Por Ramón Rivera

Desde hace más de medio siglo Acapulco se consolidó a nivel mundial por la belleza de su bahía; hoy, sigue siendo uno de los destinos consentidos de los mexicanos.

Gracias a su hermosa bahía, Acapulco atrajo la atención mundial al país desde la década de los 50, al convertirse en el primer destino con reconocimiento internacional.

Durante esos años, las luminarias de Hollywood eran rostros familiares en el puerto: Elizabeth Taylor (quien contrajo nupcias en este destino con Mike Todd), Frank Sinatra, Judy Garland, Harry Belafonte, Brigitte Bardot, Eddie Fisher, John Wayne, Johnny Weissmuller (cuyos restos descansan en el puerto), Cary Grant, Tyrone Power, Rex Allen y Errol Flyn −por mencionar algunos− convivían con la socialité nacional.

También fue el sitio preferido de políticos (John F. Kennedy y su esposa Jackie pasaron su luna de miel aquí), escritores (Tennessee Williams se inspiró en este sitio para escribir La noche de la iguana) e integrantes del Jet Set internacional. Aún es posible conocer las casas y hoteles que hospedaron a esos legendarios personajes, de hecho, hay operadores que realizan recorridos por las zonas residenciales.

Sinfín de sabores
Es uno de los destinos de playa más popular entre los turistas del país y uno de mis favoritos; por eso, siempre que tengo oportunidad regreso, no por nostalgia, sino para disfrutar de sus playas y de las novedades que ofrece. Y es que en los últimos 10 años ha crecido vertiginosamente con la construcción de complejos residenciales, centros comerciales y hoteles, en las tres zonas turísticas que lo conforman: Tradicional, Dorada y Diamante.

Nada más bajamos del avión de Aeromar, nos dirigimos a nuestro hotel, pues nos estaban esperando para hacer un recorrido en bicicleta los representantes de ACA en Bici (www.acaenbici.com). Esta compañía tiene varias rutas (gastronómicas, culturales y arquitectónicas) por las diferentes zonas, con distintos tipos de bicicletas y divididos en diversos tramos, que van de los tres a los siete kilómetros, dependiendo de la condición física de las personas. Aunque se elija el recorrido más largo, no es cansado, se hace con tranquilidad y a baja velocidad, para que todos tengan la oportunidad de apreciar la belleza del puerto.

En esta ocasión pedaleamos por la franja de Acapulco Dorado, en donde observamos las inmejorables vistas y conocimos los nuevos desarrollos y complejos de lujo que han contribuido a su crecimiento. Además, tuvimos la suerte de degustar algunos platillos a base de pescados y mariscos.

Ya de regreso al hotel, ingresamos al spa del Princess Mundo Imperial, que brinda todo tipo de masajes, con atención personalizada y servicios de primer nivel, en un ambiente de relajación y sofisticación. También cuenta con tratamientos para el cuidado de la salud, los cuales se combinan con los estéticos.

Por la noche nos trasladamos a los jardines del hotel, en esa ocasión se organizó un torneo de golf con un festival gastronómico (Turtle Dunes Country Club Golf Tournament), en el que participaron los chefs del complejo y dos invitados: Sabina Bandera (conocida como “La Guerrerense”, ya que es de este estado y se ha hecho famosa en Ensenada, en donde ofrece su cocina del mar) y Dante Ferrero, que transita el país cocinando ¡vacas enteras! a las brasas, una actividad que ha denominado #LaVacaEsMía y que ha tenido gran aceptación; no es para menos, es todo un ritual, que abarca más de 24 horas con un resultado exquisito. No te pierdas la oportunidad de participar en la próxima ocasión que se presente: la cena está pensada para 300 comensales.

A lo largo del año, los directivos del hotel organizan diversos eventos para atraer a diferentes mercados, además de ser sede de otros ya tradicionales, como el Abierto Mexicano de Tenis, el más importante de México y Latinoamérica.

