming, quien aprovechó la abundante naturaleza de la región para trazar una obra maestra dejando nueve hoyos frente al mar. El conjunto también tiene spa y temazcal, deportes acuáticos, canchas de tenis, gimnasio, ciclismo de montaña, senderos para caminata, muelle privado y centro de negocios.

Dentro de este complejo está en desarrollo el hotel Four Seasons, que dispondrá de 160 habitaciones y suites con la suntuosidad que caracteriza a la firma.

Otros complejos turísticos se ubican en Punta Serena y Los Ángeles Locos, los cuales están rodeados de abundante vegetación y copiosa fauna, destacando sus aves endémicas.

En contraste está Boca de Iguanas, una zona casi virgen con hermosas playas de fina arena en donde los visitantes pueden acampar, realizar paseos a caballo o practicar deportes acuáticos. Aquí también hay una pequeña productora de raicilla, un destilado de agave, cuyo proceso artesanal y orgánico lo han catapultado entre los paladares más exigentes.

En Bahía de Tenacatita destaca La Manzanilla que, además de sus playas y la variedad de deportes acuáticos que se pueden practicar, posee un imponente cocodrilario; el más importante de Jalisco y, quizá, uno de los más valiosos del país.

Y es que este impresionante refugio de más de 900 mil m2 tiene unas 300 especies –los pobladores aseguran que hay 400– de Crocodylus acutus, algunos con más de 60 años, miden más de cinco metros de largo y pesan más de 350 kg; un deleite para los amantes de la naturaleza.

Operado desde hace una década por los ejidatarios de La Manzanilla del Mar, obtuvo en 2008 el registro como Unidad de Manejo y Conservación de la Vida Silvestre (UMA) de la Semarnat (Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales) por su trabajo en la conservación y el aprovechamiento sustentable de la vida silvestre.

Al caminar por los senderos de puentes colgantes –el acceso tiene un costo de $25 pesos; $10 para los niños– tuvimos la oportunidad de ver muy de cerca a los cocodrilos, que parecen estar acostumbrados a la presencia de las personas. Media docena de reptiles de enormes dimensiones nos mira con indiferencia cuando pasamos por encima de sus cuerpos, a menos de dos metros de distancia.

Antonio Nicolás “El Chido”, quien funge como guía y cuidador, nos aseguró que nunca han atacado a nadie: “sólo están expectantes a la comida que les dan los visitantes”. Le pregunto si lo podemos hacer. “Claro”, nos dice entusiasmado. No desaprovechamos la ocasión y compramos –por $20 pesos– una bolsa de pescado; no fuimos los únicos. Los turistas, uno tras otro, nos imitan, pues es un espectáculo fascinante ver cómo devoran el alimento.

En medio del camino hay un mirador de poco más de tres metros que ofrece una vista sobre la zona de manglares. Los más osados pueden rentar una lancha –$150 pesos por persona– y remar por la laguna en medio de decenas de cocodrilos de todos tamaños.

Exclusividad detonante

Nuestro itinerario continuó en Costa Careyes –también del municipio de La Huerta–, uno de los más famosos de Costalegre, debido al exclusivo paraíso hedonista construido por Gian Franco Brignone y visitado por el jet set internacional, afamados músicos, artistas de Hollywood y personalidades mexicanas. Las construcciones de vivos colores en acantilados con vista al mar, rematadas con techos de palapa y albercas privadas –denominadas infinity pool–, ahora son un referente en la arquitectura nacional.

Estas propiedades pertenecen a una opulenta comunidad proveniente de diversos países –hay más de 30 nacionalidades representadas en este rincón de Jalisco–, que se caracteriza por el cuidado a la naturaleza, amabilidad, educación e inclusión de la comunidad. Además del Hotel Careyes y condominios, los visitantes pueden alojarse en las mansiones Sol de Oriente y Sol de Occidente, erigidas en colinas opuestas que emergen entre Playa Careyitos –un espacio semivirgen con sólo un restaurante de la cooperativa de pescadores– en el que prevalece un ambiente privado y exclusivo con atención personalizada.

