• Costa Esmeralda

En esta franja costera de Veracruz, el tiempo transcurre sin prisa porque no hay mucho que hacer. Y eso le confiere un aire atractivo para los que viven agobiantes rutinas.


Observar a los pescadores que despliegan sus redes esparcidos en la Barra de Nautla, con el olor del café de la mañana mientras llega el desayuno, es uno de los mejores recuerdos que tengo en mi álbum de aventuras y relajación por la Costa Esmeralda.

Localizado a 45 minutos de vuelo desde la Ciudad de Mexico, y a 200 kilómetros del puerto de Veracruz, la Costa Esmeralda toma este nombre por la paleta de colores que adquiere su mar durante las diferentes horas del día, cuando está de humor manso y apacible, y sus olas se rompen de manera musical, como si Agustín Lara les hubiera marcado el compás.

Lo mejor que hay que hacer en esta franja costera es nada, o como dicen los italiano Il Dulce Far niente, lo que permite a cualquier visitante llenarse de energías y regresar a su lugar de origen con bríos renovados y energías positivas para enfrentar sus actividades diarias.

Aquí entendí bien ese concepto de hacer nada, y que esas sean las mejores vacaciones; ver pasar el tiempo, un verdadero lujo. Tecolutla es el epicentro de la costa, la capital no oficial. El calor del día invita a la siesta, si es en hamaca mejor, y con la música de las olas puesta a un volumen ambiente, mezclado con el canto de los pájaros y la brisa del golfo que llega a buen puerto. ¿Quién dijo que hacer nada es aburrido?

Aunque si de hacer algo se trata, la geografía de la Costa Esmeralda permite visitar diversos lugares tan variados como coloridos en una hora o menos de camino, como la ciudad con olor a vainilla: Papantla, donde una visita de media tarde se antoja para perderse entre sus calles.

A pocos minutos de ese poblado se encuentra la zona arqueológica de El Tajín, inmersa en la selva y en donde la humedad y las nubes bajas llegan a invadir las estructuras ancestrales. Procura llevar un par de botas camineras, impermeable y la mejor disposición, ya que la lluvia es una constante en este sitio, lo que le da un toque especial, de misticismo y aventura.

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