Por Ramón Rivera

De abundante herencia maya, copioso legado colonial y exuberante naturaleza, Chiapas es uno de los estados más atractivos del país, capaz de embelesar a primera vista e incitarnos a regresar para seguir cautivados con su belleza.

Moderna y ancestral
Justo al medio día arribamos a Tuxtla Gutiérrez, una ciudad que, pese a su creciente modernidad, aún conserva arquitectura, rituales, fiestas y platillos que reclaman su origen ancestral.

De inmediato nos trasladamos hacia los miradores –Ceiba, La Coyota, Roblar, Tepehuate y Los Chiapas– para disfrutar de una majestuosa vista del Cañón del Sumidero con sus más de 800 metros de altura.

En este sitio se libró la Batalla del Sumidero entre los antiguos chiapa y los españoles. Una romántica leyenda asegura que los primeros prefirieron lanzarse a las profundidades del cañón antes de ser dominados por los españoles.

Aquí floreció la cultura zoque, importante en el desarrollo de las civilizaciones de Mesoamérica; aún es posible admirar su patrimonio en los recintos culturales de la ciudad, especialmente en el Museo Regional de Chiapas.

Otro de los sitios emblemáticos de la ciudad es el Zoológico Manuel Álvarez del Toro –ZOOMAT–; se localiza en medio de una zona cubierta de selva mediana que proporciona a los animales un hábitat similar al original. Además de las visitas diarias, es posible realizar recorridos nocturnos.

El jardín Botánico Faustino Miranda, la Casa de Artesanías, el Museo de Historia Natural, el Parque Bicentenario o la inmaculada Catedral de San Marcos, cuyos cimientos datan del siglo XVI, también son sitios imprescindibles en esta localidad, en donde cada sábado lugareños y turistas se reúnen en el Parque de la Marimba, ya sea para bailar, escuchar a los músicos o sólo para admirar el cadencioso baile de las parejas.

Atracción profunda
Salimos de Tuxtla Gutiérrez hacia la Sima de las cotorras, un sitio con cerca de 150 metros de profundidad, refugio de cientos de aves de distintas especies.

Para llegar nos dirigimos hacia Ocozocoautla de Espinosa y Ocuilapa de Juárez, en donde se encuentra la localidad de Piedra Parada. Ahí es necesario ir por el camino de terracería hasta llegar a la fosa, que tiene 160 metros de diámetro.

Las aves ofrecen dos espectáculos diarios: al romper el alba, cuando abandonan sus nidos volando en círculos ascendentes –siete vueltas realizan antes de salir de la sima–, y durante el crepúsculo, cuando regresan a sus nidos; la mejor temporada para observarlas es a partir de este mes de marzo y hasta noviembre. Además de las decenas de cotorras que aquí habitan, también se avistan chachalacas, gavilanes y búhos, así como pequeños mamíferos, como zorras y coyotes.

Al descender unos 20 metros es posible descubrir otro de los atractivos de la oquedad: más de 30 pinturas rupestres entre las que destacan huellas de manos pintadas de color rojo y negro, las cuales –gracias a su ubicación– se encuentran muy bien conservadas.

Por las condiciones de la zona, también es posible realizar senderismo; los expertos guías de la comunidad zoque –cuentan con una cooperativa que ofrece diversos servicios– explican de manera detallada la riqueza natural de la selva a los visitantes, en donde predominan enormes árboles –de más de 30 metros– cahsban, molinillo, chicozapote, jobo, flor de corazón, caoba y de higo, entre otros. Los más intrépidos pueden realizar rappel de la mano de los diestros guías.

Además, la cooperativa cuenta con nueve áreas para acampar y cabañas –bellas y amplias construcciones con todas las comodidades que buscan los turistas–, así como un restaurante con comida típica de la región, como tamales de chipilín, barbacoa y caldo de gallina, entre otras delicias.

Colores santos
Al día siguiente nos dirigimos hacia Lagunas de Montebello, ubicadas en la frontera con Guatemala. De hecho, algunas están en el área limítrofe, por lo que es común encontrar artesanías o productos guatemaltecos en la franja chiapaneca.

De acuerdo con los expertos, estas lagunas fueron antiguos cenotes que la corrosión de la roca caliza y los derrumbes han unido a través del tiempo. Muchos de los cuerpos de agua carecen de denominación y su número es incierto, aunque se dice que son 59 lagunas. Son famosas por las diversas tonalidades azules de sus aguas; colores provocados por varios factores, como los tipos de suelo del fondo, la vegetación o la refracción de la luz.