Actualmente en Costa Careyes se está construyendo un espacio para tratamientos a base de masajes y talasoterapia. Se estima que este nuevo complejo estará listo para la temporada invernal.

En la pequeña comunidad de Careyes se ubica la Plaza de los Caballeros del Sol con restaurantes, sala de arte y boutiques, además de las oficinas de la Fundación Careyes, la cual realiza diversas acciones en pro de la educación, la salud, los deportes, la ecología y el arte en beneficio de las comunidades.

Durante el invierno –y en ocasiones en el verano– se organizan diversos eventos culturales, sociales y deportivos, como el Festival de Cine Arte Careyes –con proyección de cintas al aire libre–, al que asisten personalidades de la farándula para convivir con lugareños y visitantes, ya que prevalece un ambiente relajado, de camaradería y sobre todo de privacidad. Además de la proyección de cintas, se realizan conciertos al aire libre; también se festeja el Año Nuevo Chino; se organizan exposiciones de arte y muestras gastronómicas.

Mención especial merece el Costa Careyes Polo Club, ubicado en el corazón de la selva de Jalisco, que anualmente atrae deportistas de élite y personalidades como Giorgio Armani, Francis Ford Coppola, Cindy Crawford y Bill Gates.

Inaugurado en 1990, el club cuenta con dos campos de medidas reglamentarias y una larga temporada de juegos que inicia en noviembre y se explaya hasta el mes de abril. Las competencias se llevan a cabo cuatro veces a la semana –normalmente de martes a sábado– durante los cuales se disputan diversos trofeos y también se realizan partidos de exhibición.

Costa Careyes también es ideal para realizar eventos privados, sociales y empresariales, ya que cuenta con 16 espacios de distintos formatos, dependiendo de las necesidades, con capacidad de 30 hasta dos mil personas.

Lujo sin igual

Nuestra siguiente parada fue Bahía de Chamela –el tercer y último destino turístico del municipio de La Huerta–, en donde conviven resorts de lujo con comunidades de pescadores y sitios de inhóspita belleza. Decidimos conocer uno de éstos: el Área Natural Protegida Santuario Islas de la Bahía de Chamela. Para llegar, abordamos una embarcación en la comunidad de Chamela, que cuenta con pequeños hoteles, bungalows y restaurantes.

El costo promedio del traslado es de $800 pesos, pero se tiene la ventaja de pedir el regreso a la hora que lo desees. Lo más recomendable es llegar durante las primeras horas del día y solicitar el retorno cuando cae el sol, de esta manera te puedes recrear con el avistamiento de aves en la isla La pajarera, que hace honor a su nombre, ya que en este trozo de tierra de poco más de un kilómetro de largo y 500 metros de ancho es posible observar de cerca millares de aves marinas, como gaviotas, albatros, pelícanos, alcatraces, cocochas blancas y pájaros bobos, una especie endémica de las costas de Jalisco, cuyas crías nacen entre junio y julio.

Después de fotografiar a las aves y caminar por varios senderos, decidimos disfrutar de la caleta que hay en Isla Cocina con su playa de arena dorada y gozar de su mar cristalino de cálidas aguas.

Al concluir nuestro paseo en lancha, nos trasladamos a Las Alamandas, un exclusivo resort con una amplia franja de playa que ha sido galardonado por diferentes publicaciones como uno de los hoteles más románticos del mundo.

Y así parece, pues desde que fue fundado por Isabel Goldsmith-Patiño en 1990, ofrece a sus huéspedes privacidad, lujo y confort, además de los más altos estándares en servicios de hospitalidad rodeada de un distinguido ambiente natural.

Además de siete villas con 17 espaciosas suites para 42 huéspedes con vista al mar, terraza y sala, cuenta con una pista privada de más de mil metros capaz de recibir aviones bimotores y de propela, por lo que ofrece traslados privados por tierra o por avión a sus distinguidos huéspedes.