Vistazo cultural
Este puerto también tiene una gran riqueza cultural, muy atractiva para los visitantes. Por ello decidimos recorrer algunos de los sitios de mayor interés, como el Fuerte de San Diego, una joya arquitectónica construida en 1616 por los españoles para defenderse de los ataques de los piratas. Actualmente alberga el Museo Histórico: tiene 12 salas de exposiciones en las que muestran objetos religiosos, telas, mapas y dibujos antiguos. Entre las piezas más destacadas están la carroza real, los Mascarones del siglo XVIII, el tibor de porcelana con personajes chinos del siglo XVIII, la maqueta del navío San Pedro, sedas y bordados, la katana, el kimono de seda y monedas chinas. Por la noche, es posible admirar un espectáculo multimedia a través de un videomapping para el que se instalaron 12 proyectores y altavoces de alta resolución.

También pasamos por el Museo Histórico Naval cuyas paredes resguardan más de 250 años de historia y cultura de la Bahía de Santa Lucía, cuando este lugar era el puerto comercial más importante de la región. Allí se encuentran distintos objetos, como los instrumentos de navegación y cartografía, reproducciones de las embarcaciones que partían hacia el oriente y algunos de los productos que traían a la Nueva España.

Otro lugar que exploramos fue la antigua casa de Dolores Olmedo, mecenas y amiga de artistas e intelectuales mexicanos. En su interior alberga en una pared exterior y el techo de la terraza un mural de técnica mixta realizado con Diego Rivera en la que empleó mosaicos y piedras de colores naturales con clara influencia prehispánica.

En esta obra, que pese al paso del tiempo aún se conserva casi intacta, se impone la figura de una serpiente emplumada –en alusión al dios Quetzalcóatl−, junto a otras imágenes, como un pequeño sapo, animal con el que Rivera solía representarse. Los murales fueron los últimos que realizó el pintor mexicano, situación que incrementa su valor histórico.

Súbete al mar
En nuestro último día en Acapulco, abordamos un yate para recorrer la bahía. Un paseo muy agradable. Mientras gozábamos de los rayos del sol, el capitán nos mostraba las casas de los famosos y las lujosas embarcaciones atrancadas en los muelles.

Después de navegar un rato, nos detuvimos en la playa Icacos para practicar una de las actividades más recreativas y divertidas de la zona: stand up paddle, un deporte familiar que consiste en remar de pie sobre una tabla de surf de cuatro metros por las tranquilas aguas del mar.

Antes de iniciar, José Romero, uno de los instructores, nos explicó que para ingresar al agua es necesario tomar la tabla bajo uno de los brazos para poder sujetar el remo con la otra. Al ingresar al agua hay que subirse a la tabla por la parte media y remar sentados para después ponerse de pie y separar un poco las piernas para tener equilibrio. Así lo hicimos y fue relativamente fácil.

Mientras disfrutábamos de la brisa del mar, nuestro guía nos explicó la importancia de mantener el equilibrio y dar remadas de manera sincronizada, sujetando con firmeza el remo. El stand up paddle también es una actividad formativa para quienes deseen iniciarse en el surf, ya que se pueden tomar olas pequeñas y de tamaño mediano durante el recorrido. Una hora después regresamos al punto de inicio para hacer una pausa y deleitarnos con un pescado a la talla, uno de los platos icónicos de Acapulco, que nació hace más de 50 años en Barra Vieja; hoy de fama mundial. De hecho, durante el mes de octubre se organiza un festival de este platillo en Playa Bonfil con la participación de 60 restaurantes de la zona.

Para finalizar, decidimos adentrarnos en el mundo del esquí acuático: el puerto también es famoso por sus expertos instructores. Hay varios clubs que ofrecen este servicio, uno de ellos es Ski Acuático Acapulco, que tiene clases para principiantes y avanzados, así como para quienes deseen aprender wakeboard, la modalidad en tabla para expertos.

Pese a que los instructores mostraban de forma sencilla y divertida, una y otra vez, cómo mantener el equilibrio, después de varios intentos, decidimos dejarlo para una mejor ocasión. Nos despedimos del puerto con la intención de regresar muy pronto para terminar con esa tarea inconclusa.

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