La visita se puede realizar por dos caminos: el primero hacia los terrenos del Parque Nacional, donde se encuentran las lagunas Esmeralda, La Encantada, Bosque Azul, Ensueño y Agua Tinta, los cuales están rodeados de bosques de pinos.

En las lagunas se pueden hacer excursiones hacia San Rafael, un arco natural de 40 metros de altura, donde se sumerge la pequeña corriente de agua conocida como Paso del Soldado. El otro camino lleva a las lagunas Cañada, Pojoj, Tziscao y Dos Lagunas.

La región cuenta con albergues, comedores y balsas, que pueden ser rentadas para realizar un tranquilo paseo, pues pareciera que nada puede fragmentar la serenidad que predomina en esta zona de rutilante belleza.

Camino hacia Comitán –en donde pernoctamos– decidimos visitar la cascada El Chiflón, una de las más impresionantes de Chiapas por su altura, cuya caída escalonada alcanza los 120 metros. Aquí se han creado varias piscinas naturales de diversas dimensiones.

Gracias a la belleza de la región se estableció un centro ecoturístico comunitario con hospedaje (12 cabañas) y un restaurante de comida típica para 90 personas; además de un módulo de artesanías y mil 260 metros de andadores con visitas guiadas en los que se detallan la flora y fauna del lugar.

Encanto provinciano
Recorrer las calles de Comitán de Domínguez es volver a un pasado lleno de gloria y colorido; una ciudad plagada de historia, pues es cuna de la Independencia del sur del país. Esta localidad, de arquitectura tradicional, de casas con tejados rojos y toques neoclásicos, creció gracias a las ricas haciendas, por lo que desde la época colonial se convirtió en una de las principales ciudades de la provincia chiapaneca.

Dentro de su trazo regular con calles de pronunciadas pendientes destaca su plaza principal, donde se yergue la iglesia de Santo Domingo, que data del siglo XVI. Ésta, junto con los templos de San Caralampio, El Calvario, San José y San Sebastián, son las construcciones sacras más representativas de la época colonial de Comitán.

Ejemplo de las grandes propiedades privadas del siglo XIX es la Casa Museo Belisario Domínguez –sitio donde nació y vivió el político chiapaneco, en cuyo honor se entrega un reconocimiento a los mexicanos más sobresalientes–, que exhibe en 10 salas objetos de uso personal, su instrumental médico y muebles, objetos de la época, además de correspondencia particular y de la familia.

No puede faltar la visita al Centro Cultural “Rosario Castellanos”, cuyas paredes están embellecidas por un mural de Rafael Muñoz López, en el que narra la historia comiteca y la vida de sus personajes más sobresalientes.

Si se desea conocer más sobre las provincias de Chiapas, hay que tomar camino hacia San Cristóbal de las Casas, sitio imprescindible cuando se recorre este bello estado lleno de naturaleza. Está ubicado a sólo 82 km de la capital estatal, posee la superficie cubierta por tejas más grande del país sobre un trazo urbano de inspiración renacentista.

En el Centro Histórico convergen inmuebles de gran belleza, como el Templo de Santo Domingo con su fachada extraordinaria que simula un retablo barroco y en cuyo interior se encuentra la Capilla del Rosario, que alberga la representación de la Santísima Trinidad, una de las mejores tallas estofadas del estado.

Otra construcción religiosa de gran importancia es la Catedral de San Cristóbal de las Casas de estilo barroco; un púlpito bellísimo, el retablo de los Reyes, dos retablos de estilo barroco salomónico y sus pinturas con temas religiosos son sus principales atractivos. Aunque hay diversas opciones para recorrer, no debe faltar la Casa de Diego de Mazariegos, quien fundó esta ciudad en 1528, y el Museo del Ámbar, la gema más característica de Chiapas e inspiración de los artesanos locales.

La visita se complementa con un paseo por los andadores (eclesiástico y guadalupano), que integran una armonía visual, pues además de gozar de una agradable caminata entre restaurantes, galerías de arte, musesos, bares, mezcalerías y cafeterías, se puede disfrutar de su agradable clima.