Para complementar los servicios de lujo del municipio de La Huerta, está en plena construcción el Cheval Blanc, el primer hotel de la firma Louis Vuitton en México y el primero también de América Latina. Estará listo en 2017 y pretende ser el más fastuoso del país. El hotel forma parte del proyecto Zafiro Resort, un desarrollo de más de nueve millones de m2 en Bahía de Chamela con más de siete kilómetros de frente de playa, que también incluirá 525 condominios y lotes residenciales, además de una pista de aterrizaje privada.

El complejo se complementa con un campo de golf de 18 hoyos, diseñado por la firma Von Hagge, Smellek and Baril, además de una marina para yates de grandes dimensiones.

Paseo al natural

Proseguimos hacia Costa Majahuas, en donde se ultiman los detalles –en Chalacatepec–, del primer aeropuerto de Costalegre con una pista de más de dos kilómetros de largo, con lo que se pretende atraer vuelos directos a la región en aeronaves comerciales de diversas dimensiones, así como vuelos privados. Se espera que el aeropuerto empiece a funcionar para el verano de 2017.

En esta zona también se construye el complejo de lujo de One and Only, el cual contará con 75 villas y los servicios que caracterizan al resort, como son su atención personalizada, gastronomía de cocina de autor, actividades físicas personalizadas y tratamientos para el cuidado de la piel, entre otros.

Además, conectará con la carretera 200 Puerto Vallarta-Barra de Navidad, que se está ampliando y ya lleva avances en diversos tramos; los trabajos se concluirán también en 2017.

Las decenas de kilómetros de Costa Majahuas –municipio de Tomatlán– son refugio de varias especies de tortugas, pues de las siete que llegan a las costas de México, cuatro arriban a las playas de Jalisco: Carey, Golfina, Prieta y Concha Blanda, por lo que desde hace dos décadas se realizan actividades de protección, principalmente en dos campamentos: La Gloria y Majahuas, ubicados en los extremos del municipio.

En el refugio La Gloria, adscrito al Centro Universitario de la Costa Sur (CUCSur), la Universidad de Guadalajara realiza programas de protección entre estudiantes de todos los niveles, a quienes se les involucra en el rescate de huevos, protección de nidos y liberación de tortugas. La temporada inicia en junio y se extiende hasta el mes de diciembre. Cada año se liberan más de 300 mil quelonios.

A su vez, el campamento Majahuas es un sitio casi virgen con más de nueve kilómetros de costas. Es protegido por la cooperativa de pescadores de la zona, así como de voluntarios que llegan de todo el país para participar en la preservación de la tortuga. Cada año se liberan 100 mil especies.

En las costas también es posible practicar pesca de lobina, langosta y ostión; en los esteros y lagos de agua dulce los pescadores capturan langostino, tilapia y camarón, los cuales se pueden consumir realmente frescos en los restaurantes de la región.

Además, los manglares y canales naturales brindan la oportunidad de admirar en su hábitat natural a cocodrilos, patos silvestres y garzas, entre una gran variedad de aves acuáticas.

Los lugareños nos comentaron que en La Peñita Pintada existen pinturas rupestres en el techo de una cueva.

Durante nuestra visita, aprovechamos para conocer la presa más grande de Jalisco: Cajón de Peña, en donde se organizan torneos de pesca de lobina, además de esquí y windsurf durante cualquier época del año, ya que el clima es benigno en esta provincia.

Hospedarse en las austeras cabañas o acampar en los alrededores de la presa son recomendaciones para quienes buscan relajarse y olvidarse de los problemas citadinos.

Por los alrededores se puede hacer senderismo y bicicleta de montaña, ya que hay varias rutas trazadas por intrépidos aventureros.

Diversión sin límites

Cabo Corrientes es la última región turística que conforma Costalegre. Debido a su cercanía con Puerto Vallarta y a sus múltiples atractivos es uno de los destinos más visitados, por lo que se han desarrollado varios sitios ecoturísticos.

Iniciamos en la cabecera municipal: El Tuito, un pequeño poblado de calles empedradas, casas de colores ocres y techos adoquinados. Podría fácilmente ingresar al Programa Pueblos Mágicos de la Secretaría de Turismo por su arquitectura mexicana, sus historias y leyendas, además de su peculiar encanto.

La plaza principal está adornada con un quiosco central y rodeado de jardines y bancas, en donde conviven locales con visitantes. A un costado se ubican el palacio municipal, pequeños hoteles, cafeterías y restaurantes. Detrás de la plaza se localiza la Iglesia de San Pedro Apóstol; conserva restos originales de su edificación, por lo que tiene un aire antiguo. También están los vestigios de la ex Hacienda de San José, que en su momento fue el núcleo económico de la región.

De ahí nos trasladamos al centro ecoturístico Los Veranos. Tiene diversas atracciones, el principal es el canopy (el costo es de mil pesos; $800 para menores). En el circuito por las 14 tirolesas te vas deslizando por encima de los árboles, por lo que tienes una vista espectacular del río Orquídeas.

Al concluir, puedes caminar por los senderos, subirte a un kayak para pasear por el río y después zambullirte en sus refrescantes aguas. Hay camastros para aprovechar los rayos del sol. También tienen un santuario de fauna silvestre con monos, iguanas y tucanes.

Complementan los servicios con un restaurante de especialidades mexicanas y un bar con catas de tequilas y de raicilla.

Más tarde llegamos al muelle de Boca de Tomatlán para abordar una lancha que nos llevó por la costa de Cabo Corrientes, en donde abundan playas –Las Ánimas, Quimixto, Caletas y Majahuitas, entre muchas otras– con hoteles y cabañas.

Durante el trayecto hay que estar atentos al paso de los delfines o ballenas –la temporada es de diciembre a marzo–. Para apreciar toda la riqueza marina es necesario detenerse y bucear o hacer esnórquel en los sitios que recomiendan los guías.

Concluimos nuestro viaje en el pequeño pueblo de Yelapa, que tiene lugares para hospedarse, restaurantes, excursiones en cuatrimotos, venta de artesanías hechas de palo de rosa y visitas a la cascada.

Isla Navidad: El complemento

Justo frente a Barra de Navidad se ubica Isla Navidad, que posee, entre sus atractivos, un campo de golf de 27 hoyos, uno de los dos campos en México que ha merecido la distinción del premio Golf Medal Award, otorgado por la revista Golf Magazine y también fue nombrado como Mexico’s Leading Golf Resort 2012 por World Travel Awards.

Fue diseñado por el famoso arquitecto Robert von Hagge, quien aprovechó las laderas, lagunas y extensa playa para brindar una experiencia visual inigualable. Está dividido en tres campos de 9 hoyos cada uno: el Océano, la Montaña y la Laguna.

Para hospedarse está el Grand Isla Navidad Resort con 158 espaciosas habitaciones y 41 lujosas suites, que reflejan los más altos estándares de calidad del país. Ofrece diferentes opciones de alojamiento y tres restaurantes, que son atendidos bajo la supervisión de chefs internacionalmente reconocidos. Se ha especializado en grupos y convenciones, así como en la organización de bodas con paquetes todo incluido.

Además, está la Marina Puerto de la Navidad, que tiene capacidad para 200 embarcaciones con todos los servicios (electricidad, descargas sanitarias o hidráulicas del barco, teléfono, lavandería, internet, señal de TV por cable y vigilancia permanente).

A un costado se encuentra Colimilla, famoso por sus restaurantes de pescados y mariscos. La langosta al carbón, pescado relleno de mariscos, aguachile de camarón y pescado a la talla son los platillos preferidos. Hay servicio de taxis acuáticos durante todo el día para trasladar a los visitantes a Barra de Navidad, en donde también se aborda.

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