Legado indeleble
Una visita a Chiapas no estaría completa si no se incluyen algunas de las zonas arqueológicas de la región, ya que aquí se encuentran sitios de inigualable esplendor, que aún hoy siguen seduciendo.

El primero que recorrimos fue Bonampak, que alberga los murales mejor conservados e importantes que se conocen del llamado periodo Clásico Maya. Los colores, símbolos y trazos hipnotizan por horas. La zona arqueológica está ubicada en el corazón de la Selva Lacandona.

Del conjunto, solamente la Gran Plaza y la Acrópolis están exploradas. En la primera se levanta la magnífica estela 1, la cual muestra a Chaan Muan II –quien, de acuerdo con los expertos, fue el último gobernante, cuyo mandato se inició en 776 d. C.– vestido con gran lujo para celebrar su quinto año de gobierno.

Sobre la acrópolis, que sigue los desniveles del terreno, se construyó el edificio de las pinturas. Posee tres cámaras, en la primera se muestra la ceremonia de presentación, por parte de la familia gobernante del heredero al trono y el avituallamiento del señor por varios servidores. En el mismo cuarto se encuentra la escena de la procesión de los músicos.

En la segunda cámara se muestra la escena de la batalla y del juicio de los prisioneros. En ella se destaca la presencia de Chaan Muan II con un gran tocado de piel de jaguar. La batalla ocurrió el 2 de agosto de 792 d. C. Todavía no hay consenso sobre si se trata del aplastamiento de una rebelión campesina o la victoria sobre un grupo vecino.

La cámara tres representa a la suntuosa ceremonia de celebración de la victoria militar. En ella hay representaciones de danzantes, nobles y músicos, todos delante de la presencia de Chaan Muan II, quien realiza un auto sacrificio para ofrecer su sangre a los dioses.

Los murales nunca fueron terminados y después de pintarlos, el sitio fue abandonado por razones aún desconocidas. Su descubrimiento en 1946 –una de las grandes historias de la exploración arqueológica en Chiapas– permitió conocer a uno de los mayores testimonios de la cultura maya y la extraordinaria concepción de color y línea de sus pintores.

Riqueza sagrada
Proseguimos hacia Frontera Corozal, lugar donde se encuentra el Centro Turístico Escudo Jaguar, en donde abordamos una lancha para surcar las aguas del Usumacinta, el río más caudaloso de México y el más largo de América Central, ya que la zona arqueológica de Yaxchilán está a una hora de navegación.

Durante el trayecto se pueden distinguir aves y cocodrilos de diversos tamaños, también se vislumbra la bandera guatemalteca en la otra orilla, pues una parte del Usumacinta es la frontera entre México y Guatemala. Un espléndido escenario de selva verde cobija a este magnífico sitio arqueológico, famoso por su arte escultórico patente en estelas y dinteles. La superficie de la ciudad es muy extensa, pero su visita se restringe actualmente en la Gran Plaza, la Gran Acrópolis, la Pequeña Acrópolis y la Acrópolis Sur. Para acceder a la Gran Plaza es necesario atravesar el edificio 19, conocido también como El Laberinto, nombrado así por la compleja distribución de sus cuartos.

En los terrenos de la plaza se localizan el juego de pelota y pequeños conjuntos de edificios que, en algunos casos, parecen haber tenido la función de palacios. En varias de las construcciones se encuentran todavía los dinteles que narran la historia dinástica de la ciudad; destacan además los edificios 12 y 22. La gran estela 1 se yergue sobre la plaza mostrando al Pájaro Jaguar IV, quien logró el esplendor de Yaxchilán en el siglo VIII.

Una intensa emoción nos acompaña en el ascenso por la escalinata que comunica la plaza con la Gran Acrópolis presidida por el edificio 33, el más soberbio del sitio. Su escalera jeroglífica, los dinteles y la escultura decapitada de Pájaro Jaguar IV en su interior son sus características más sobresalientes. Una leyenda cuenta que cuando la cabeza de Pájaro Jaguar vuelva a su sitio, el mundo será devastado por los jaguares celestes.

Por senderos a través de la selva se llega a la Acrópolis Pequeña y Sur. En el Edificio 40 de la primera hay restos de pintura mural. La segunda está integrada por dos plazas con pequeñas edificaciones.

Después de caminar entre senderos y construcciones emblemáticas concluimos nuestra visita a Chiapas, un destino incomparable.

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